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Los mercados financieros especulativos y el colapso económico global. El viernes 6 de marzo hubo un momento extraño en el mercado de la bolsa cuando el el índice de volatilidad del mercado de opciones PUT de Chicago (VIX) siguió subiendo y subiendo y nadie pudo detenerlo. A las tres y diez de la tarde (hora de Nueva York) el VIC subió a 54,39 —la cifra más alta desde el colapso de Lehman Brothers en el año 2008. Lo que pasó el viernes es el preámbulo de lo que va a pasar a partir de ahora en los mercados mundiales. Las bolsas perderán entre 60 y 90% de su valor, aunque no por ahora, pues esta es solamente una corrección. Lo grueso vendrá en septiembre de 2020 o a más tardar en marzo 2021.

 

¿Qué el VIX?

VIX (Chicago Board Options Exchange Market Volatility Index) es un barómetro, más concretamente o correctamente el código del índice de la volatilidad del mercado de opciones especulativas de Chicago. Cuanto más alta es la volatilidad, más sube VIX y se correlaciona con caídas del índice S&P500 indicándonos que en el mercado hay mucho miedo.

El índice Standard & Poor’s 500 también conocido como S&P 500 es uno de los índices bursátiles más importantes de Estados Unidos y se basa en la capitalización bursátil de 500 grandes empresas que poseen acciones que cotizan en las bolsas de Nueva York o la bolsa de NASDAQ.

Lo que sucedió es que el VIX se disparó cuando un importante jugador del mercado de Chicago quedó atrapado sin poder vender por la caída del precio, lo que lo obligó a seguir comprando el VIX a medida que este se disparó en el proceso que le hizo terminar mucho más alto.

Lo que pasó el viernes es el preámbulo de lo que va a pasar a partir de ahora en los mercados mundiales. Lo quiero explicar usando como base el colapso económico del año 2007/2008.

A medida que la burbuja especulativa iba dominando EE.UU., en las economías del mundo lo prioritario era hacerla engordar. Entre otras cosas esto dio lugar al fuerte incremento de valor de los bienes inmobiliarios con el fin de proporcionar “riqueza” que pudiera convertirse en deuda hipotecaria y, después, en todo un surtido de valores que utilizar con gran cantidad de apalancamiento para jugar en los mercados de derivados.

Al fin de mantener vivo el flujo de las deudas hipotecarias, conforme los precios iban subiendo hacia la estratosfera, los banqueros iban suavizando sin cesar los requisitos para conseguir créditos hipotecarios.

Este proceso, que fue llevado a cabo por los bancos y el mercado de derivados, terminó explotando como hoy. Esto así pintó falsamente como una crisis de las hipotecas sub-prime, pero en realidad eran los estertores de la muerte del sistema financiero mundial.

A mediados del 2007, el fracaso de los fondos especulativos del banco de inversión Bear Stearns marcó el derrumbe del mercado mundial de valores cuando los especuladores se dieron cuenta de que se había terminado el juego y empezaron a intentar salirse de él.

El mercado los productos especulativos se secó rápidamente y los valores nominales cayeron en picada. El mercado, que había tenido un crecimiento asombroso gracias al apalancamiento, empezó a desmoronarse en una explosión de apalancamiento inverso.

Los especuladores habían tomado créditos por valor de billones de dólares para hacer sus apuestas con la expectativa de que ganarían lo suficiente para pagar dichos créditos y todavía seguiría ganando un margen jugoso.

Este juego funcionó durante una temporada pero enseguida se volvió traicionero cuando el mercado se paralizó y, de repente, los especuladores encontraron que habían perdido la apuesta que habían hecho y que se habían quedado sin beneficios con los que devolver los créditos de modo que perdieron por un lado y también por el otro.

Los activos empezaron a sumarse por valor de billones y los preocupados prestamistas empezaron a exigir más garantías en las demandas de cobertura suplementaria, lo cual dio lugar a la venta de activos lo cual a su vez hizo bajar aún más los precios y una negra espiral de apalancamiento inverso.

La solución que adoptaron los bancos centrales para este pinchazo consistió en empezar a inundar de liquidez los mercados financieros mediante una serie de recortes de los tipos de entregas e inyecciones de dinero en efectivo.

Aunque habían jurado imponer disciplina en los mercados, enseguida capitularon bajo la presión de las enormes pérdidas presas de un pánico hiperinflacionario como el de ahora.

Las inyecciones aumentaron rápidamente y pasaron de miles de millones a decenas de miles de millones y luego a centenares de miles de millones a medida que iban tapando los agujeros causados por la salvaje deflación de las valoraciones del sistema.

Pero por mucho dinero que inyectasen, el sistema siguió desplomándose y desmoronándose. El dinero empleado en el rescate, un dinero que no tien ninguna utilidad económica no hace sino acelerar dicho proceso.

Esto quiere decir que cuanto más deprisa inyecte dinero el gobierno, más deprisa caerá el valor del dólar y más deprisa se hundirá la economía mundial.

 

¿Qué hay que hacer?

La auténtica reforma pasa por poner fin al sistema monetario imperial, acabando con su control sobre la emisión y el precio del dinero y sustituirla por sistemas de créditos soberano. Implica acabar con el poder de los bancos centrales privados empezando por la Reserva Federal estadounidense y retomar los principios estipulados en la declaración de independencia y la Constitución de EE.UU.

Trump debería de erradicar todo lo que apesta a globalización, empezando por la idea del impuesto global sobre las transacciones financieras concebida para ser en realidad el primer gravamen de la dictadura económica global; y lo mismo con los impuestos asociados al capital y al comercio y todo el resto de impuestos “verdes”.

Nada de financiar sistemas imperiales y punto.

Y hay que hacer lo mismo con la regulación de los instrumentos financieros derivados Trump debería regularlos. Deben declararse nulos y sin efecto todos los contratos derivados actualmente en vigor y prohibirse firmar nuevos contratos.

La montaña de deuda especulativa se cancela mediante la reorganización de la quiebra, y el sistema bancario que se deriva de este proceso opera en virtud de la Ley Glass-Steagal.

Trump también debería obligar al sector bancario a estar al servicio de la economía y no al revés. Debería fundar un nuevo banco de EE.UU. que ejerza de intermediario entre el gobierno, el sistema bancario privado y auditar la Reserva Federal después de echarle el cierre.

Para frustrar esos planes, los círculos liberales de las élites tienen intención de desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Está en juego la supervivencia del planeta, y el hombre prevenido vale por dos.

Jamás encontraremos las respuestas correctas si no somos capaces de formular las preguntas adecuadas.

 

Por qué el coronavirus no es la verdadera causa del colapso financiero que se aproxima

 

Fuente:

Daniel Estulin / Ángel Metropolitano — Mercados financieros especulativos.

Los contenidos publicados son responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Mente Alternativa.