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La alianza del BRICS como antídoto a la nulidad intelectual del relativismo cultural imperialista occidental

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El relativismo cultural sostiene que no hay verdades morales universales, sino que todas las verdades morales son relativas a las culturas particulares. Sin duda es una teoría seductora que ofrece muchas ventajas atractivas, como la tolerancia, la apertura mental y un antídoto contra el dogmatismo. Sin embargo, bajo este atractivo barniz se esconden consecuencias inquietantes como las que advierte el filósofo Matthew Ehret.

 

Por Matthew Ehret

El rampante sesgo antichino (y ruso) que impera en la sociedad actual tiene mucho que ver con el hecho de que la gente ha sido condicionada por una visión del mundo muy desordenada conocida como “relativismo cultural”. Aunque es atractiva en la superficie debido a su promoción del “respeto y la tolerancia” hacia otras culturas, por un lado, y su condena del imperialismo, por otro, bajo la superficie de dicha ideología se esconde una fea paradoja que, irónicamente, facilita el control del imperialismo moderno sobre el mundo. La paradoja se ve más fácilmente al exponer el supuesto central del razonamiento que se encuentra en la base de toda la teoría relativista cultural que sigue:

SUPUESTO: Dado que cada cultura es única e igualmente valiosa, ninguna cultura tiene derecho a influir en otra, ya que: A) toda influencia sólo podría ejercerse por la fuerza del más fuerte sobre el más débil y B) si tal influencia se produjera, sólo podría ser en detrimento de la cultura que está siendo “influenciada”.

CONCLUSIÓN: La polinización cruzada de culturas nunca puede producirse de forma orgánica, ya que no hay nada intrínsecamente universal entre todas las culturas que pueda servir de base para sus intercambios poéticos, artísticos y científicos. Dado que todos los grupos culturales no contienen ninguna universalidad, la “verdad” se reduce a la experiencia personal subjetiva de cada cultura. La propia definición de “conocimiento” y “verdad” queda así totalmente impotente.

Surge así un embarazoso problema moral y político.

Dado que la “totalidad” de la humanidad existe objetivamente en forma de muchos pueblos, culturas y naciones repartidos por la superficie de la tierra en el espacio y el tiempo, es un hecho que las culturas coexistirán y deberán hacerlo. Las preguntas que se plantean son las siguientes: ¿en qué forma coexistirán esas culturas y cómo se definirá el conjunto? ¿Cómo pueden las diversas culturas interactuar entre sí de forma que cada una aporte lo mejor de sus propios descubrimientos y tesoros poéticos con sus vecinos si no existe algo “mejor o peor” (ya que todo es relativo a la experiencia personal y a los “sentimientos”)? ¿Cómo puede existir una armonía de las partes en relación con un todo si no existe “la verdad y la belleza” (o inversamente “la mentira y la fealdad”)? ¿Cómo puede la mente de uno dejar de convertirse en un excremento sin razón?

 

Gemelos feos: Relativismo cultural y geopolítica imperial

Según afirmaron ciegamente “filósofos geopolíticos” modernos como Samuel Huntington y Sir Bernard Lewis, cuya ideología ejerce una influencia tan poderosa sobre el pensamiento occidental actual, la humanidad sólo podría existir como una suma de partes infinitamente divisibles dentro de un “mosaico multicultural”, ignorándose en el mejor de los casos y tolerando las diferencias, pero sin tomarse nunca el tiempo de comprender o apreciar nuestras similitudes.

Huntington llegó a la famosa conclusión, en su influyente libro “Choque de civilizaciones”, de que la paz en la tierra es fundamentalmente imposible, ya que el confucianismo, el hinduismo, el islamismo, el cristianismo y el judaísmo son fundamentalmente incapaces de coexistir pacíficamente debido a sus distintas ideologías y diferencias intrínsecas. Esta perspectiva cínica niega fundamentalmente las características paralelas de cada cultura y los descubrimientos comunes que se esconden tras las diferentes apariencias, pero que contienen la misma sustancia de Amor, Justicia, Verdad, Belleza y moralidad que da forma al universo y a la condición humana como expresión viva de la fuerza que guía el desarrollo creativo de ese universo.

 

La realidad del progreso universal

El hecho molesto que pensadores como Huntington y sus seguidores deciden ignorar es que los mayores renacimientos y tasas de progreso registrados en la experiencia humana nunca se produjeron por grupos culturales distintos que simplemente se transformaran al azar, o que hicieran lo mismo que sus antepasados, sino que todos los períodos de progreso fueron moldeados por la polinización cruzada de las mejores ideas de varias culturas, Nunca se ha sustituido un conjunto de ideas por otro, ni se ha añadido un conjunto de ideas a otro, sino que se han creado nuevos conjuntos que son más que la suma de sus partes y que contienen grados cada vez mayores de poder para descubrir y comunicar creativamente las verdades de los principios universales que guían a la humanidad y a la naturaleza. Esta es la definición y el propósito correctos de la “ciencia” y el “arte” y sus efectos como progreso tecnológico tal como se expresa en TODAS las culturas.

 

La explosión demográfica no es una prueba de que la humanidad sea un cáncer, como quieren hacer algunos ecologistas modernos equivocados, sino que somos una especie en constante perfectibilidad.

La explosión demográfica no es una prueba de que la humanidad sea un cáncer, como quieren hacer algunos ecologistas modernos equivocados, sino que somos una especie en constante perfectibilidad.

 

Así fue cuando los griegos Solón, Pitágoras y Platón se aventuraron al norte de África para aprender los mayores descubrimientos filosóficos y científicos de su época. Fue así cuando las grandes ideas de India y China se cruzaron durante el periodo Gupta. Fue cierto cuando las ideas y modos de pensar africanos/griegos fueron redescubiertos y aplicados por los eruditos judíos, cristianos y árabes que organizaron la gran Alianza Ecuménica del siglo VIII del Imperio Carolingio bajo el liderazgo del Califa de Bagdad y Carlomagno. Volvió a ser una realidad cuando la dinastía abasí y el posterior Renacimiento andalusí, cuando eruditos islámicos como Haroun Al-Rashid e Ibn Sina volvieron a recopilar las mayores obras poéticas y científicas de Oriente y Occidente para reformar el mundo islámico. También fue cierto cuando esas mismas obras griegas/africanas/árabes se transmitieron luego al mundo cristiano en forma del renacimiento florentino del siglo XV, cuya aplicación supuso el mayor aumento de la densidad de población potencial que jamás haya experimentado la humanidad. (1)

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El principio del renacimiento, cuya obediencia legal es tan vital para el éxito de la supervivencia de la especie humana, se expresa en la historia de todas las grandes culturas en distintos periodos. En la foto de arriba aparecen varios representantes destacados (fila superior): El cardenal Nicolás de Cusa, el rabino Filón de Alejandría y el Ibn Sina (fila inferior): Confucio, Platón y el líder del Imperio Gupta Chandragupta I.

El principio del renacimiento, cuya obediencia legal es tan vital para el éxito de la supervivencia de la especie humana, se expresa en la historia de todas las grandes culturas en distintos periodos. En la foto de arriba aparecen varios representantes destacados (fila superior): El cardenal Nicolás de Cusa, el rabino Filón de Alejandría y el Ibn Sina (fila inferior): Confucio, Platón y el líder del Imperio Gupta Chandragupta I.

 

La Nueva Ruta de la Seda se manifiesta como la base de un nuevo renacimiento mundial

Hoy en día, ha surgido un nuevo paradigma a través del proceso multicultural de los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghai y la Nueva Ruta de la Seda. Este nuevo paradigma no se basa en una coexistencia pasiva de las partes gestionada por un Leviatán hobbesiano, sino en el compromiso con objetivos y principios de progreso comunes a los que aspiran todas las culturas participantes. Como dijo claramente el presidente chino Xi Jinping en su discurso del 6 de noviembre de 2019 en la Exposición Internacional de China:

“De los problemas a los que se enfrenta la economía mundial, ninguno puede ser resuelto por un solo país. Todos debemos poner en primer lugar el bien común de la humanidad en lugar de anteponer el interés propio a todos… Tengo fe en las brillantes perspectivas del desarrollo económico de China. El desarrollo de China, visto a través de la lente de la historia, es parte integral de la elevada causa del progreso humano… La civilización china siempre ha valorado la paz bajo el cielo y la armonía entre las naciones. Trabajemos todos con ese espíritu y contribuyamos a una economía global abierta y a una comunidad con un futuro compartido para la humanidad”

Esto no es retórica.

Es el estado natural de la humanidad cuando permitimos que nuestra razón creativa dé forma activa a la experiencia de nuestros sentidos en lugar de permitir que nuestros sentidos ciegos den forma a nuestra razón. La experiencia colectiva de la historia universal y del progreso humano atestigua que esta perspectiva es la forma natural en que los seres humanos sobreviven y crecen dentro del universo cuyo Creador puede ser llamado de muchas maneras, pero cuya ley de la razón moral y creativa es la misma. Seamos confucianos, musulmanes, judíos, budistas, hindúes o cristianos, nos diferenciamos absolutamente de los demás seres vivos por nuestra capacidad de descubrir y cambiar los principios de la creación, haciendo que nuestras vidas sean más felices, tengan más sentido y garanticen una paz y una seguridad cada vez mayores para las generaciones venideras.

 

Nota

(1) Esto fue desarrollado maravillosamente en un discurso de 2003 sobre un Diálogo de Culturas preparado por la presidenta del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche.

Fuente:

Matthew Ehret: The BRICS as an Antidote to the Intellectual Nothingness of Cultural Relativism.

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