El control de los canales de distribución (La revancha del cártel de los barones)

Canales de distribución. No solemos estudiar mucho la historia, al menos no la historia que importa, por lo que muy pocas personas recuerdan las acciones antimonopolio que derrocaron a Standard Oil, que dieron lugar al FMI y que desataron la venganza del cártel de barones contra inocentes de aquí a Bangkok.

J.D. Rockefeller y los Barones de los Ferrocarriles descubrieron algo muy importante: Se puede controlar ambos extremos de cualquier cosa conectada y dependiente de un corredor de transporte; ya sean personas que viajan de Boston a Nueva York en un elegante tren de pasajeros, ya sea trigo transportado de Kansas a Wyoming en un tren de carga viejo y desvencijado, o ya sea el petróleo que se bombea de Beeville a Galveston, Texas. El acceso a lo que esté en el otro extremo de la línea es lo que impulsa el mercado, y los intermediarios que controlan las tuberías, las redes eléctricas, trenes, camiones y aviones, controlan los mercados a través del control del transporte.

En términos simples, se puede pensar en esto como el control de los canales de distribución, u oleoductos, la especialidad de J.D. Rockefeller. Porque se trata de “oleoductos” de un tipo u otro: oleoductos de medicamentos, oleoductos de servicios, oleoductos bancarios, oleoductos de productos básicos, oleoductos de información, incluso oleoductos de oleoductos.

Cada sistema que transporta algo o alguien, desde el punto A al punto B, es un oleoducto, y esa es justo la forma en que que J.D. Rockefeller vio el mundo.

Controla el canal de distribución y controlarás a los productores de lo que sea que se entregue a través de aquellos, así como a los Consumidores que esperan el producto al otro extremo del oleoducto.

De ese modo, Standard Oil, que no era realmente una compañía petrolera, conquistó el mundo. Simplemente controlaba el transporte de petróleo, tanto el petróleo crudo que pasaba de los pozos a las refinerías, como el producto refinado que iba a los muelles y buques cisterna y patios de ferrocarril.

Con el movimiento de un bolígrafo, Rockefeller podía imponer tarifas adicionales a los productores y gravar a los consumidores. Su posición no era diferente del poder coercitivo de un gobierno. Y ahí radica el problema, la pista y la respuesta a lo que le ha sucedido a los Estados Unidos desde 1922.

El negocio de proporcionar servicios gubernamentales es solamente otro canal de distribución.

Así lo vio J.D. Así lo vio Nelson. Así lo vieron todos los Rockefeller, y todavía lo ven hasta el día de hoy.

En un extremo del oleoducto del gobierno, se encuentran los Proveedores de Servicios, todos esos empleados y programas del Gobierno. En el otro extremo del canal de distribución del gobierno están todas aquellas personas que se han vuelto dependientes de los servicios del gobierno. Y en medio de ambos está la capacidad de controlar todo y gravar a todos a través de su propia corporación engañosamente nombrada: el Servicio Postal de los EE.UU. (U.S. Postal Service), en vez de la Oficina de Correos de los EE.UU. (U.S. Post Office); o el Departamento de el Tesoro (Department of the Treasury), en vez del Treasury Department.

(Nota del Editor: Anna von Reitz se refiere a que los nombres de estas instancias gubernamentales han sido cambiados para usarse como corporaciones, del mismo modo en que la corona británica y el Vaticano han usado a los Estados Unidos como una corporación para lucrar, por ejemplo, trasladando el dinero de los contribuyentes al Banco de Inglaterra).

 

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Entonces, hay un grupo —los empleados públicos— que están motivados para estimular la necesidad de sus servicios, y otro grupo que maldice a los políticos si esos servicios no están disponibles, o si son lentos o inapropiados de alguna manera. Y en medio de ambos, tenemos a los propietarios del canal de distribución, que dictan absolutamente todas las reglas, incluido el precio de todos estos “servicios”.

Si bien los empleados públicos y los sindicatos de empleados públicos suelen ser el objetivo más obvio de los reclamos, también lo son todas las personas que claman por más beneficios gratuitos, más servicios y más dinero gastado en ellos. Pero el verdadero problema son los propietarios de los canales de distribución y debemos enfocarnos en ellos.

 

La revancha del cártel de los barones

J.D. Rockefeller tuvo dificultades cuando “el gobierno” desmanteló Standard Oil, por lo que él y sus amigos decidieron desmantelar el gobierno y hasta lo hicieron mofándose. ¿De qué forma? Convirtiéndolo en una operación de distribución.

Como de costumbre, ellos no tienen brújula moral en nada de esto. Ni siquiera pensaron en los países a los que vendían lo distribuido a través de este canal. No se molestaron en mentirles a las víctimas inocentes sobre sus planes. Todo lo que pensaban era en ganancias y control.

Durante más de cien años, los barones de la distribución se han beneficiado a expensas de miles de millones de personas, de vidas truncadas, miserables y poco saludables. Y a ellos no les ha importado en absoluto.

Ya sea petróleo o ayuda a familias con hijos dependientes, el truco ha sido el mismo: controlar el canal de distribución y, por lo tanto, controlar ambos extremos del oleoducto, es decir, de los “mercados” conectados por el mismo.

Entonces, ¿quién es el propietario de los canales de distribución del gobierno? ¿Quién se sienta en la Junta de Directores del GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS (INC.)? ¿A quién pertenece el Fondo Monetario Internacional? (Como pista, fue iniciado por Standard Oil). ¿Quién posee la Reserva Federal? ¿A quién pertenece el Departamento del Tesoro?

Todo lo que se necesita es un buen investigador privado con algunos contactos en la industria. La mayor parte es registro público, de una forma u otra. En un mes de trabajo arduo, se puede rastrear cada canal de distribución de servicios gubernamentales, cada miembro de la Junta, cada CEO.

¿Quién está a cargo del Fondo de Estabilización de Intercambio? El presidente Trump y el secretario Mnuchin.

¿Quién es el presidente del Consejo de Seguridad Nacional? El Presidente Trump.

¿Quién está a cargo de la Conferencia de Gobernadores?

¿Qué es una “Liga municipal”?, ¿Comisión Trilateral?, ¿Consejo de Relaciones Exteriores?, ¿Consejo de Gobiernos del Estado?, ¿Consejo de Gobiernos del Condado?

¿Y qué son exactamente todas estas agencias no autorizadas, anti-constitucionales, no elegidas y no oficiales?

 

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Todos ellos son los operadores de los canales de distribución. Están usurpando y controlando todos los aspectos de los servicios gubernamentales.

Están de pie en el fondo diciéndole a Janet Reno que incendie los Branch Davidians. “Dispara a la esposa y al pequeño bebé de Randy Weaver. Asesina a LaVoy Finicum”. Y se están saliendo con la suya bajo el color de la “ley”, porque poseen y operan a los Pinkerton, las fuerzas de seguridad privadas representadas por todos los agentes de la ley.

Todo este sistema de opresión surgió de los corredores de transferencia de ferrocarril (canales de distribución para personas y productos básicos), de los sistemas de transferencia bancaria (canales de distribución para transacciones financieras) y de las organizaciones de servicios de programa (canales de distribución para servicios “públicos”). Y todos ellos llevan el sello de J.D. Rockefeller y de sus hijos y compinches de bella época —los Vanderbilt, los Warburg, los Carnegie, los Astor, los Winchester, los Edison, y todo el resto de linajes que, de una forma u otra, han estado involucrados en los diversos tipos de canales de distribución.

Y que aún lo están, en detrimento de toda la Tierra y de todos los que estamos en ella.

Se las han ingeniado para dirigir el gobierno como un conglomerado de empresas privadas de canales de distribución y han privatizado las funciones del gobierno hasta el punto de que ya no hay gobierno. Y ahora están volviendo a casa, buscando el sueño que aniquilaron, solo para descubrir que los amigos y vecinos que traicionaron están despertando.

¿Cincuenta años “extra” del Plan Marshall? ¿Setenta y cinco años extra del Impuesto de Victoria? ¿Haciendo quebrar el “Sistema de la Reserva Federal”? ¿Robando los recibos de los bonos de fondo colocados en nuestros “buques” sin nuestro conocimiento, con todos los seguros pagados por nosotros? ¿Robando nuestras identidades a través de personas que lucen como trabajadores del gobierno y empleados de hospitales? ¿Robando nuestro ADN y clasificándolo como “ADN desechado” a través de empleados de hospitales y policías falsos que nos siguen hasta en los baños públicos con la esperanza de obtener una colilla o una servilleta usada? ¿Hipotecando nuestras casas para pagar las deudas de “organizaciones de servicios” extranjeras?

Todo se trata de los canales de distribución, amigos.

 

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Fuente:

Anna Von Reitz — Revenge of the Robber Barons.

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