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La guerra de la nobleza negra anglo-veneciana y los Caballeros de Malta contra el Estado-nación moderno

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El examen de la carrera del Príncipe Junio Valerio Borghese permite entrever el mundo de tinieblas, terrorismo y asesinatos espectaculares desde el que las altas finanzas internacionales, los elementos pro-fascistas de la Curia de la Iglesia Católica, los principales fascistas de la era Hitler-Mussolini y los servicios de inteligencia anglo-americanos, en particular los de la OTAN, se unen en una guerra contra el Estado-nación moderno guiados por la Sinarquía: las antiguas familias aristocráticas de la “nobleza negra”, la Soberana Orden Militar de los Caballeros de Malta y los herederos de lo que el Papa Juan Pablo I llamó los “antiguos” de Venecia.

 

Por Allen Douglas

La carrera del “Príncipe Negro” romano, Junio Valerio Borghese, ilustra truculentamente cómo prácticamente todo el “terrorismo internacional” moderno y todos los asesinatos de jefes de Estado y de gobierno, como el del presidente John F. Kennedy, el del ex primer ministro italiano Aldo Moro o los numerosos atentados contra el presidente francés Charles de Gaulle, derivan de la Internacional nazi de posguerra, patrocinada por la Sinarquía dirigida por los angloamericanos y sus servicios de inteligencia. Rastrear todas las ramificaciones de esa carrera, es abrir una puerta hacia el más alto nivel de la oligarquía financiera de siglos, la Sinarquía: las familias aristocráticas de la “nobleza negra”, la Soberana Orden Militar de los Caballeros de Malta y los herederos de lo que el Papa Juan Pablo I llamó los “antiguos” de Venecia.

El fascista Borghese fundó el escuadrón de guerra naval de élite de Mussolini, que convirtió en una salvaje unidad de guerra irregular en el norte de Italia al final de la Segunda Guerra Mundial. Captado por Allen Dulles, James Jesus Angleton y otros agentes anti-Franklin Delano Roosevelt de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) de EE.UU., Borghese y sus hombres estarían implicados en todos los grandes intentos de golpe de Estado de la posguerra o brotes terroristas en Italia hasta 1970, cuando huyó a España tras el intento fallido de golpe de Estado más asociado a su nombre. Desde Italia, y luego durante su estancia en España, mantuvo conexiones en toda Europa y con la sangrienta Operación Cóndor de tortura y asesinato en Iberoamérica. El examen de la carrera de Borghese permite ver, bajo la superficie del terrorismo y los asesinatos espectaculares, el mundo de las tinieblas desde el que se lanzan estas acciones: donde las altas finanzas internacionales, las antiguas familias aristocráticas, los elementos pro-fascistas de la Curia de la Iglesia Católica, los principales fascistas de la era Hitler-Mussolini y los servicios de inteligencia anglo-americanos, en particular los de la OTAN, se unen en una guerra contra el Estado-nación moderno.

Los archivos de los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses sobre Borghese siguen siendo clasificados, al igual que los archivos de la familia Borghese en el Vaticano después de 1922, cuando Mussolini tomó el poder. El presente libro es la primera biografía de Borghese en inglés. Cuando se correlaciona con otras revelaciones recientes sobre Gladio, la red de “stay-behind” de la OTAN en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, y cuando todo se sitúa dentro del trabajo de Lyndon LaRouche y sus asociados sobre la Sinarquía, es una notable contribución para desenmascarar el terrorismo internacional, aunque los autores del libro quizás no sean siempre conscientes de todas las implicaciones de lo que presentan[1].

Borghese pertenecía a una de las principales familias de la “nobleza negra” de Roma, ostensiblemente católica, muchos de cuyos miembros afirman descender de la élite del Imperio Romano. Numerosos Papas y cardenales procedían de los Borghese y de familias aliadas, como los Pallavicini, los Colonna y los Orsini; estas familias mantuvieron un enorme poder hasta el siglo XX, y todavía hoy, en la Curia, la administración del Vaticano. Su facción dentro de la Iglesia ayudó a construir la infame “línea de las ratas” -dirigida, en parte, a través de monasterios y conventos- que sacó a miles de fascistas y nazis de Europa después de la guerra, hacia Iberoamérica, Asia y Oriente Medio.

Tanto si los Borghese tienen su origen en el Imperio Romano, como afirman, como si sólo surgieron a principios del siglo XVI, como sugieren los registros, podían presumir de tener un Papa, Pablo V (Camillo Borghese, que reinó entre 1605 y 21), y varios cardenales, mientras que un príncipe Borghese se casó con la hermana de Napoleón. Perdieron su fortuna en el siglo XIX, y así, en el siglo XX, Junio Valerio Borghese entró en guerra.

En la primera mitad del libro, los especialistas en guerra naval Greene y Massignani relatan el desarrollo de la guerra irregular naval italiana en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, que incluía embarcaciones ligeras, hombres rana y sabotaje. Borghese fue un innovador en este campo, empezando por sus esfuerzos de sabotaje para Franco durante la Guerra Civil española de finales de los años treinta. Fundó la unidad naval de guerra especial de Mussolini, la Decima MAS, comúnmente conocida como la X MAS. (MAS era originalmente un acrónimo de Motoscafi Anti Sommergibili, lanchas antisubmarinas, pero pronto se convirtió en el término genérico para cualquier embarcación ligera).

La X MAS era una especie de escuadra personal de la oligarquía italiana centrada en Venecia, dotada de oficiales de las principales familias nobles. Uno de ellos era el sobrino de la Casa Real de Saboya, el príncipe Aimone de Saboya, duque de Aosta. La X MAS reflejaba así el colorido oligárquico de la OSS, donde la dirección estaba tan dominada por gente de sangre azul, como el pro-fascista de Wall Street Allen Dulles, que se ganó el sobrenombre de “Oh So Social”. Las dos organizaciones estaban destinadas a colaborar estrechamente.

Su pedigrí aristocrático permitió a la X MAS operar de forma prácticamente independiente de Mussolini. Como señalan Greene y Massignani, “el personal clave de la X MAS era de origen noble, lo que les permitió ganarse el apoyo de los oficiales de alto nivel. También les permitió estar en contacto directo con las empresas que suministraban y desarrollaban embarcaciones, nuevas armas y equipos para la flotilla.”

Poco después de tomar el poder, a mediados de 1943, el nuevo gobierno realista italiano firmó un armisticio con los Aliados. Los monárquicos capturaron a Mussolini en julio y lo retuvieron en una remota prisión en los Montes Apeninos. Fue liberado en una audaz incursión (según cuenta la historia), dirigida por el jefe del comando de Hitler, Otto Skorzeny, que más tarde se convertiría, como Borghese, en un capo del terrorismo internacional de posguerra. Los nazis disolvieron el ejército italiano y hundieron la mayor parte de su marina, para que no pudieran ser utilizados en su contra, pero algunos incondicionales, especialmente Borghese y su X MAS, decidieron seguir luchando por el fascismo. Muchos otros italianos fueron organizados por los partidos políticos italianos, incluido el Partido Comunista, en bandas de guerra partisana, que lucharon tanto contra los alemanes como contra la República de Saló, dirigida por los nazis en 1943-45, en el norte de Italia. El esbirro de Hitler para la ocupación alemana del norte de Italia, el general de las SS Karl Wolff (antiguo secretario privado de Himmler), ordenó a Borghese y a su X MAS que se trasladaran a tierra, donde se hicieron tristemente célebres por la guerra antipartisana, incluido el uso sistemático de la tortura y la ejecución sumaria de civiles italianos como “lección” para los partisanos. Greene y Massignani informan de que en los 600 días de la República de Saló, la X MAS reunió una fuerza de 50.000 hombres, y que en la sangrienta guerra civil que siguió al armisticio, probablemente murieron más italianos que en toda la guerra anterior.

La X MAS estaba nominalmente comprometida con la República de Saló; sin embargo, nunca juró lealtad a Saló y nunca ondeó otra bandera que no fuera la suya. A Mussolini le llegaron informes de que Borghese mantenía contactos con todos los bandos, por lo que Il Duce hizo arrestar a Borghese a principios de 1944, aunque pronto lo liberó. De hecho, Borghese había establecido contacto o trabajado con: el servicio de seguridad de las SS (Sicherheitsdienst), con el que colaboraba estrechamente; el Abwehr (contraespionaje del ejército alemán); el gobierno realista italiano; el Servicio de Inteligencia Secreto británico; James Jesus Angleton, jefe de la rama de contraespionaje de la OSS en Italia; y Allen Dulles, jefe de la estación de la OSS en Berna, Suiza. También se reunió varias veces con el general de las SS Wolff.

Wolff y Dulles planearon la redistribución angloamericana de los operativos fascistas después de la guerra, entre ellos Borghese. De hecho, Wolff declaró: “En lo que respecta a la persona de Borghese y su Decima Mas, he hablado varias veces… con un representante del Sr. Dulles”. A finales de 1944, la aristocracia negra de Roma pidió al gobernador militar aliado en Italia, el vicealmirante Ellery Stone, que interviniera a favor del “chico terrible”, Junio Valerio. Amigo de la familia Borghese y amante de una baronesa romana, Stone necesitó poco para convencerse. Cuando los partisanos se acercaron a Borghese en mayo de 1945, Stone ordenó a Angleton que le advirtiera, lo que éste hizo personalmente. El 19 de mayo, los estadounidenses arrestaron formalmente a Borghese, salvándolo así de la ejecución prevista por un pelotón de fusilamiento partisano.

 

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Un breve paréntesis

Los estadounidenses y los británicos mostraron un gran interés por las actividades de guerra de la X MAS, especialmente su batallón Vega, que había operado tras las líneas enemigas. Como dijo un dirigente de la X MAS, presagiando el posterior despliegue de Borghese como parte de Gladio, “Para los aliados éramos importantes porque nos habíamos infiltrado en las bandas comunistas, conocíamos sus secretos y tácticas y, por tanto, desarrollamos los primeros procedimientos antiguerrilleros. . . . Querían saber cómo llevábamos a cabo la guerra anticomunista. . . . Querían explotar nuestros conocimientos”. Los alemanes también habían desarrollado unidades “stay-behind” para funcionar detrás de las líneas aliadas en Italia, y es casi seguro que el X MAS también formaba parte de esa operación. Varios miembros de la X MAS fueron llevados a Estados Unidos para ser interrogados.

Los amigos de Borghese en las altas esferas se aseguraron de que los Aliados lo absolvieran de los crímenes de guerra. Sin embargo, el gobierno italiano exigió que los Aliados lo entregaran para ser juzgado en Milán a finales de 1945. Sus amigos intervinieron de nuevo, y su juicio fue trasladado a Roma, donde Dulles, Angleton y otros se habían asegurado de que muchos de los antiguos burócratas fascistas siguieran en sus puestos, y donde los tribunales eran mucho más conservadores. Después de dos años en prisión, fue finalmente declarado culpable a principios de 1949 de colaborar con los nazis (aunque no de crímenes de guerra) y condenado a 12 años de cárcel. Como dijo un observador frustrado: “Los crímenes de la banda de Borghese eran demasiado evidentes, y el veredicto tenía que ser la cadena perpetua”. Pero el tribunal, mediante una escandalosa aplicación de circunstancias atenuantes, indultos y remisiones, redujo la sentencia”. El juez decidió entonces que ya había cumplido suficiente tiempo y lo puso en libertad, una acción que habría sido políticamente imposible antes de que el británico Winston Churchill anunciara el inicio de la Guerra Fría con su discurso del “Telón de Acero” de 1946 en Fulton, Missouri.

La nueva carrera de Borghese estaba a punto de comenzar.

 

Un fascista universal

Poco después de salir de la cárcel, Borghese se convirtió en presidente del partido Movimiento Social Italiano (MSI), compuesto en gran parte por antiguos fascistas. El MSI era una mezcla de fascistas “nacionales” e “internacionales” (“universales”). Borghese estaba comprometido con este último punto de vista, que hoy defiende abiertamente el neocon Michael Ledeen, a su vez protegido de un ministro del gabinete de Mussolini, el oligarca veneciano Vittorio Cini. Cini, a su vez, fue un colaborador clave del verdadero arquitecto del régimen de Mussolini, su ministro de Finanzas durante mucho tiempo, el conde veneciano Giuseppe Volpi di Misurata.

Greene y Massignani describen el fascismo universal de Borghese y sus planes para una Europa libre de estados-nación, pero “unificada” bajo la OTAN: “El fascismo de la posguerra era diferente de su variedad de antes de la guerra. Aunque se había dividido en muchas facciones diferentes, tenía dos poderosos impulsos. Uno era que era anticomunista. Fue este elemento el que hizo que Borghese fuera aceptado por los partidos mayoritarios y los servicios secretos nacionales. En última instancia, estaba a favor de la OTAN, al igual que el resto de esta ala del fascismo. El otro fue la comprensión de que en el entorno de la posguerra ninguna nación europea podría hacer frente a las dos superpotencias, y por tanto, que Europa sería una tercera fuerza. Es decir, Europa se opondría a los imperialismos gemelos del comunismo internacional y del capitalismo financiero internacional, ambos percibidos como materialistas, explotadores y deshumanizadores” (énfasis en el original).

La “Europa unida” de Borghese fue el esquema promovido, desde principios de la década de 1920, por su compañero oligarca, el conde veneciano Richard Coudenhove-Kalergi, que se convirtió en un objetivo explícito de la Internacional Sinarquista en las décadas de 1920 y 1930. Hoy, el cristal de la semilla de esa “Europa unida” se ha convertido en la Unión Europea generada por el Tratado de Maastricht y su Banco Central Europeo. La misma visión de una Europa unida había inspirado también a Hjalmar Schacht, el arquitecto financiero del régimen de Hitler, aunque Schacht consideraba que la conquista de Europa por parte de Hitler era el camino para conseguirla. También fue la visión para la que la Sinarquía desplegó a uno de sus agentes más notorios del siglo XX, Alexander Helphand Parvus. Parvus primero financió la Revolución Bolchevique y luego, tras su victoria, se convirtió en el más feroz “antibolchevique”, proclamando que sólo una “Europa unida” podría detener la amenaza comunista.

 

Tres cortesanos que la nobleza negra ha usado para moldear la estructura supranacional de la Unión Europea

Entre las guerras, este esquema de “Europa unida” se vio momentáneamente eclipsado por los “fascismos nacionales” de Mussolini, Salazar, Franco y Hitler, aunque todos fueron instalados por la misma Sinarquía centrada en Europa y en Londres. Pero, después de la guerra, escriben Greene y Massignani, el fascismo universal de Borghese era la ola del futuro, así como la incubadora del terrorismo internacional. “En Italia, era la facción fascista la que poseía los numerosos lazos internacionales que se extendían entre la España de Franco, Sudamérica y Sudáfrica. También fue de esta facción de la que surgieron muchos de los actos de terrorismo de la ‘Internacional Negra’” (énfasis añadido).

 

La OTAN, Gladio y el terrorismo internacional

La política italiana de posguerra puede parecer un desierto de espejos, con sus rápidos cambios de gobierno, múltiples intentos de golpe de Estado y espectaculares brotes de terrorismo. Sin embargo, si nos remontamos a la ocupación nazi del norte de Italia durante la Segunda Guerra Mundial, para examinar los diversos actores británicos, estadounidenses y nazis y sus respectivos vínculos con las distintas facciones italianas, la realidad se hace rápidamente evidente: que los sinarquistas angloamericanos simplemente sustituyeron -y en gran medida subsumieron- a los nazis y a los fascistas de Mussolini como el posible poder de ocupación fascista, enzarzado en una lucha mortal contra los patriotas italianos, tanto los “conservadores” de la Democracia Cristiana como los “izquierdistas” del Partido Comunista Italiano, que deseaban establecer una Italia soberana.

La batalla por una Italia soberana se centró en la política económica. En 1950, las fuerzas que rodeaban al líder partidista de la guerra, más tarde industrial, Enrico Mattei, efectuaron un cambio radical dentro de la Democracia Cristiana en el poder, alejándose de las políticas de libre mercado hacia un programa dirigista de rápido crecimiento industrial. Con una extraordinaria serie de empresas estatales y proyectos como la Cassa per il Mezzogiorno (Fondo de Desarrollo del Sur de Italia), basada en el modelo de la Tennessee Valley Authority del presidente estadounidense Franklin Roosevelt, Italia experimentó un milagro económico, con un crecimiento anual superior al 7% durante casi una década. Un eje de ello fue la recién fundada compañía petrolera nacional, ENI, que Mattei dirigió en una guerra por la independencia energética contra las Siete Hermanas de los sinarquistas.

Enfurecidos por el desarrollo de la soberanía italiana, los angloamericanos desplegaron el terrorismo y los asesinatos para detenerla. Las actividades de Borghese recorren como un tinte negro toda esta historia, hasta que huyó a España en 1970. Examinemos ahora el escenario en el que iba a ser un actor tan destacado.

Ya durante la Segunda Guerra Mundial, Allen Dulles y otros sinarquistas angloamericanos, que habían patrocinado tanto a Mussolini como a Hitler en primer lugar, estaban tratando de negociar una paz con los nazis que los dejara en el poder, sin Hitler y un puñado de otros. Este régimen títere nazi se aliaría entonces con los británicos y los Estados Unidos para conquistar la Unión Soviética, estableciendo un imperio mundial sinarquista. El socio negociador de Dulles, el general de las SS Wolff, dijo que quería “construir un puente hacia Occidente”, lo que implicaría entregar el norte de Italia a las fuerzas militares aliadas, pero con tropas alemanas que permanecerían en el lugar, como “parte de la fuerza policial propuesta de las potencias occidentales contra Rusia”[2].

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Siguen ocultando que banqueros angloamericanos organizaron la Segunda Guerra Mundial

 

El presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, por el contrario, quería aplastar a los regímenes fascistas, y preveía un mundo de posguerra en el que los imperios coloniales de todas las potencias europeas, empezando por el británico, serían abolidos, y Estados Unidos y la Unión Soviética -aliados de guerra- cooperarían en un gran programa de crecimiento económico global, al que también se sumaría el resto del mundo.

Dulles y sus compañeros sinarquistas no lograron su plan completo, pero establecieron la OTAN como una autoridad de ocupación para Europa, que se preparó para la guerra contra la Unión Soviética. El llamamiento de Lord Bertrand Russell a principios de 1946 para una guerra nuclear preventiva contra la Unión Soviética es típico. En nombre de la “lucha contra el comunismo”, Europa se mantendría bajo la dominación estadounidense de AngloAllen Dulles a través de la OTAN, y se autorizarían todos y cada uno de los medios para lograr ese objetivo. A la muerte de FDR en abril de 1945, el presidente títere sinarquista Harry S Truman adoptó estos esquemas “anticomunistas”, que condujeron inmediatamente a la Guerra Fría.

Cuando se estableció la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1949, una cláusula secreta de su tratado especificaba que cada nación que deseara unirse debía establecer primero una “autoridad de seguridad nacional” para luchar contra el comunismo, incluso mediante el despliegue de cuadros ciudadanos clandestinos. Esta exigencia surgió de un comité secreto creado por los británicos y los estadounidenses dentro del Pacto Atlántico, precursor de la OTAN. El Consejo de Seguridad Nacional de Truman emitió directivas que autorizaban a las Fuerzas Armadas a utilizar la fuerza militar contra los partidos comunistas, que contaban con un fuerte apoyo popular en varios países europeos como resultado de la guerra, incluso si esos partidos conseguían participar en el gobierno mediante elecciones. Para ello, la OTAN y los servicios de inteligencia angloamericanos crearon unidades “stay-behind” en todos los países europeos.

Según el general italiano Paolo Inzerilli, que comandó la unidad Gladio de Italia entre 1974 y 1986, el Comité de Planificación Clandestina (CPC) y su Comité Clandestino Aliado (ACC) eran la “interfaz entre el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE) de la OTAN y los servicios secretos de los estados miembros en lo que respecta a los problemas de la guerra no ortodoxa”. El CPC, dijo Inzerilli, estaba dominado por un grupo ejecutivo interno de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, mientras que el ACC era esencialmente un comité técnico para coordinar la experiencia en explosivos, “represión” o problemas relacionados con la guerra clandestina. El general italiano Gerardo Serravalle declaró que los miembros del CPC eran los oficiales responsables del aparato de stay-behind en los distintos países europeos, y que “en las reuniones de stay-behind siempre estaban presentes representantes de la CIA”, así como “miembros del Mando de las Fuerzas de Estados Unidos en Europa”.

La comisión de investigación del Congreso estadounidense de mediados de la década de 1970, bajo el mando del senador Frank Church, que examinó las acciones ilícitas de los servicios de inteligencia y el ejército de Estados Unidos, descubrió que el Pentágono había solicitado a la rama encubierta de la CIA, la Oficina de Coordinación de Políticas (OPC), que tomara la iniciativa de establecer ejércitos stay-behind en Europa. Los primeros planes se centraron en la Unión Soviética, como señaló el informe Church: “Hasta 1950 las actividades paramilitares de la OPC (también denominadas acciones preventivas) se limitaban a los planes y preparativos de las redes stay-behind en caso de una futura guerra. A petición del Estado Mayor Conjunto, estas operaciones proyectadas de la OPC se centraban en Europa Occidental y estaban diseñadas para apoyar a las fuerzas de la OTAN contra un ataque soviético”. Sin embargo, el Pentágono pronto fue mucho más allá. Una directiva del Estado Mayor Conjunto del 14 de mayo de 1952 puso en marcha la “Operación Desmagnetizar”, en la que se ordenaba a la CIA y a los servicios secretos militares que redujeran la “atracción magnética” de los grandes partidos comunistas de Italia y Francia por todos los medios, incluyendo “operaciones políticas, paramilitares y psicológicas”. La directiva decía: “La limitación de la fuerza de los comunistas en Italia y Francia es un objetivo de máxima prioridad. Este objetivo debe ser alcanzado mediante el empleo de todos los medios. El gobierno italiano y el francés no deben saber nada del plan “Desmagnetizar”, ya que está claro que el plan puede interferir con su respectiva soberanía nacional” (énfasis añadido).

Desde el punto de vista operativo, las unidades “stay-behind” fueron dirigidas por los servicios secretos militares de cada nación de la OTAN, según las indicaciones del CPC/ACC. Un manual de campo del Pentágono, encontrado junto con las listas de miembros de la logia masónica de élite Propaganda Due (P2) en la villa del Gran Maestro de la P2, Licio Gelli, en Arezzo, Toscana, en 1981, arrojó algo de luz sobre el pensamiento del Pentágono y de la OTAN en esa época. Aunque se publicó en 1970, el Manual de Campo 30-31B (FM 30-31B) reflejaba la planificación anterior del Pentágono y la OTAN. En él se hacía hincapié en que los líderes militares y de otros servicios secretos de cada país debían ser reclutados como agentes de Estados Unidos (o de la OTAN): “El éxito de las operaciones de estabilización interna, promovidas en el contexto de las estrategias de defensa interna por el servicio secreto militar estadounidense, depende en gran medida del entendimiento entre el personal estadounidense y el del país anfitrión. Por lo tanto, es especialmente importante el reclutamiento de altos miembros del servicio secreto del país anfitrión como agentes de larga duración”.

Este proceso comenzó ya en 1944-45, cuando los sinarquistas angloamericanos reconstruyeron el servicio secreto militar de Italia y su policía militar, los Carabinieri. Algunos de los individuos clave que instalaron o patrocinaron aparecieron más tarde como miembros de la P2, desde donde supervisaron el terrorismo y los asesinatos de finales de los años 60 y 70, así como los encubrimientos. Al igual que Borghese, algunos de estos líderes habían sido reclutados por el propio Angleton. Uno de ellos era Federico Umberto D’Amato, jefe de la UAR, una sección secreta del Ministerio del Interior que coordinaba las acciones terroristas bajo la dirección de la OTAN, junto con los servicios secretos militares[3].

Además, según el FM 30-31B, “puede haber ocasiones en las que los gobiernos del país anfitrión muestren pasividad o indecisión ante la subversión comunista y, según la interpretación de los servicios secretos estadounidenses, no reaccionen con suficiente eficacia. La mayoría de las veces estas situaciones se producen cuando los revolucionarios renuncian temporalmente al uso de la fuerza y esperan así obtener una ventaja, ya que los dirigentes del país anfitrión consideran erróneamente que la situación es segura. La inteligencia del ejército estadounidense debe disponer de los medios para lanzar operaciones especiales que convenzan a los gobiernos del país anfitrión y a la opinión pública de la realidad del peligro insurgente”. El FM 30-31B se publicó en 1970; los intentos de golpe de Estado contra el gobierno italiano, precisamente en las circunstancias que describe, se lanzaron con personal del Gladio (incluido Borghese) ese año, y en tres ocasiones más hasta 1974. El manual subrayaba: “Estas operaciones especiales deben permanecer estrictamente secretas. Sólo las personas que actúan contra el levantamiento revolucionario deben saber de la participación del ejército estadounidense en los asuntos internos de un país aliado”. El hecho de que la implicación de las fuerzas del ejército de EE.UU. sea más profunda no deberá ser conocido bajo ninguna circunstancia”[4].

 

El papel británico

Como en prácticamente todo lo que tiene que ver con las estrategias imperiales, los círculos pertinentes de Estados Unidos estaban siendo cuidadosamente guiados por sus socios mayores, los británicos, bajo la vieja rúbrica, “cerebros británicos y músculos estadounidenses”. Gladio fue modelado sobre las acciones del Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) detrás de las líneas enemigas durante la Segunda Guerra Mundial, que había sido creado por el Ministerio de Defensa británico (MOD) en 1940 bajo órdenes de Churchill para “incendiar Europa”. A cargo del SOE estaba el Ministro de Guerra Económica, Hugh Dalton, quien dijo: “Tenemos que organizar movimientos en el territorio ocupado por el enemigo comparables al movimiento del Sinn Fein en Irlanda, a las Guerrillas chinas que ahora operan contra Japón, a los Irregulares españoles que desempeñaron un papel notable en la campaña de Wellington o -también podría admitirse- a las organizaciones que los propios nazis han desarrollado de forma tan notable en casi todos los países del mundo” (énfasis añadido).

El SOE se cerró al final de la guerra y fue sustituido por los Servicios Aéreos Especiales (SAS), que ayudaron al servicio secreto exterior británico, el MI6, a entrenar a los ejércitos de retaguardia de Europa. El especialista en Gladio Daniele Ganser, del Centro de Estudios de Seguridad de la Universidad Técnica de Zúrich, observó: “Muchos dentro de la comunidad stay-behind consideraban que los británicos eran los mejores en el campo de la guerra secreta, más experimentados que los oficiales militares de Estados Unidos”.

Los británicos establecieron una base para el entrenamiento de unidades stay-behind en Ft. Monckton, a las afueras de Portsmouth, Inglaterra, y otra en Cerdeña. Uno de los agentes de stay-behind entrenados en Ft. Monckton recordaba: “Nos hacían hacer ejercicios, saliendo en plena noche y fingiendo que volábamos trenes en las estaciones de tren sin que el jefe de estación o los porteros nos vieran. Nos movíamos sigilosamente y fingíamos colocar cargas en la parte derecha de la locomotora con el fin de hacerla explotar”. En el terror ciego coordinado por Gladio que asoló Italia desde 1969 hasta 1980, los trenes y las estaciones de ferrocarril iban a ser uno de los objetivos favoritos, especialmente el atentado de 1974 contra el Italicus Express Roma-Munich, que mató a 12 personas e hirió a 48, y la explosión en la estación de ferrocarril de Bolonia en agosto de 1980, que mató a 85 personas e hirió gravemente a 200. Lyndon LaRouche subrayó por primera vez a las pocas horas de los atentados del 11 de marzo de 2001 en los trenes de Madrid, que mataron a 200 personas e hirieron a otras miles, que no eran obra de “terroristas islámicos”, sino que seguían el modelo del atentado de Bolonia de 1980.

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Vincenzo Vinciguerra, un terrorista neofascista italiano encarcelado de por vida y amargado por la “manipulación” de los grupos neofascistas por parte de los servicios secretos desde 1945, explicó cómo funcionaba Gladio (y cualquier organización hermana): “Había que atacar a los civiles, al pueblo, a las mujeres, a los niños, a los inocentes, a los desconocidos alejados de cualquier juego político. La razón era muy sencilla. Debían obligar a esa gente, al público italiano, a dirigirse al Estado para pedirle mayor seguridad. Esta es la lógica política que está detrás de todas las masacres y los atentados que permanecen impunes, porque el Estado no puede condenarse ni declararse responsable de lo ocurrido.”

Después de que el primer ministro Giulio Andreotti expusiera la existencia de Gladio en 1990, la “Newsedition” de la BBC emprendió su propio examen de Gladio. Informó en abril de 1991: “El papel de Gran Bretaña en el establecimiento de stay-behinds en toda Europa fue absolutamente fundamental”.

Más cruciales que los stay-behinds fueron los organismos secretos que los coordinaron, como P2. Aquí también los británicos lideraron el camino. Ya en 1944-45, los británicos crearon una logia masónica proto-P2 compuesta por monárquicos de la Casa de Saboya, aristócratas y leales a Mussolini. Un informe de la OSS del 2 de enero de 1945 señalaba: “La logia está bajo la autoridad británica y solicitará su ayuda política y económica, cosas que los miembros no pueden conseguir a través de sus respectivos partidos sin exponerse a acusaciones de estar pagados por los británicos”.

 

El teatro italiano de la OTAN

El oficial de la OSS James Jesus Angleton salvó a Borghese en 1945, y luego creó la estructura clandestina en los servicios militares y secretos italianos, que produjo la sección italiana de Gladio. Angleton era un anglófilo devoto y pro-fascista, que había pasado gran parte de su infancia en Italia, donde su padre, James Hugh Angleton, era propietario de la filial italiana de National Cash Register. Angleton, abiertamente pro-Hitler y pro-Mussolini, dirigía también la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Italia y tenía amplios contactos con los servicios de inteligencia de Mussolini. Algunos informes señalan que fue socio comercial de Allen Dulles. Tanto él como su hijo iban a trabajar para la unidad especial de contraespionaje de la OSS, X-2, que se había creado a petición de los británicos. Aunque era nominalmente una organización estadounidense, el cuartel general de X-2 para toda Europa, e incluso para la mayor parte del mundo, era Londres. La X-2 fue entrenada y dirigida de facto durante toda la guerra por los británicos, ya que sus agentes fueron enviados a toda Europa. Desde finales de 1943 hasta la primera mitad de 1944, el teniente coronel James Hugh Angleton fue el enlace del X-2 con el mariscal Pietro Badoglio y otros líderes del ejército italiano, y con el servicio de inteligencia del ejército, aprovechando sus excelentes contactos en la Italia de preguerra.

El joven Angleton llegó a Italia como agente de X-2 en octubre de 1944. Borghese fue uno de sus informantes/agentes desde poco después, hasta que el gobierno italiano exigió que la OSS lo entregara para su procesamiento. Estados Unidos ordenó que los “recursos operativos” de la policía italiana y de todos los servicios secretos y de inteligencia militar se pusieran a disposición del X-2, que estaba dirigido por Angleton. Esto, naturalmente, marcó la pauta para las décadas siguientes. Gracias al patrocinio de Dulles y los británicos, el joven Angleton ascendió de jefe de la unidad X-2 en Roma a jefe de todo el contraespionaje de la OSS en Italia. A los 28 años, era jefe de toda la actividad secreta, tanto de inteligencia como de contraespionaje, en Italia para la Unidad de Servicios Estratégicos, la efímera sucesora de la OSS, y predecesora de la sección operativa de la CIA, creada en 1947. En esto le ayudó enormemente el hecho de que muchos oficiales patrióticos de la OSS, como Max Corvo, jefe de operaciones de la OSS en Italia de 1943 a 1945 y más tarde amigo de Lyndon LaRouche, habían sido purgados por la facción de Dulles al día siguiente de la muerte de FDR.

La Soberana Orden Militar de Malta (SMOM) fue esencial para las actividades de Angleton, para el establecimiento de las primeras unidades de retaguardia en Italia y para la organización de las “líneas de ratas” vinculadas al Vaticano que sacaron a los fascistas de Europa al final de la guerra. La SMOM, con sede en Roma, era una organización nominalmente católica cuyos miembros procedían de los más altos rangos de la oligarquía europea, en particular de la nobleza negra italiana. El SMOM concedió a Angleton una de sus más altas condecoraciones en 1946. Un miembro de la familia del “Príncipe Negro”, S. Giacomo, el Príncipe Borghese, había sido Bailío Gran Cruz de Honor de la Devoción en el SMOM desde 1932, mientras que el fundador de la Logia P2, Licio Gelli, y varios de sus principales miembros, incluidos los jefes de los servicios secretos, también pertenecían.

En 1949, Angleton era ayudante especial del jefe de la CIA, el almirante Roscoe Hillenkoetter, y en 1955, el jefe de la CIA, Allen Dulles (1953-61), le nombró jefe del departamento de contrainteligencia de la CIA. Ocupó ese puesto hasta que fue despedido por el jefe de la CIA, William Colby, en 1974, tras haber causado un daño incalculable a las capacidades de inteligencia de Estados Unidos[5].

Mientras Angleton ascendía en la inteligencia estadounidense, manteniendo sus estrechos vínculos con Italia, la OTAN construía los cimientos de Gladio. En virtud de las directivas del NSC emitidas en 1949 y 1950, la CIA ayudó a la policía italiana a crear unidades secretas de especialistas en contrainsurgencia, procedentes en gran parte de veteranos de la policía secreta de Mussolini. Se organizó una nueva agencia de inteligencia militar, la SIFAR, bajo la dirección de un agente de inteligencia estadounidense encubierto, Carmel Offie, apodado “el padrino”. Simultáneamente, Borghese estaba organizando unidades paramilitares para utilizarlas contra el PCI, en coordinación con agentes de la CIA bajo la dirección de Angleton (que fue asignado formalmente a Italia por Allen Dulles cuando éste se convirtió en jefe de la CIA en 1953). El 2 de diciembre de 1951, Borghese fue nombrado presidente honorario del MSI y, en un discurso ante la convención del partido, proclamó que el MSI no podía ser “objetor de conciencia” si la Guerra Fría se calentaba, como él esperaba. Ese mismo mes, dos miembros del MSI viajaron a la sede de la OTAN en París para jurar la lealtad de su organización a la OTAN. Para 1952, la “Operación Desmagnetización” dirigida por la OTAN estaba en marcha, y el SIFAR recibió instrucciones de adoptar operaciones políticas y psicológicas contra el PCI, incluyendo el uso encubierto de la fuerza armada, para disminuir la influencia del PCI en todos los ámbitos. Entre 1948 y 1953, Estados Unidos invirtió la friolera de 4.000 millones de dólares en la Italia “anticomunista”.

Borghese y su antiguo cuadro de la X MAS ocupaban un lugar destacado en estos planes. De hecho, algunas personas de la inteligencia estadounidense habían jugado brevemente con la idea de promover a Borghese como nuevo rey de Italia, hasta que un alboroto de la Casa de Saboya y sus partidarios les obligó a abandonar la idea. Los monárquicos y el MSI eran a menudo aliados, y el X MAS de Borghese había trabajado a veces con la brigada monárquica de Osoppo durante 1943-45. Greene y Massignani observan que, “Curiosamente, el núcleo de la futura organización del Gladio stay-behind comenzó con los partisanos de Osoppo”. Dado que la X MAS de Borghese fue también un importante campo de reclutamiento para las primeras unidades del Gladio, la colaboración en tiempos de guerra continuó claramente.

En 1953, Borghese dirigió a unos 500 voluntarios del MSI, entre otros, para lanzar un levantamiento en la ciudad de Trieste, en el norte del Adriático, una ciudad que era reclamada tanto por Italia como por Yugoslavia. Bajo el lema “A Trieste con Valerio Borghese”, Borghese recreó la marcha de 1919 sobre Fiume del fascista (y masón martinista) Gabriele D’Annunzio, precursora de la marcha de Mussolini sobre Roma en 1922. Los neofascistas actuaron en nombre del “Comité para la Defensa de los Italianos de Trieste e Istria”, cuyas armas fueron entregadas por los servicios secretos italianos. Al año siguiente, Trieste fue devuelta a Italia.

En 1955, Borghese se convirtió en presidente del sindicato de antiguos soldados de la República de Salò, un campo de reclutamiento clave para Gladio. Más tarde se convertiría en uno de los líderes del “Comité Tricolor para la Italianidad del Alto Adigio”. El Alto Adigio, o Tirol del Sur, en Italia, fue testigo de uno de los primeros usos conocidos de las unidades stay-behind. Aunque era territorio italiano, la zona era de habla alemana, y un área fructífera para promover el conflicto étnico.

En 1956, la OTAN estableció formalmente Gladio. Según documentos descubiertos en Italia en 1990, las fuerzas de Gladio allí se dividían en 40 grupos principales, 10 especializados en sabotaje, 6 en espionaje, propaganda, tácticas de evasión y fuga, y 12 en actividades de guerrilla. En Cerdeña, frente a la costa occidental de Italia, se instaló un campo de entrenamiento especial del Gladio, dirigido por los estadounidenses y los británicos.

 

Operación Gladio: Cómo la OTAN llevó a cabo una guerra secreta contra los ciudadanos europeos y sus gobiernos elegidos democráticamente

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Ese mismo año, 1956, la embajadora de Estados Unidos en Italia, Clare Booth Luce -dama de Malta y esposa del editor de las revistas Time y Life, Henry Luce, patrocinador clave del fascista Congreso para la Libertad de la Cultura- “recomendó” a un compañero del SMOM, el general Giovanni De Lorenzo, como nuevo jefe de la SIFAR. En 1962, la CIA ayudó a instalar a De Lorenzo como jefe de los Carabinieri, mientras seguía manteniendo el control de la SIFAR. Comenzó a purgar a los oficiales que no se consideraban suficientemente “anticomunistas”, tanto a sus ojos como a los del agregado militar estadounidense Vernon Walters.

El jefe de la estación de la CIA en Roma, William Harvey, mientras tanto, estaba reclutando “equipos de acción” para lanzar bombas y atacar a los izquierdistas. Estos equipos lanzaron un ataque contra una manifestación pacífica en Roma en 1963, dejando 200 heridos y graves daños en parte de la ciudad. La acción fue vinculada posteriormente a Gladio, en el testimonio de un general del servicio secreto.

En 1963, Borghese se convirtió en presidente del Banco di Credito Commerciale e Industriale, un “puesto ceremonial” muy bien remunerado que tenía como objetivo aumentar sus capacidades. El banco había sido el primero que poseyó el financiero siciliano Michele Sindona, un fascista durante la Segunda Guerra Mundial, que más tarde blanqueó fondos de heroína para la mafia siciliana, y luego se convirtió en un poder en la P2. El banco de Borghese estaba involucrado con un “vasto sector” de intereses económicos conservadores, entre ellos el hijo del dictador de la República Dominicana Rafael Trujillo, la España de Franco y los círculos reaccionarios del Vaticano y el Partido Demócrata Cristiano. Finalmente, el banco se hundió, pero Borghese salió casi impune. “Lo que es significativo”, escriben Greene y Massignani, “es que Borghese tenía claramente muchos contactos a escala nacional e internacional. Estas conexiones se extendían a niveles muy altos. También parece que los medios financieros que necesitaba para sobrevivir pudieron provenir de esas fuentes tras el final de la guerra”. Los autores también señalan que su carrera es muy parecida a la del antiguo comando de las SS Otto Skorzeny en España.

 

Golpes de estado en serie

De 1962 a 1964, la Sinarquía inició un cambio de fase en los asuntos internacionales con la crisis de los misiles de Cuba, el asesinato del presidente John F. Kennedy (y de Enrico Mattei), los atentados contra el presidente de Francia Charles de Gaulle, y el lanzamiento de la guerra de Vietnam y de la contracultura juvenil rock-droga-sexo, entre otras cosas. Italia no estuvo exenta.

Mientras el primer ministro Aldo Moro negociaba en 1964 su primer gobierno con participación socialista, los sinarquistas desataron una amenaza de golpe de Estado bajo el nombre de “Plan Solo”. Su principal figura pública era el presidente del Estado, Antonio Segni, y Borghese era uno de los protagonistas.

Los relatos habituales sobre las amenazas golpistas relacionadas con Gladio destacan invariablemente la “apertura a la izquierda” de Moro como motivo de las mismas. Sin embargo, hay otra razón, interna a la propia Italia (además de las ramificaciones globales de un golpe en Italia), pero que es totalmente coherente con el intento de la Sinarquía de detener el desarrollo económico de Italia. Esta otra dimensión emerge claramente en el relato del Plan Solo realizado por el experto en contraterrorismo y asuntos italianos del EIR, Claudio Celani: “Segni, un democristiano de derechas, fue manipulado por un oficial de inteligencia, el coronel Renzo Rocca, jefe de la división económica del SIFAR, el servicio secreto militar. Rocca (que, tras su paso por el SIFAR, pasó a trabajar en el fabricante de automóviles FIAT en Turín [de la familia oligárquica Agnelli-ed.]) informó a Segni de que el establishment financiero y económico predecía una crisis económica catastrófica, si los socialistas entraban en el gobierno. En realidad, unos pocos grandes monopolios (en manos de las mismas familias que habían apoyado el régimen de Mussolini) temían que el nuevo gobierno introdujera reformas para romper su poder en el sector inmobiliario, la energía, las finanzas y la planificación económica.”

Aconsejado por Rocca, Segni llamó al jefe de la SIFAR, el general Giovanni de Lorenzo, y le pidió que preparara una lista de dirigentes políticos que debían ser acorralados en caso de insurgencia. De Lorenzo preparó el “Plan Solo”, que incluía una lista de 731 individuos que debían ser internados en el campamento del Gladio en Cerdeña. Greene y Massignani observan: “Apoyando a los Carabinieri estaban los civiles políticamente saneados, compuestos en gran parte por antiguos Decima Mas, paracaidistas y soldados y marineros de la RSI [República de Saló]”. “Borghese era amigo de De Lorenzo” y estaba previsto que participara personalmente en el golpe, según Remo Orlandini, un alto colaborador de Borghese y heredero de un imperio naval. El golpe no se produjo, dejando a un “Borghese muy enfadado”.

A principios de mayo de 1965, tuvo lugar una reunión en el Hotel Parco Dei Principi de Roma, que los fiscales italianos consideran la reunión de planificación de la “Estrategia de la Tensión” de 1969-74. Fue patrocinada por un instituto dirigido por el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas italianas, sobre el tema de la “Guerra Revolucionaria”. Los participantes trazaron la forma en que la supuesta amenaza del PCI debía ser prevenida mediante la “guerra contrarrevolucionaria”. (El número de votos del PCI fue aumentando en general durante la segunda mitad de la década de 1960). Estaban presentes los líderes de los grupos terroristas fascistas, Avanguardia Nazionale (AN) y Ordine Nuovo (ON), periodistas pro-fascistas, el ejército y varios servicios secretos. Uno de los periodistas fascistas presentes era Guido Giannettini, también agente de los servicios secretos italianos, que cuatro años antes había impartido un seminario en la Academia Naval de Estados Unidos sobre “Las técnicas y perspectivas de un golpe de estado”. Aunque el propio Borghese no estaba presente, sí lo estaba su lugarteniente Stefano Delle Chiaie, el jefe nominal de la AN. Delle Chiaie probablemente había sido reclutado por la unidad secreta de la UAR del Ministerio del Interior de Italia ya en 1960, y sería el principal lugarteniente de Borghese en la trama golpista de 1970.

Durante la década de 1960 y hasta su intento de golpe de Estado en 1970, Borghese fundó o estuvo íntimamente involucrado en al menos tres organizaciones terroristas fascistas: La AN de Delle Chiaie; la ON; y el Fronte Nazionale (fn), que Borghese fundó en 1968 con el único propósito, según un documento del SID (ya que el SIFAR pasó a llamarse después de 1965), de “subvertir las instituciones del Estado mediante un golpe de Estado”. Dos de ellos estaban representados en la reunión del Parco Dei Principi. Los tres estaban dirigidos por agentes de la OTAN o de los servicios clandestinos italianos, especialmente la UAR y el SIFAR/SID. El teniente de Borghese, Delle Chiaie, era casi con toda seguridad un agente de la UAR, y “se sospechaba que la propia AN era una creación de la UAR”. Greene y Massignani informan de que “muchos miembros del FN, la ON y la AN habían sido entrenados en desinformación y guerra de guerrillas en el campamento especial [de la OTAN] en Cerdeña”, mientras que el terrorista de la ON, Vincenzo Vinciguerra, denunció que los “movimientos de derecha como la AN o la ON no sólo estaban conectados con los servicios secretos italianos y de la OTAN, sino que eran manejados por ellos”.

Las intervenciones de la OTAN no se limitaron a Italia. En Grecia, en 1967, a pesar de una ola de terror, se esperaba que la Unión de Centro, de centro izquierda, bajo el mando del ex primer ministro George Papandreou, volviera al poder. En la noche del 20 al 21 de abril de 1967, los militares griegos dieron un golpe de estado. En él participó el ejército griego de retaguardia, LOK, y se basó en el plan Prometeo, un plan de contingencia de la OTAN para combatir una “insurgencia comunista”. El golpe fue parcialmente financiado por Michele Sindona de P2 y, en poco tiempo, se enviaron italianos a Grecia para el entrenamiento paramilitar.

En 1968, Gladio había intensificado su entrenamiento en la base de la OTAN en Cerdeña. “En pocos años, 4.000 graduados habían sido colocados en puestos estratégicos. Tenían a su disposición al menos 139 depósitos de armas, incluidos algunos en cuarteles de los Carabinieri”, informó Arthur E. Rowse, que ha examinado en profundidad las operaciones de Gladio en Italia. El terrorismo explotó en Italia, con 147 atentados en 1968, otros 398 en 1969, y alcanzó un máximo de 2.498 en 1978. Los esfuerzos de Borghese fueron una parte clave de esto.

Uno de los primeros miembros del FN, el proyecto de Borghese para un Estado “más allá del centro, la derecha y la izquierda”, fue el jefe de la P2 y Caballero de Malta Licio Gelli. Al igual que Borghese, Gelli había luchado por Franco y Mussolini, y fue reclutado por la SIFAR en los años 50. Gelli era el “principal intermediario” entre la CIA y De Lorenzo.

En el FN, Borghese era conocido como “el Comandante”, y estableció “grupos de acción” en todo el país. El FN (al igual que la AN) tenía una estructura en dos partes: Los grupos “A”, que eran la parte pública del FN, y los grupos “B” clandestinos, cuya existencia solía ser desconocida incluso para los miembros de sus respectivos grupos A. Los grupos “B” debían ser utilizados en el terrorismo, en la “Estrategia de la Tensión” destinada a producir un cambio en el gobierno italiano, que estalló con la masacre de Piazza Fontana el 12 de diciembre de 1969, en la que murieron 16 personas y 58 resultaron heridas. Los miembros de la ON relacionados con Borghese fueron detenidos como sospechosos del crimen, pero el encubrimiento dirigido por la P2 y los servicios secretos garantizó su liberación.

El terror y los intentos de golpe de Estado se intensificaron después de que el presidente estadounidense Nixon asumiera el cargo en 1969. Su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, dio órdenes a Licio Gelli a través del adjunto de Kissinger, el general Alexander Haig, y Gelli mantuvo muchos contactos de alto nivel en el Partido Republicano de Estados Unidos. El sinarquista Kissinger se oponía amargamente a una Italia soberana. Con el Partido Socialista en el gobierno en ese momento, Estados Unidos abrió las espitas financieras a las fuerzas “anticomunistas” -incluido el neofascista MSI- y vertió 10 millones de dólares sólo en 1970. “El dinero canalizado a [el embajador estadounidense Graham] Martin llegó a través del banquero del Vaticano y amigo y mecenas de Borghese, Sindona”, observan Greene y Massignani.

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El 1 de junio de 1970, Borghese nombró a Delle Chiaie como jefe de los grupos “B” y siguió adelante con los planes para un golpe de Estado. El embajador estadounidense Martin se encargó de parte de la financiación, a través de su principal contacto, el general Vito Miceli, que asumió la dirección del SID en octubre de 1970. Antes de convertirse en jefe del SID, Miceli se había reunido varias veces con Borghese en casa de Remo Orlandini, teniente de Borghese y heredero de la construcción naval. Martin no era un diplomático cualquiera: El coronel Martin, ferozmente derechista, acababa de llegar de la embajada en Tailandia, donde había presionado al gobierno tailandés para que se uniera a Estados Unidos en Vietnam, y dejaría Italia en 1973 para ocupar el puesto en Saigón. Durante 1970, Martin mantuvo múltiples contactos con Borghese, incluso a través del agente del FN Pier Talenti, propietario de una empresa de autobuses que sería utilizada en el intento de golpe de Estado, y a través del probable agente de la CIA Hugh Fenwich, que se reunía con Orlandini.

Borghese estableció el cuartel general político y militar para el golpe en Roma, el militar en uno de los astilleros de Orlandini. En la noche del 7 de diciembre de 1970, un grupo de 50 paramilitares de la AN, dirigidos por Delle Chiaie, entró en la armería del Ministerio del Interior por orden del antiguo recluta de Angleton, el jefe de la UAR Federico D’Amato. Según los relatos de los periódicos, el propio Angleton llegó a Roma justo antes del intento de golpe, y se marchó justo después. Otras tropas se trasladaron a su lugar en Roma, Milán y otros lugares, y se programó que la mafia de Calabria se pusiera los uniformes de los Carabinieri y desempeñara un papel. Borghese preparó una declaración para ser leída en la televisión para justificar el golpe, y pretendía que las tropas italianas fueran enviadas a Vietnam. En el último momento, recibió una llamada telefónica y canceló el golpe.

Borghese huyó a la España de Franco, donde sus actividades hasta su muerte en 1974 siguen siendo un misterio. Se sabe que él y Delle Chiaie se reunieron con el dictador general Augusto Pinochet en Chile el 29 de abril de 1974. También estaba presente el jefe de la inteligencia policial chilena, el coronel Jorge Carrasco, protagonista de las torturas y asesinatos de la Operación Cóndor. Borghese murió en España en 1974. Delle Chiaie dijo que fue envenenado, al parecer porque en Italia se estaba investigando el golpe de Estado de 1970. Tras la muerte de Franco al año siguiente, Delle Chiaie partió hacia Chile, para desempeñar un papel clave en la Operación Cóndor, y luego continuó esa labor en Bolivia, en colaboración con el infame jefe de la Gestapo Klaus Barbie.

 

La Oficina de Asesinatos de la OTAN

El alcance del terrorismo, los asesinatos y la reconfiguración del paisaje político de Europa a través de Gladio y las unidades relacionadas, dirigidas por la OTAN, es impresionante.

Sin embargo, hay que añadir una advertencia vital. El aparato detrás del terror de la “estrategia de la tensión” que desestabilizó a Europa durante gran parte de la era de la Guerra Fría, fue ante todo un aparato sinarquista privado incrustado en las organizaciones de la OTAN y de los servicios secretos nacionales, incluyendo agencias clandestinas “oficiales” como Gladio. Estas redes “paralelas”, pobladas por veteranos del aparato fascista y nazi de la época de la guerra, y asociadas a sociedades secretas como la P-2, y a frentes como Rosa dei Venti y Nuclei di Difesa dello Stato, a veces tenían a sus agentes en puestos altos de las estructuras “oficiales”, creando la peligrosa y tentadora pero falsa apariencia de que las agencias oficiales en sí -incluida la OTAN- dirigían los programas de terror/desestabilización.

La confusión en este punto es tan peligrosa como comprensible. Cuando se reveló la lista de miembros de la P-2 a principios de los años 80, tras la muerte del banquero Roberto Calvi, quedó claro que la logia secreta había penetrado prácticamente en todo el aparato de seguridad y en las estructuras de los partidos políticos de Italia y de varios otros países de Europa e Iberoamérica.

La carnicería llevada a cabo por este aparato “paralelo” fue impresionante. Sólo en Italia, principal escenario de la guerra del Gladio, se produjeron 14.591 “actos de violencia con motivación política”, según el senador italiano Giovanni Pellegrino, jefe de la Comisión Parlamentaria para la Identificación Fallida de los Autores de Masacres Terroristas (“Comisión de Terrorismo”, en funcionamiento entre 1994 y 2001, que investigó tanto el Gladio como la logia P2). “Conviene recordar que estos “actos” han dejado tras de sí 491 muertos y 1.181 heridos y mutilados, cifras de una guerra sin parangón en ningún otro país europeo”.

Además de la base de Gladio de la OTAN en Cerdeña, el apoyo logístico de Gladio en Italia y Francia se llevó a cabo desde un frente de la OTAN en el Portugal del dictador Antonio de Oliveira Salazar, Aginter Press, que también dirigía las unidades de retaguardia allí. Estaba dirigida por un antiguo miembro de la Organización del Ejército Secreto (OAS), anti-de Gaulle y pro-fascista, Yves Guerin Serac, que se trasladó a Portugal después de que De Gaulle rindiera Argelia. Dijo Guerin Serac, desmintiendo los objetivos de sus maestros sinarquistas: “Después de la OAS huí a Portugal para continuar la lucha y ampliarla a sus dimensiones adecuadas, es decir, a una dimensión planetaria”. Esbozó su plan para “derrotar al comunismo”, utilizando como excusa el “terrorismo comunista” organizado por la OTAN:

“En la primera fase de nuestra actividad política debemos crear el caos en todas las estructuras del régimen. Dos formas de terrorismo pueden provocar esta situación: El terrorismo ciego (cometer masacres indiscriminadas que causen un gran número de víctimas), y el terrorismo selectivo (eliminar a personas elegidas). Esta destrucción del Estado debe llevarse a cabo, en la medida de lo posible, bajo la cobertura de “actividades comunistas”. Después, hay que intervenir en el seno del ejército, del poder jurídico y de la iglesia, para influir en la opinión popular, proponer una solución y demostrar claramente la debilidad del actual aparato jurídico. . . . Hay que polarizar la opinión popular de tal manera que se nos represente como el único instrumento capaz de salvar la nación. Es obvio que necesitaremos considerables recursos financieros para llevar a cabo tales operaciones.”

El representante de Aginter Press en Italia, según Vincenzo Vinciguerra, de la ON, era Stefano Delle Chiaie. Delle Chiaie “supuestamente llevó a cabo más de mil atentados sanguinarios, incluidos unos 50 asesinatos en España”, según Daniele Ganser.

En los asesinatos dentro de Portugal o de sus colonias, Aginter Press trabajó con el servicio secreto portugués, la PIDE. Según periodistas portugueses, participó en el asesinato de Eduardo Mondlane, presidente del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) en 1969, y de Amilcar Cabral, líder de la liberación nacional en Guinea-Bissau en 1973. Y, según las revelaciones más recientes del ex senador italiano Sergio Flamigni, el aparato “paralelo” coordinó el secuestro y el asesinato del ex primer ministro Aldo Moro a través de su unidad de Brigadas Rojas el 16 de marzo de 1978, día en el que finalmente iba a tomar posesión un gobierno de la DC apoyado por el PCI bajo el mando de Giulio Andreotti.

¿Estaban las redes sinarquistas infiltradas en las estructuras de la OTAN y del Gladio implicadas también en otros asesinatos de jefes de Estado o de gobierno?

El asesinato del presidente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, fue coordinado por la empresa Permindex, con sede en Roma y Nueva Orleans, que la inteligencia francesa, SDECE, descubrió que también había puesto 200.000 dólares para un atentado contra De Gaulle. Incluso un examen superficial de la perspectiva y las conexiones fascistas de la mayoría del personal de Permindex/CMC, sus numerosos vínculos con la inteligencia angloamericana de alto nivel, junto con sus conexiones financieras, no deja lugar a dudas de que Permindex y su brazo con sede en Roma, el Centro Mondiale Commerciale (CMC), formaban parte de la estructura paralela de la OTAN/Gladio.

Permindex estaba registrada en Berna (Suiza), antiguo lugar de residencia de Dulles. Estaba presidida por un veterano de alto rango del Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) y de la OSS, el abogado y financiero afincado en Canadá Louis Mortimer Bloomfield, accionista mayoritario de Permindex (que también poseía el 50% de CMC). Su consejo de administración era una mezcla de “anticomunistas” devotos, aristócratas y fascistas de diversos pedigríes de inteligencia. Entre ellos se encontraba el conde Guitierez di Spadafora, antiguo subsecretario de agricultura de Mussolini, secretario de un movimiento separatista siciliano patrocinado por los británicos y pariente político de Hjalmar Schacht, el principal financiero de la Internacional nazi de posguerra; Carlo d’Amelio, un abogado de Roma que supervisaba las posesiones financieras de la Casa de Saboya y, según algunas versiones, también de la familia Pallavicini, y que fue el presidente fundador de la CMC; Giuseppe Zigiotti, jefe de la Asociación Nacional Fascista para las Armas de la Milicia; varios otros fascistas de la época de la guerra; y el coronel Clay Shaw, antiguo veterano de la OSS de Londres y del SOE. Clay Shaw, el oficial de operaciones del asesinato.

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Permindex estaba presidida por el canadiense Bloomfield, mientras que su brazo internacional, CMC, tenía su sede en Roma, y la empresa de Clay Shaw en Nueva Orleans, International Trade Mart, era una filial de Permindex/CMC. Según los documentos publicados a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA), Shaw, veterano de la OSS, también trabajó para la CIA. Había muchas pruebas de la participación de Shaw en el asesinato, por lo que fue acusado por el fiscal del distrito de Nueva Orleans, Jim Garrison. En particular, uno de los nombres encontrados en la agenda telefónica personal de Shaw era el de la princesa Marcella Borghese, miembro de la familia del Príncipe Negro. Y una de las figuras de menor nivel en el ámbito del complot, el dueño del club nocturno de Dallas Jack Ruby (que asesinó al chivo expiatorio Lee Harvey Oswald), acusó repetidamente en cartas desde la cárcel, que “los nazis y los fascistas estaban detrás del asesinato de Kennedy.” Según el muy creíble manuscrito de Torbitt, “Ruby estaba mucho más informado sobre la conspiración que la mayoría”.

Enormes recursos financieros fluyeron a través de Permindex/CMC sin ningún propósito comercial. Algunos de estos fondos, por lo menos, fueron proporcionados a través de bancos que habían financiado anteriormente a los nazis, incluyendo uno íntimamente asociado con Allen Dulles desde la época de su trabajo en los años 30 con los carteles nazis, hasta su período de 1953-61 como jefe de la CIA. Algunos indicios de adónde iba el dinero pueden encontrarse en los informes de la prensa francesa e italiana de que el funcionario de la CMC Ferenc Nagy, el ex primer ministro húngaro ferozmente anticomunista, estaba financiando a Jacques Soustelle y a la OAS, junto con otros movimientos fascistas europeos; o en la observación del fiscal del distrito de Nueva Orleans, Garrison, sobre “la vida secreta de Shaw como hombre de la Agencia [CIA] que intentaba devolver el fascismo a Italia”[6].

Las unidades de la OTAN también participaron en al menos algunos de los numerosos intentos de asesinato contra el presidente francés Charles de Gaulle en 1962-63, lo que sin duda fue un factor que contribuyó a que De Gaulle retirara a Francia del mando militar de la OTAN en 1966. Después de todo, Francia había sido un objetivo clave de la “Operación Desmagnetización” de la OTAN en los años 50, y los operativos de la OAS “anticomunistas” y amargamente anti-De Gaulle, como Guerin Serac, eran socios naturales de la OTAN. El almirante Pierre Lacoste, director del servicio secreto militar francés DGSE (1982-85), admitió, después de que Andreotti hubiera sacado a la luz la existencia de Gladio en 1990, que algunas “acciones terroristas” contra De Gaulle y sus planes de liberación de Argelia fueron llevadas a cabo por grupos en los que participaba “un número limitado de personas” de la organización francesa Gladio.

Una investigación de cinco años de la agencia de inteligencia francesa SDECE sobre un complot de asesinato contra De Gaulle en 1962 descubrió que el asesinato había sido planeado en la sede de Bruselas de la OTAN por un grupo específico de generales británicos y franceses, que emplearon a antiguos fascistas para el trabajo planeado.

Y luego está el caso del primer ministro sueco Olof Palme, que fue asesinado el 28 de febrero de 1986 en Estocolmo. Aunque no hay pruebas fehacientes de que las redes paralelas del Gladio estuvieran implicadas, los periodistas de investigación suecos lo han sospechado. El 28 de abril de 1992, el principal diario sueco, Dagens Nyheter, publicó el siguiente titular “Una red de inteligencia altamente secreta dentro de la OTAN está detrás de la muerte de Olof Palme”. El periodista Goran Beckerus acusó a la rama operativa del Comité Aliado Clandestino de la OTAN, conocida por sus siglas SOPS, de supervisar el asesinato bajo el nombre en clave de “Operación Árbol”.

 

La aristocracia y los Caballeros de Malta

Para descubrir a los verdaderos autores del terrorismo internacional, debemos adentrarnos en un terreno que Greene y Massignani sólo insinúan.

Una y otra vez, los investigadores italianos de Gladio y de la Logia P2 han sugerido que las pruebas que tenían ante sí no eran más que los trazos superficiales de la actividad de una estructura de poder bien establecida y de gran alcance. Por ejemplo, el senador Pellegrino, jefe de la “Comisión de Terrorismo” del Parlamento italiano, está convencido de que el Gran Maestre de la Logia P2, Gelli, era el testaferro de círculos ocultos de poder mucho mayor; que si P2 fuera un “puerto”, entonces Gelli, que ha reaparecido recientemente para jactarse de que está “dirigiendo el país”, sería simplemente la “Autoridad Portuaria”. ¿Quién, o qué, constituye este poder mayor? Desde fuera del país, son los sinarquistas angloamericanos. Pero Gladio y el “Gladio paralelo” incrustado no podían funcionar dentro de Italia sólo reclutando a los líderes de los servicios secretos; su protección tenía que implicar a algunas de las fuerzas más poderosas dentro de la propia Italia.

Greene y Massignani señalan que el X MAS -que se convirtió en un componente clave de Gladio- contaba entre sus dirigentes con varios de los principales aristócratas de Italia, aunque sólo nombran a dos: el propio “Príncipe Negro” y el aspirante al trono de Italia, el príncipe Aimone, duque de Aosta. De hecho, el duque fue favorecido por muchos de los nobles negros de Roma por encima de Víctor Manuel III, que reinó de 1900 a 1945, y que por tanto fue rey durante la época de Mussolini, que era nominalmente el primer ministro del rey. La reconocida líder de la nobleza negra italiana, la princesa Elvina Pallavicini, proclamó en una ocasión: “El duque de Aosta habría sido mucho mejor, pero ahora estamos atascados con Víctor Manuel”. ¿Cuántos otros aristócratas entre los dirigentes del X MAS se convirtieron también en figuras clave, como Borghese, en la organización Gladio de la OTAN?

Es cierto que los aristócratas desempeñaron papeles vitales en una de las operaciones más infames del Gladio “paralelo”, el secuestro y asesinato de Aldo Moro. Analizado con más detenimiento, no es una verdadera sorpresa: Los miembros de la organización internacional más poderosa de la aristocracia mundial, el SMOM, desempeñaron papeles esenciales en el establecimiento de las “líneas de ratas” del Vaticano, la inteligencia británica y la CIA y en otras actividades “anticomunistas” cruciales al final de la Segunda Guerra Mundial. Allen Dulles y James Angleton eran miembros del SMOM. Numerosos miembros del SMOM fueron también destacados en la logia P2; sin embargo, de las dos organizaciones, el SMOM es incomparablemente la más veterana y poderosa; de hecho, a partir de las pruebas disponibles, es más apropiado pensar en el P2 como una escisión “operativa” del SMOM. Examinemos brevemente el papel de estos aristócratas en el asesinato de Moro y, a continuación, analicemos con más detalle el propio SMOM.

La estructura Gladio recibió su nombre de la espada corta romana, gladio. Cuando Aldo Moro fue asesinado el 9 de mayo de 1978, aparentemente por las Brigadas Rojas, fue arrojado fuera de un estadio romano donde los gladiadores solían luchar hasta la muerte. La conexión simbólica era clara, como subrayó el periodista de investigación y a veces portavoz de elementos del SID, Mino Pecorelli. El líder de las Brigadas Rojas a cargo de la operación era Mario Moretti. El ex senador Flamigni ha documentado en un libro reciente que Moretti fue un protegido casi desde la infancia de una importante familia aristocrática, los Casati Stampa. La marquesa Annamaria Casati Stampa mantuvo como amantes a varios jóvenes neofascistas, uno de los cuales fue probablemente Moretti, cuya educación secundaria pagó. Bajo la dirección del Gladio, el neofascista Moretti se convirtió más tarde en “izquierdista” y dirigió las Brigadas Rojas[7] Las conexiones con el fascismo eran profundas en la familia Casati Stampa: el tío de su marido, Alessandro, había sido ministro del primer gobierno de Mussolini, y luego, cuando éste fue abandonado, se convirtió en ministro del primer gobierno monárquico.

El amigo más cercano de la familia Casati Stampa era el senador del Partido Liberal Giorgio Bergamasco. Bergamasco, a su vez, fue uno de los fundadores del Comité de Resistencia Democrática, dirigido por el aristócrata piamontés Conde Edgardo Sogno Rata del Vallino. Sogno había luchado por Franco durante la Guerra Civil española, y luego por Mussolini, y en 1943 se pasó al SOE británico. También estuvo en la nómina de Allen Dulles durante años por 10 millones de liras al mes, y su Comité se convirtió en otro núcleo de la extendida organización Gladio. Sogno dirigió un intento de golpe de Estado en 1974, que fue frustrado por el ministro de Defensa Giulio Andreotti. Flamigni demostró en su libro cómo la facción de las Brigadas Rojas dirigida por Moretti, de línea dura, estaba en realidad dirigida por la organización de Sogno, controlada por la OTAN.

Poco después del asesinato de Moro, los socios de LaRouche en Italia publicaron un panfleto, “¿Quién mató a Aldo Moro?”, que llamaba la atención sobre la familia oligárquica Caetani de Roma, cerca de cuyo palacio se había encontrado el cuerpo de Moro. Las investigaciones posteriores de otros acusaron de que el verdadero jefe de Gladio era el aristócrata inglés Hubert Howard, funcionario de la inteligencia británica en la Segunda Guerra Mundial y durante décadas después, que se había casado con la princesa Lelia Caetani, hija de Roffredo Caetani, decimoséptimo duque de Sermoneta. Howard y su esposa vivían en el palacio Caetani, al igual que un tal Igor Markevich, agente doble o triple de los servicios de inteligencia occidentales, israelíes y soviéticos. Él y Howard eran líderes de la masonería “esotérica” de alto nivel y, según algunos relatos, habían dirigido las “negociaciones” con las Brigadas Rojas para la libertad de Moro, una tapadera conveniente para un enlace constante. El veterano de la inteligencia británica Howard también fue nombrado por algunos como el jefe secreto de Gladio. El relato es creíble. Howard era miembro de una de las familias más poderosas de Gran Bretaña, los duques de Norfolk, y los católicos Howard habían tenido íntimas conexiones con la aristocracia italiana, particularmente de Venecia, desde al menos el siglo XVIII. Su madre, por ejemplo, era miembro de la poderosa familia Giustiniani de Venecia y Génova, que reivindicaba su ascendencia del emperador Justiniano. Un Howard había sido cardenal-obispo de Frascati, en las afueras de Roma, en el siglo XIX, cargo que había ocupado un par de siglos antes un Caetani. Aunque durante mucho tiempo fueron una potencia en la Iglesia -Benedetto Caetani fue coronado Papa Bonifacio VIII a finales del siglo XIII-, los Caetani formaban parte del ala nominalmente “ilustrada” de la aristocracia italiana en el siglo XX, y seguían ejerciendo una gran influencia bajo Mussolini y posteriormente.

Ningún relato sobre el papel de la aristocracia italiana en la promoción del fascismo y el terrorismo puede omitir el papel de la princesa Elvina Pallavicini. Como jefa de la asociación internacional integrista de la nobleza católica, “Noblesse et Tradition”, Pallavicini fue una de las principales patrocinadoras, tanto en Roma como en todo el mundo, del arzobispo cismático Marcel Lefebvre, que fue excomulgado por el Papa Juan Pablo II en 1988. Hasta su reciente muerte, la Princesa fue también una de las principales patrocinadoras de los grupos neofascistas en Italia, e incluso preparó el terreno para la aparición de la antigua estrella del porno Alessandra Mussolini, nieta de Il Duce, como candidata de una coalición electoral de partidos neofascistas.

 

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La Soberana Orden Militar de Malta

Dondequiera que uno se dirija para investigar la Logia P2, Gladio, la “aristocracia negra”, el terrorismo internacional o la Internacional Nazi, uno se encuentra con la SMOM: la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, conocida como “los Caballeros de San Juan” o los “Caballeros de Malta”.

Estuvieron omnipresentes en el establecimiento de la infraestructura financiera y humana del terrorismo internacional moderno ya durante la Segunda Guerra Mundial, e inmediatamente después. El miembro del SMOM, el barón Luigi Parilli, un industrial con conexiones de alto nivel tanto con las SS y el SD de Hitler en Italia, como con los servicios de inteligencia de Mussolini, fue el principal enlace entre el general de las SS Karl Wolff y Allen Dulles en Berna. La SMOM concedió uno de sus más altos galardones, la Gran Croce Al Merito Con Placca, al embajador de Estados Unidos en Italia, Ellery Stone, que había salvado a Borghese, y que se convirtió en vicepresidente de la corporación ITT después de la guerra, que ayudó a organizar el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 y la instalación del dictador general Augusto Pinochet. La SMOM concedió su Croce Al Merito Seconda Classe al jefe de la OSS italiana, James Jesus Angleton, en 1946, más o menos cuando honró a su jefe, Allen Dulles. Al año siguiente, concedió la Gran Croce al Merito con Placca al jefe de inteligencia del Frente Oriental de Hitler, Reinhard Gehlen, uno de los únicos cuatro galardonados con este premio en aquella época. El hermano de Gehlen era el secretario de Thun Hohenstein, uno de los cinco miembros del Consejo Soberano de la orden. Como jefe del Instituto de Emigraciones Asociadas, Hohenstein imprimió unos 2.000 pasaportes, que se utilizaron para reubicar a destacados nazis en escondites seguros de todo el mundo.

Otros destacados Caballeros fueron los jefes de la CIA Allen Dulles, John McCone y William Casey. La figura internacional nazi Otto Skorzeny era un Caballero, al igual que el empresario J. Peter Grace, que utilizó la inmunidad diplomática del SMOM como tapadera para las actividades de Irán-Contra.

Numerosos dirigentes de la organización de inteligencia militar de Italia fueron miembros tanto del SMOM como de la P2, entre ellos el general Giuseppe Santovito (antiguo jefe del SISMI, que sustituyó al SID después de 1977), el almirante Giovanni Torrisi, jefe del Estado Mayor del Ejército, y el general Giovanni Allavena, jefe del SIFAR. Otro miembro clave de la P2 que era un Caballero era el Conde Umberto Ortolani, miembro del consejo interno del SMOM y veterano del servicio de contraespionaje de Mussolini. Algunos dicen que fue el verdadero cerebro de la P2, y que patrocinó la entrada del jefe de la P2, Licio Gelli, en el SMOM. Ortolani era un financiero que, entre otras cosas, poseía el segundo banco más grande de Uruguay, donde tenía una enorme influencia; el fascista Gelli había estado exiliado en Iberoamérica hasta que los poderes superiores lo trajeron de vuelta a Italia a principios de los años 60 para crear lo que se convirtió en la logia P2.

Como en cualquier organización, no todos sus miembros son culpables, y a veces ni siquiera son conscientes de los crímenes de la organización. En este caso, sin embargo, dada la naturaleza de la bestia, eso sería relativamente raro. Además de la repetida aparición de miembros del SMOM en actividades relacionadas con el terrorismo cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, una de sus operaciones más recientes ilustra la naturaleza esencial de la organización.

En 1978, tras los asesinatos de Jürgen Ponto, jefe del Dresdner Bank, del industrial alemán Hanns-Martin Schleyer y de Aldo Moro, los Caballeros de Malta fueron sorprendidos in fraganti coordinando una operación de asesinato contra Lyndon H. LaRouche, Jr. LaRouche fue el autor intelectual de la cumbre de Bremen de ese año, en la que el presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, el canciller de Alemania Occidental Helmut Schmidt y el primer ministro británico James Callaghan (este último bajo coacción) firmaron el Comunicado de Bremen, que anunciaba la formación del Sistema Monetario Europeo. El SME, en palabras de un funcionario de Alemania Occidental, pretendía ser “el cristal inicial de un nuevo sistema monetario mundial”. Bremen golpeó con horror los corazones de la oligarquía mundial. Un alto funcionario de la Banque Bruxelles-Lambert, propiedad de los Rothschild belgas, dijo: “Se reconoce que fue el programa de LaRouche el que salió adelante en Bremen. Si se aprueba ahora, algunos centros financieros importantes van a perder su poder. A mucha gente no le va a gustar eso”. El director de un instituto dirigido por los Caballeros en Bélgica fue más conciso: “LaRouche es el primer enemigo del grupo de Londres”. En Nueva York, el Caballero Henry S. Bloch, director del banco de inversiones Warburg, Pincus, en cuyas manos los investigadores descubrieron que estaban muchos de los hilos del complot, proclamó que LaRouche era “muy peligroso”, y lo comparó de forma directa con Malcolm X, asesinado en 1965.

En sus investigaciones sobre el SMOM, los asociados de LaRouche “descubrieron para su sorpresa que la mera mención de su nombre inspiraba temor y terror en las mentes de altos funcionarios del gobierno, banqueros centrales, altos dirigentes militares y empresariales, y altos ejecutivos diplomáticos y de inteligencia”, según consta en un panfleto publicado por la organización de LaRouche en ese momento, “El complot terrorista de asesinato de la ‘Internacional Negra’ para matar a Lyndon H. LaRouche, Jr.”. El panfleto informaba además: “El poder que la Orden concentra es principalmente financiero, a través del control directo de la mayoría de las principales casas de inversión del mundo occidental” y mucho, mucho más. El panfleto también señalaba: “Una segunda fuente de poder es una capacidad de inteligencia absolutamente inigualable”. Es decir, el SMOM es un brazo organizativo principal de la Sinarquía, que reúne a los principales aristócratas, financieros y, sobre todo, militares y funcionarios de inteligencia del mundo. Sus miembros añoran el mundo ultramontano que existía antes del surgimiento de los Estados-nación soberanos durante el Renacimiento, lo que supuso una pérdida de poder y privilegio de sus familias. Para ellos, ese mundo desaparecido es como si fuera ayer. De hecho, no ha desaparecido del todo, sino que sigue vivo, centrado, como los propios Caballeros, en los “bancos centrales independientes” de ascendencia veneciana de prácticamente todas las naciones del mundo, como ha subrayado LaRouche.

Los Caballeros de San Juan fueron fundados a finales del siglo XI y adquirieron importancia en la Primera Cruzada de 1095. En 1120, el Papa Urbano II los reconoció oficialmente como una orden religiosa militar, y durante siglos siguieron siendo una de las fuerzas militares más poderosas de la cristiandad, primero desde su cuartel general en la isla de Rodas, y luego en Malta, de donde fueron finalmente expulsados por Napoleón a finales del siglo XVIII. Los Caballeros fueron reconocidos como estado soberano por un emperador Habsburgo en el siglo XVI. Siguen siendo un estado soberano, dirigido desde su sede en el número 68 de la Via Condotti de Roma. Mantienen su propia flota de aviones, tienen relaciones diplomáticas con 92 naciones, así como con las Naciones Unidas y la Santa Sede, y gozan de inmunidad diplomática. La orden es totalmente católica, y sus rangos superiores deben documentar un linaje aristocrático y un escudo de armas de al menos tres siglos. El Gran Maestre de la orden es tanto un príncipe secular como un cardenal de la Iglesia. Como reflejo de su historia, sus miembros siguen estando compuestos en gran medida por individuos con antecedentes militares o de inteligencia. El Papa Pío XII ordenó una investigación de esta organización nominalmente católica en la década de 1950. La Comisión Papal acusó, entre otras cosas, que la Orden no debía tener la soberanía de un Estado, y ordenó modificaciones del SMOM “para ponerlas en conformidad con las decisiones de la Santa Sede”. Sin embargo, Pío XII falleció antes de que la Orden pudiera ser totalmente controlada.

Además de la SMOM católica, existen cuatro órdenes protestantes de los Caballeros, todas ellas fundadas en los últimos 150 años aproximadamente, y todas dirigidas por casas gobernantes de Europa. Las órdenes católica y protestante se fusionaron efectivamente el 26 de noviembre de 1963, cuatro días después del asesinato de John F. Kennedy. El Jefe Soberano de los Caballeros Británicos es la Reina Isabel, mientras que los Caballeros Holandeses fueron dirigidos hasta su muerte por el antiguo oficial de las SS, el Príncipe Bernhard de los Países Bajos, consorte de la Reina Juliana.

En 1927, la SMOM, con sede en Roma, autorizó la creación de un capítulo americano, cuyos miembros no tenían que demostrar su linaje aristocrático. Su tesorero e interventor laico era John J. Raskob, el amargado jefe del Comité Nacional Demócrata, que en 1934 ayudó a financiar un intento de golpe de Estado contra Roosevelt. Su Gran Protector y Consejero Espiritual era el Cardenal Francis Spellman de Nueva York, uno de cuyos más estrechos colaboradores en la Guerra Fría era el editor de Time/Life y cofundador del Congreso para la Libertad Cultural, Henry Luce.

Otro Caballero, que desempeñó un profundo papel en la historia financiera, económica y política de Italia en la posguerra, fue el príncipe Massimo Spada, el principal financiero laico del Instituto Vaticano para las Obras Religiosas, comúnmente llamado “Banco Vaticano”. Spada le dio al lavador de heroína relacionado con la mafia y más tarde financiero de la P2, Michele Sindona, su entrada en las finanzas del Vaticano, que, dado el estatus soberano y protegido de impuestos de la Iglesia dentro de Italia (tal y como se negoció en el Concordato de 1929 entre Mussolini y la Santa Sede), era inestimable para dirigir todo tipo de operaciones sucias.

Sin embargo, al examinar el Vaticano, siempre hay que tener cuidado de preguntar: “¿El Vaticano de quién? ¿El de todos los papas modernos? ¿O el de la aristocracia negra?” Y para desentrañar realmente esa pregunta, en la medida en que se entrecruzan Ortolani, Gelli, Calvi, Spada y sus asociados “conectados con el Vaticano”, y la infraestructura más profunda y “permanente” del terror en Italia, hay que profundizar en la historia, en particular en la de Venecia, para comprender el enorme poder que aún ejercen aquellos a quienes el Papa Juan Pablo I, llamaba “los antiguos”, durante el tiempo en que fue Patriarca de Venecia. Después de todo, como ha subrayado LaRouche, esos “antiguos” de Venecia nos han dado el moderno sistema parlamentario anglo-holandés, con sus bancos centrales controlados por el sector privado, y el actual impulso de la Sinarquía para el dominio mundial. Bajo la dirección angloamericana, esos “antiguos” venecianos también llevaron a Mussolini al poder en primer lugar, y luego organizaron el mundo financiero del Vaticano, en el que se insertaron Ortolani, Gelli, Calvi y otros.

 

El legado de la historia: El factor veneciano

En 1582, las cerca de 40 familias que controlaban las vastas fortunas y las amplias capacidades de inteligencia de Venecia, se dividieron en dos facciones: los nuovi (las casas o familias “nuevas”) y los vecchi (las casas “viejas”). A primera vista, los apelativos parecían referirse a las familias ennoblecidas desde la serrata, la clausura del Gran Consejo en 1297, que se llamaban los nuovi; mientras que los que ya tenían títulos de nobleza, eran los vecchi. De hecho, la agitación fue el resultado de la creación de estados-nación soberanos por primera vez en la historia, como consecuencia del Renacimiento. La ciudad-estado de Venecia, que nunca llegó a tener más de 200.000 habitantes, no pudo hacer frente a las nuevas potencias que estaban naciendo, fundadas para promover el Bien Común de sus ciudadanos; la cantidad, la ciencia y la tecnología, el poder militar, eran demasiado incluso para los poderosos y taimados amos de La Serenissima (como se conoce a Venecia).

Los nuovi se dieron cuenta de que, a pesar de la sangrienta guerra religiosa que Venecia había desatado en Europa tras el fracaso de la Liga de Cambrai para derrotar a Venecia en 1511, sus días estaban finalmente contados. Tomaron varias medidas estratégicas. En primer lugar, bajo el liderazgo de Paolo Sarpi, crearon la filosofía del empirismo, como un fraude basado en la certeza de los sentidos cuyo propósito era destruir el método creativo de la hipótesis platónica. En segundo lugar, también bajo el liderazgo de Sarpi, lanzaron una guerra feroz contra el Vaticano, presentándose como el bastión de la Europa “ilustrada” contra la Roma oscurantista. En tercer lugar, introdujeron a las nuevas potencias protestantes, Inglaterra y Holanda (cuyo ascenso se produjo en gran medida gracias a la propia Venecia), en lo que siempre había sido la piedra angular de la fortuna de Venecia: su comercio con las Indias Orientales. Los venecianos fundaron la Compañía Británica de las Indias Orientales en 1600 (a partir de la fusión de la Compañía de Venecia con sede en Inglaterra y la Compañía de Turquía) y la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602, y la riqueza derivada de este comercio ayudó a crear o a enriquecer a varias grandes familias aristocráticas en ambos países, siguiendo el modelo veneciano. Y, como LaRouche ha subrayado a menudo, la Compañía Británica de las Indias Orientales se convirtió en la primera potencia del mundo en 1763, a raíz de la Guerra de los Siete Años, organizada por los británicos entre las potencias europeas contendientes, según el clásico método veneciano de “divide y vencerás”. En cuarto lugar, trasladaron gran parte de sus fortunas (e incluso algunas de sus familias) al norte, primero a Holanda y luego a Inglaterra, donde crearon lo que se conocería en el siglo XVIII como “el Partido Veneciano”. Como parte de esto, establecieron el famoso Wisselbank (Banco de Intercambio) de Ámsterdam en 1609 -el banco más poderoso del mundo- modelado a partir de sus propios bancos privados, controlados por los patricios, seguido por el Banco de Inglaterra en 1694, sirviendo ambos como modelos sobre los que se han establecido todos los bancos centrales desde entonces.

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En parte debido a estos repliegues, el poder financiero de Venecia siguió siendo enorme hasta bien entrado el siglo XVIII, al igual que su legendario sistema de espionaje, brillantemente descrito por Friedrich Schiller en su novela Der Geisterseher (El vidente fantasma), y por el agente de inteligencia estadounidense James Fenimore Cooper en su novela The Bravo[8] El Barings Bank de Inglaterra, el banco de la Compañía Británica de las Indias Orientales, por ejemplo, era el vehículo de los fondos venecianos en Gran Bretaña, y estaba en el centro del “Partido Veneciano”, junto con el Banco de Inglaterra.

Napoleón Bonaparte había sido parcialmente patrocinado y financiado por familias venecianas y genovesas: La princesa genovesa Pallavicini de aquella época hizo el famoso juego de palabras de que su familia era dueña de “la buona parte” – “la mejor parte”- de él. Su familia corsa había sido criada por la nobleza genovesa y veneciana durante siglos; y, como ya se ha dicho, su hermana favorita se casó con un Borghese. Cuando terminaron los estragos de Napoleón, el conde Giovanni Capodistria, un noble veneciano que actuaba como ministro del gobierno de Rusia, redactó casi en solitario los documentos esenciales del Congreso de Viena de 1814-15, que estableció la ultrarreaccionaria Santa Alianza. Capodistria también impulsó la nación moderna de Suiza, en parte como depósito de fondos familiares venecianos (fondi), que también se utilizaron para fundar varias compañías de seguros a finales del siglo XVIII. Entre ellas, la Riunione Adriatica di Sicurtà (RAS) y la Assicurazioni Generali di Venezia e Trieste[9].

A principios del siglo XX, los “antiguos” de Venecia, aunque disminuidos, seguían teniendo un importante poder financiero y de inteligencia, tanto en su propio nombre como porque se desplegaban como parte del mundo dominado por los británicos (y posteriormente por los angloamericanos) que habían creado sus antepasados. Tras la escisión/redespliegue de 1582, se clonaron a sí mismos y a sus instituciones y métodos para dominar la Europa protestante del norte, a menudo masónica, mientras seguían manteniendo su poder en sus sedes históricas de control en las partes del sur de Europa, antes gobernadas por los Habsburgo, más católicas, en particular en Italia y España, y en la Iglesia de Roma. Desempeñaron un papel crucial en la organización de las Guerras de los Balcanes, que sentaron las bases inmediatas de la Primera Guerra Mundial, para la que el rey británico Eduardo VII había planeado durante décadas. A principios del siglo XX, un grupo de patricios financieros venecianos, encabezados por el conde Piero Foscari, de una antigua familia de dux venecianos, estableció una serie de empresas y bancos. Entre estos últimos, destaca la Banca Commerciale Italiana (BCI), y en particular su sucursal de Venecia[10].

Aunque Foscari era el líder indiscutible de este grupo veneciano, su figura pública más activa era Giuseppe Volpi, más tarde conocido como el conde Giuseppe Volpi di Misurata, después de que a principios de la década de 1920 gobernara la Libia ocupada por Italia en nombre de Mussolini. Actuando como hombre clave para un sindicato financiero internacional que incluía al Banco de Inglaterra, a los Mellon y a la Casa de Morgan, Volpi organizó el ascenso de Mussolini al poder, precisamente como Schacht hizo más tarde para esas mismas fuerzas en la instalación de Hitler en Alemania. Volpi fue ministro de Finanzas de Mussolini desde 1925 hasta julio de 1928, tras lo cual se convirtió en miembro del Gran Consejo del Fascismo y, en 1934, en presidente de la Asociación de Industriales. Diseñó la doctrina económica del corporativismo de Mussolini siguiendo el modelo establecido originalmente por Alexandre Saint-Yves d’Alveydre (1842-1909), fundador del movimiento de la Sinarquía del Imperio, e inspirador de las logias masónicas martinistas a través de las cuales se organizó la Sinarquía moderna. Nominalmente un pacto tripartito entre las corporaciones, el Estado y el trabajo, era básicamente gobernado por las corporaciones, es decir, los financieros privados.

En 1929, Volpi supervisó el famoso Concordato entre Italia y el Vaticano, en el que, entre otras cosas, Italia reconocía al Vaticano como Estado soberano y pagaba una compensación económica por los Estados Pontificios del centro de Italia de los que se había apoderado en la segunda mitad del siglo XIX. La compensación fue de 1.550 millones de liras, una suma considerable en aquella época. Un tal Bernardino Nogara fue elegido, aparentemente “de la nada”, para administrar esta fortuna. El destacado diplomático estadounidense George Kennan escribió en sus Memorias: 1925-1950 sobre el extraordinario poder que tenía Nogara: “Un llamado ‘hombre misterioso’, un banquero italiano llamado Bernardino Nogara, había recibido el control exclusivo del papado sobre toda la fortuna de 92,1 millones de dólares que la iglesia había recibido del tratado de Letrán. . . . A ningún funcionario del Vaticano, ni siquiera al propio Papa, se le permitió vetar la decisión de Nogara. El banquero tampoco permitiría que ninguna política religiosa o doctrinal de la iglesia se interpusiera en su camino. . . . Nunca antes en la historia moderna de la Iglesia se había concedido a nadie una autoridad tan amplia por parte de la Iglesia, ni siquiera a los propios papas, con toda su supuesta infalibilidad, y mucho menos a un laico, y no católico (judío), como en el caso de Nogara”. Su impacto en la Iglesia también puede juzgarse por el epitafio pronunciado a su muerte en 1958 por el jefe del SMOM en América, el cardenal Spellman de Nueva York: “Junto a Jesucristo, lo más grande que le ha ocurrido a la Iglesia católica es Bernardino Nogara”.

Fuera o no judío, el “hombre misterioso” no era ningún misterio. Nogara había sido director general de una empresa veneciana dirigida por Foscari, Volpi y otros en el Imperio Otomano ya en 1901. Como reflejo de sus vínculos venecianos, Nogara se convirtió en el representante de Italia en el Consejo de la Deuda Otomana, una especie de FMI para el Imperio Otomano, cuyo propósito era desangrarlo y trocearlo. Los británicos patrocinaron logias masónicas en Salónica, desde las que se organizaron los “Jóvenes Turcos” para derrocar al sultán. El masón Volpi estuvo íntimamente implicado en el golpe, como, sin duda, lo estuvo Nogara. Nogara era el jefe de la sucursal de la BCI en Estambul, y fue el principal agente de inteligencia de Volpi en el Imperio Otomano hasta que ese imperio desapareció en la Primera Guerra Mundial que Volpi y sus amigos tanto habían ayudado a organizar, a través de las logias masónicas y de los antiguos vínculos financieros y familiares de Venecia en los Balcanes.

Después de que Nogara fuera elegido Delegado de la Administración Especial (más tarde conocida como Administración del Patrimonio de la Santa Sede) para supervisar la inversión de las riquezas procedentes del Concordato, se convirtió en vicepresidente de la BCI, en cuyos locales de posguerra se fundaría la logia P2. Nogara estableció íntimas relaciones financieras con la flor y nata de la Sinarquía, incluidos los Rothschild de París y Londres, el Crédit Suisse, el Banco Hambros de Londres, el Banco J.P. Morgan y la Bankers Trust Company de Nueva York, y el Banco de París y de los Pagos Básicos (Paribas), centrado en París, un baluarte de la Sinarquía en Francia en los años de entreguerras y posguerra. También promovió un cuadro de uomini di fiducia, “hombres de confianza”, financieros católicos laicos del Vaticano o incluso no católicos, que supervisarían las enormes nuevas posesiones del Vaticano. Nogara compró participaciones importantes o de control en docenas de grandes bancos, empresas de servicios públicos, compañías de seguros y corporaciones industriales, a la vez que reorganizaba las participaciones anteriores del Vaticano, como los “bancos católicos”, que generalmente eran de propiedad católica y hacían negocios con la Iglesia y sus funcionarios, en contraposición a los bancos “seculares”.

El más importante de estos “hombres de confianza” era el príncipe Massimo Spada (un título del Vaticano), que había sido inducido como Caballero de Malta en 1944. Spada presidía o formaba parte del consejo de administración de una asombrosa serie de participaciones que Nogara adquirió. A finales de la década de 1960, sólo se mencionan algunas de las más importantes (y su capital): Fue vicepresidente del Banco di Roma (uno de los mayores bancos de Italia, históricamente asociado a la nobleza negra de Roma), y se sentó en el consejo de su filial suiza; la mayor compañía nacional de gas de Italia, Società Italiana per il Gas (37.412 millones de liras); presidente de la compañía de seguros Riunione Adriatica di Sicurtà, con sede en Trieste (4. 320.000 millones de liras); vicepresidente y director general de L’Assicuratrice Italiana; vicepresidente de la Unione Subalpina di Assicurazioni y de Lavoro e Sicurtà (750 millones de liras); Shell Italiana, la filial italiana de Royal Dutch Shell (129.000 millones de liras invertidos en Italia); vicepresidente del Istituto Bancario Italiano (10.000 millones de liras) y del Credito Commerciale di Cremona (2.000 millones de liras); consejero de la Banca Privata Finanzaria; consejero de los grandes holdings financieros Società Meridionale Finanziaria (122.000 millones de liras) y del Istituto Centrale Finanziario (150 millones de liras) vicepresidente de la Finanzaria Industriale e Commerciale; presidente de la Banca Cattolica del Veneto (3.000 millones de liras); consejo de administración de FINSIDER, sociedad de cartera controlada por el Estado (195.000 millones de liras), que forma parte del IRI, el Istituto per la Ricostruzione Industriale, formado durante el régimen fascista, que constituía el mayor cártel del país y controlaba los mayores astilleros; la naviera Italia; la compañía aérea Alitalia; Alfa Romeo; y todo el sistema telefónico. FINSIDER producía entonces más del 90% del acero italiano y era la columna vertebral del IRI. Spada fue también miembro del consejo de administración o ejecutivo de docenas de bancos, seguros y empresas industriales. En 1963 fue nombrado Chambelán Privado de Espada y Capa, uno de los títulos más altos del Vaticano, que también ostentaba su hermano Filippo[11].

Con todo este enorme poder, y a pesar de su posición de liderazgo en la Iglesia Católica, Spada patrocinó el ascenso de Michele Sindona como uno de los “hombres de confianza” del Vaticano. Su elección fue de lo más peculiar, no sólo porque Sindona había sido fascista durante la guerra, sino porque durante ese tiempo había establecido conexiones (a través del mafioso estadounidense Vito Genovese, relacionado con la OSS) con las familias del crimen Inzerillo y Gambino, para las que blanqueaba el dinero de la heroína.

Repasando el cuadro esbozado más arriba, nos encontramos con que una intrincada red financiera tejida originalmente por el conde Giuseppe Volpi di Misurata y sus amigos y socios aristocráticos venecianos, como Bernardino Nogara, había crecido en 1960 hasta incluir a Michele Sindona, que financiaba uno de los activos más importantes del Gladio, el “Príncipe Negro” Borghese. Sindona también “fue uno de los canales, tal vez uno de los más importantes, para respaldar” los intentos de golpe de Estado de 1970-74, como dicen Greene y Massignani. Más tarde, Sindona patrocinó el ascenso de Roberto Calvi, del Banco Ambrosiano, el financiero de la P2 que fue encontrado colgado bajo el puente de Blackfriars en Londres en 1982, en un asesinato masónico ritual. Y, cuando estallaron los escándalos financieros de la P2, uno de los detenidos como figura clave en ellos, fue Massimo Spada, el protegido del amigo de Volpi, Nogara.

La membresía de la SMOM centrada en Roma, ostensiblemente católica -y por lo tanto ostensiblemente antifranquista-, se solapaba con la logia masónica P2, presuntamente “anticlerical”; eran los “gemelos” de la oligarquía italiana centrada en Venecia.

El sistema monetario internacional de gestión privada está ahora colapsando, y la desesperada oligarquía financiera está tratando de consolidar un nuevo fascismo mundial, impulsado por nuevas olas de terror, como el 11 de septiembre y los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. En este contexto, gran parte de la superestructura del Gladio está siendo expuesta finalmente por quienes se oponen a este nuevo fascismo. Esas revelaciones son esenciales. Pero, debemos ir aún más profundo, para levantar el velo de “los antiguos”, y a través de ellos de la Sinarquía a la que han dado nacimiento, de la que siguen siendo un componente crucial.

 

Del Mediterráneo al Atlántico: El nuevo imperio anglo-veneciano de la nobleza negra

 

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Notas a pie de página

[1] El material de esta reseña que concierne directamente a Borghese ha sido extraído casi en su totalidad de Greene y Massignani. Se puede encontrar material adicional sobre Gladio en el libro de Daniele Ganser, NATO’s Secret Armies (Londres, 2005), “Secret Warfare: Gladio”, de Arthur E. Rowse, “Gladio: The Secret U.S. War to Subvert Italian Democracy”, de Arthur E. Rowse, y los trabajos de LaRouche y sus asociados. Este último incluye “Strategy of Tension: El caso de Italia”, una serie indispensable de cuatro partes de Claudio Celani, publicada por primera vez en EIR, y “El legado del terror: Schacht, Skorzeny, Allen Dulles”, de Michael Liebig. Estos dos artículos se volvieron a publicar, junto con resúmenes de LaRouche, y numerosos otros estudios, en el Informe Especial, El resurgimiento sinarquista detrás del atentado contra el tren de Madrid del 11 de marzo de 2004, publicado por el comité de campaña de LaRouche en 2004.

[2] Charles Higham, American Swastika (Nueva York: Doubleday & Company, 1985), p. 198.

[3] El senador Giovanni Pellegrino, que presidió la comisión parlamentaria italiana de 1994-2001 que investigó tanto el terrorismo orquestado por Gladio como la forma en que los servicios secretos italianos lo encubrieron, dijo que D’Amato “era un viejo agente angloamericano, cuya carrera comenzó poco después de la Liberación bajo la dirección de James Angleton”. Bajo la protección de Angleton, dijo Pellegrino, “D’Amato se convirtió en superintendente de la Secretaría Especial del Pacto Atlántico, el funcionario más estratégico de nuestro aparato, ya que es la conexión entre la OTAN y los EE.UU.”. Desde su fundación al final de la guerra, la UAR se llenó de cientos de antiguos funcionarios de la República de Salò de Mussolini. D’Amato la dirigió de 1968 a 1974, el período de la “Estrategia de Tensión” de la OTAN.

[4] Dado que nunca se encontró un original en inglés del FM 30-31B, sino sólo traducciones al italiano de partes del mismo (durante el asalto a la villa de Gelli), algunos investigadores se preguntan si ese manual del Pentágono existió alguna vez. Sin embargo, los pasajes en italiano son totalmente coherentes con otros documentos del Pentágono de la misma época en general, como el infame plan de la Operación Northwoods del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, en el que se pedía desencadenar el terrorismo contra el interior de Estados Unidos, entre otras provocaciones clandestinas.

[5] Angleton y sus asociados en la OSS/CIA tuvieron una fascinación de por vida con el Trust, la operación de inteligencia conjunta anglo-americana/soviética que presentaba el uso de agentes dobles y triples. En realidad, los sinarquistas los utilizaron para manipular tanto a las potencias occidentales como a los soviéticos contra el Estado-nación, hacia una especie de condominio global. No es casualidad que el “legendario” jefe de contrainteligencia de la CIA, Angleton, no se diera cuenta de que su mentor y amigo íntimo durante décadas, Kim Philby, era un agente “soviético” (léase: de la confianza). Manteniendo su parte en la farsa, Philby anunció desde Moscú que había “disfrutado jugando con Angleton y Dulles”. Angleton y Dulles mantenían profundos contactos con el ala “internacionalista” de la inteligencia soviética, al igual que con los “fascistas universales” como Borghese. El objetivo compartido era la destrucción de los estados-nación en favor del dominio imperial mundial. Muchos de los activos “fascistas” de Angleton en la posguerra resultaron ser también activos soviéticos.

[6] Cuando la CMC se puso en marcha en Roma, su principal figura pública, el ex primer ministro pro-fascista de Hungría, Ferenc Nagy, anunció que contaba con un importante respaldo financiero, incluido el del Banco J. Henry Schroder y el Banco Seligman de Basilea. El Banco Seligman era un importante accionista de la CMC, y su director, Hans Seligman, formaba parte de los consejos de administración tanto de la CMC como de Permindex. Con J. Henry Schroder, Nagy había puesto en evidencia a una institución muy delicada, y el banco se apresuró a negar su afirmación. El banco J. Henry Schroder había estado íntimamente involucrado en los acuerdos financieros entre Dulles y los nazis desde los años 30 y, como jefe de la CIA, Dulles mantenía 50 millones de dólares en “fondos de contingencia” en Schroder bajo su único control. Véase William F. Wertz, Jr., “The Plot Against FDR: A Model for Bush’s Pinochet Plan Today”, EIR, 21 de enero de 2005.

Para más detalles sobre Permindex/CMC, incluyendo sus finanzas, véase un manuscrito de enero de 1970 de William Torbitt; el libro del fiscal del distrito de Nueva Orleans Jim Garrison, On the Trail of the Assassins; y el relato en la edición de 1992 del libro Dope, Inc: The Book That Drove Kissinger Crazy, de los autores de Executive Intelligence Review. EIR mantuvo una estrecha relación con Garrison hasta su muerte en 1992. El diario italiano de izquierdas Paese Sera también publicó una serie sobre CMC/Permindex en marzo de 1967, en la que se exponía que era una tapadera de enormes sumas de dinero que no tenían nada que ver con el “comercio”, se nombraban algunas de sus conexiones con la banca de élite y se describía a los miembros de su consejo de administración como exfascistas relacionados con la inteligencia angloamericana y derechistas fanáticos. Los anteriores escándalos relacionados con CMC/Permindex habían provocado un revuelo en el Parlamento y en otros lugares, lo que obligó a CMC/Permindex a abandonar Roma y trasladarse a Johannesburgo en 1962, el año antes de que la entidad orquestara el asesinato de Kennedy. Garrison observó que el gobierno italiano había expulsado a CMC/Permindex por “actividad de inteligencia subversiva”.

[7] El papel de la OTAN en la dirección de las Brigadas Rojas está documentado por Claudio Celani en “La Esfinge y los Gladiadores: Cómo el jefe de las Brigadas Rojas era un agente de los círculos fascistas controlados por la OTAN”, EIR, 21 de enero de 2005, basado en gran medida en un libro reciente del ex senador Sergio Flamigni, La Sfinge delle Brigate Rosse (La Esfinge de las Brigadas Rojas).

[8] El extraordinario poder financiero que Venecia aún tenía en el siglo XVIII fue documentado por el noble veneciano Carlo Antonio Marin, el historiador de Venecia Frederick Lane y otros. Su sistema de guerra cultural y espionaje en toda Europa también seguía siendo muy eficaz, como lo demuestra la campaña internacional del abad veneciano Antonio Conti, con sede en París, para intentar destruir la reputación del gran científico Gottfried Wilhelm Leibniz. El conde Cagliostro (Joseph Balsamo), agente del Consejo de los Diez de Venecia, organizó en 1785 el “asunto del collar de la reina”, el escándalo que, como observó Napoleón, fue el acto inaugural de la Revolución Francesa, un acontecimiento financiado y dirigido desde Gran Bretaña. Otro notorio espía veneciano de la misma época fue Casanova, que informaba directamente al trío interno del Consejo de los Diez, encapuchado y vestido de negro. El jefe de los Tres, con túnica escarlata, era conocido como el Inquisidor, y en Venecia se entendía que “Los Diez te enviarán a la cámara de tortura, pero los Tres te enviarán a la tumba”.

Schiller eligió situar su magistral retrato de los métodos del servicio de inteligencia veneciano, así como su alcance en toda Europa, en el siglo XVIII; está claro que no estaba escribiendo un asunto meramente “histórico”, como tampoco lo estaba el patriótico agente de inteligencia estadounidense James Fenimore Cooper, en su retrato escrito varias décadas después, aunque Cooper situó su relato siglos antes. Durante la Revolución Americana, Venecia puso su todavía considerable flota al servicio de los británicos.

[Uno de los notables financieros de Napoleón, el suegro de Borghese, fue el veneciano Salomón Morpurgo, que más tarde fundó la Assicurazioni Generali di Venezia e Trieste (Compañía General de Seguros de Venecia y Trieste). Desde entonces, Generali está dirigida por una especie de comité central de la oligarquía financiera y aristocrática europea. En el consejo de administración de Generali y de su compañía de seguros hermana, Riunione Adriatica di Sicurtà (RAS), en las últimas décadas, se encuentran nombres como Giustiniani, Orsini, Luzzatto (una antigua familia veneciana), Rothschild, el duque de Alba (cuyo antepasado asoló los Países Bajos para Felipe II de España) y Doria (financieros genoveses de los Habsburgo). El presidente de la RAS fue en un momento dado el padrino de Sindona, el príncipe Massimo Spada, mientras que el conde Giuseppe Volpi di Misurata presidió la Generali entre 1938 y 1943. Si el golpe de 1964 hubiera tenido éxito, los conspiradores planeaban instalar a Cesare Merzagora, presidente de Generali de 1968 a 1979. El actual presidente de Generali es Antoine Bernheim, socio principal de Lazard Frères, y miembro de una de las cuatro familias que controlan Lazard, pilar de la Sinarquía internacional. La hija de Bernheim se casó con el príncipe Orsini.

Generali y RAS no son más que dos hilos importantes de un entramado mucho más amplio de familias y finanzas, pero ilustran las direcciones en las que hay que mirar para descubrir el “puerto” que se esconde detrás de la “Autoridad Portuaria” custodiada por el jefe de P2, Licio Gelli, como dijo perspicazmente el senador Pellegrino.

[10] Las actividades de Foscari, Volpi y otros, como producto de las operaciones venecianas durante siglos en el Imperio Otomano, se elaboran en The Roots of the Trust, de Allen y Rachel Douglas (ms. inédito, 688 páginas, 1997).

[11] La lista parcial de las oficinas corporativas de Spada está tomada de Conrado Pallenberg, The Vatican Finances, (Londres: Peter Owen, 1971).

 

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Fuente:

Allen Douglas, en Executive Intelligence Review: Italy’s Black Prince: Terror War Against the Nation-State. 4 de febrero de 2005.

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