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por Israel Shamir

Me gustan las teorías de la conspiración porque intentan dar significado a conjuntos variados de hechos que de otra manera no tendrían sentido; o como diría nuestro amigo E. Michael Jones: aportan logos a nuestra vida. Un enemigo de las teorías de la conspiración describió a Sir Isaac Newton —en el New York Times— como un famoso teórico de la conspiración, porque a partir de hechos totalmente desconectados como caídas de manzanas, bombeo de agua y bombardeos de artillería, inventó la teoría de la conspiración de la gravitación alegando que los cuerpos se atraen mutuamente de una manera proporcional a su masa. Podría decirse que esto es obviamente falso, pues la fórmula de atracción que impera en casi cualquier playa del mundo es la de la proporcionalidad inversa: Los chicos y chicas delgados atraen mucho más miradas que los obesos, y la mutualidad no entra en esta ecuación. Sin embargo, el engaño gravitacional de Newton se sigue enseñando en las escuelas. Y, según el mencionado artículo del New York Times, eso se reduce simplemente a “difundir mentiras infundadas y tonterías demostradas sobre rumores falsos”.

El gran pánico del coronavirus del año 2020 de la era moderna, con sus enormes consecuencias, es un evento que requiere una explicación sensata. ¿Cómo es que una enfermedad menor que mata a una parte infinitesimal de la población (0.000045) ha podido hacer colapsar nuestra civilización tal como la conocíamos? ¿Por qué una civilización que resistió con fuerza el asesinato de la flor de su juventud en su apogeo en los campos de Verdun y Stalingrado no ha podido sobrevivir a la desaparición super-anuncinada de unos pocos hombres y, en cambio, decidió retirarse al autoaislamiento, renunciando a la fe, al amor al prójimo, a la oposición contra los viejos enemigos, optando además por destruir su economía, educación y reproductividad?

Uno querría encontrar una teoría de la conspiración para explicarlo. ¿Quién lo hizo? ¿Quién encerró miles de millones de almas bajo arresto domiciliario? ¿Quien causó que hombres y mujeres se vieran como una fuente de peligro mortal en lugar de amigos potenciales o incluso amantes? ¿Quién convirtió iglesias, mezquitas y sinagogas en edificios vacíos e innecesarios? Hay muchas fuerzas que disfrutaron de la ganancia inesperada que ha acompañado a esta crisis, y muchas ya estaban preparadas para ello desde hace mucho tiempo. Pero también hay una explicación no conspirativa:

Tal vez estemos a punto de experimentar un cambio tan sistémico que ninguna fuerza aislada podría lograr; un cambio sistémico de magnitud invisible que se ha venido fraguando desde hace cientos de años.

Todavía estamos en una etapa temprana de la transformación en curso; todavía esperamos que termine en el verano, o al menos en otoño, o el próximo invierno, pero lo más probable es que nuestra vida, tal como la conocíamos, haya terminado. ¿Podemos echarle la culpa al virus, incluso si fue fabricado en los laboratorios malvados de los Estados Unidos o China, como ha sugerido convincentemente Ron Unz? Hay millones de virus, y la humanidad había logrado vivir con todos ellos. No había razón para asustarse y destruir nuestra civilización por un virus más.

Imagine a un hombre que recibió una carta de Nigeria, prometiéndole millones de dólares; y vendió su casa, pidió un préstamo, y envió a su esposa e hijos a mendigar en la calle para recaudar los millones nigerianos. No sería válido decir que “la carta nigeriana provocó su debacle”, pues mucha gente ha recibido ese tipo de cartas nigerianas. Sin embargo, fue un hombre en específico el que actuó como él. Sin duda, la carta fue un intento desagradable de defraudarlo, pero el problema —y error— fue suyo, no de la carta nigeriana.

La transición histórica más reciente de tal magnitud se produjo a finales del siglo XVII; y se le llamó Revolución Industrial. En esa transición, los dueños de las fábricas comenzaron a reemplazar su mano de obra calificada por máquinas económicas, y los trabajadores perdieron sus trabajos, medios de vida y autoestima. En 1811, los trabajadores formaron el movimiento ludita. Los luditas irrumpieron en fábricas y aplastaron máquinas textiles. El movimiento se extinguió en 1816. Los trabajadores fueron derrotados (muchos de ellos escaparon a Estados Unidos), y la burguesía británica prosperó. Pasaron muchos años hasta que los trabajadores recuperaron algunos de sus puestos anteriores en la sociedad, principalmente debido a la amenaza de la revolución comunista.

Ahora estamos llegando a la nueva Revolución Digital, con trabajadores reemplazados por computadoras inteligentes y un futuro controlado por la Inteligencia Artificial. Millones de trabajadores de oficina ya funcionan como una interfaz humana para las computadoras. Es posible que haya notado esto mientras habla con ellos: están capacitados para evitar tomar decisiones; ellos dicen oraciones que fueron escritas para ellos, y las decisiones son tomadas por la computadora, que fue programada para hacer la voluntad de sus amos. Como los bloqueos y cuarentenas de la crisis actual han forzado a millones a comunicarse directamente a través de las computadoras, muchos trabajadores se han vuelto superfluos.

Es probable que el proceso de despedir a millones de trabajadores en el sistema económico existente sea doloroso para los desempleados. La cuarentena y el ascenso del control digital desencadenados con el virus permiten a los propietarios de las compañías digitales llevar a cabo la revolución con riesgos mínimos para ellos. Una imposición que habría necesitado de la participación del ejército y la policía contra los rebeldes desempleados, se ha podido lograr con mucha más facilidad proliferando la amenaza de la pandemia. La economía se modernizará y se hará más eficiente. Por desgracia, incluso si evitáramos la toma total del control por la inteligencia artificial, no espera el mismo destino de los tejedores altamente calificados en la Inglaterra del siglo XVIII.

Probablemente la noticia más aterradora no sea el número de “infectados”. Es una cifra sin sentido, pues hay portadores persistentes que no sucumben a la enfermedad; la gran mayoría de los “infectados” son asintomáticos, lo que significa que no están enfermos y no son infecciosos; el número de “infectados” está en proporción directa al número de pruebas; las pruebas son dudosas en el mejor de los casos, y ninguna se verifica mediante los métodos aceptados en la medicina previa a la crisis de coronavirus, mientras que la metodología aprobada y aplicada por la OMS no puede describirse como científica. No se trata de muertes, ya que no hemos experimentado más muertes que en 2018. Además, en muchos países, especialmente en Francia y en Noruega, hay un 30% menos de muertes en ciertas semanas de abril y mayo en este año que en el año pasado.

La noticia más aterradora es que la plataforma de videollamadas y reuniones virtuales, Zoom, ya vale más que las siete aerolíneas más grandes. Estas aerolíneas con su mano de obra acumulada (millones de horas de trabajo, cientos de miles de empleados, pilotos altamente capacitados, masas de equipos sofisticados) simplemente ya no pueden valer tanto como un software desarrollado en un mes por unos pocos programadores y que puede volverse a crear otra vez en un mes. El dinero y los precios del mercado de valores son herramientas útiles si miden los esfuerzos humanos; pero ya no es así. Lo que comenzó con los banqueros ganando más dinero en un día que cien trabajadores e ingenieros calificados en su vida, terminó con los señores de alta tecnología ganando más de lo que un millón de trabajadores ganaron en toda su vida. Significa que el gran dinero apostó por la economía digital, una alianza hecha en el infierno, mientras que la economía real se jugó la vida. El gran dinero decidió que ya no volaremos más. Ellos, los nuevos amos, seguirán volando en sus jets privados; pero la era del acceso masivo ha terminado. Tendremos que intentar satisfacernos con con Zoom y con PornHub, en vez de ir por la experiencia real.

Sumado a esto, tenemos el precio negativo futuro del petróleo y los centros de emisión emitiendo más y más dinero, tratando de sofocar el fuego con gasolina. Eso puede darnos una idea del mundo venidero. Probablemente no haya lugar para nosotros en ese mundo.

¿Es la gran actualización tecnológica de la Inteligencia Artificial una necesidad objetiva, y eventualmente traerá bien a la humanidad? Quizás. Pero eso no significa que el proceso deba ser desarrollado por el gran dinero y la economía digital, ni explicado por los medios de comunicación de masas, ni justificado mediante horrores biológicos emprendidos a expensas públicas. Debería hacerse de manera diferente si es que queremos preservar los logros del largo tramo de paz que va de 1945 a 2020.

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El gran dinero y los dígitos son solo sombras del mundo real. El problema es que las sombras olvidaron su lugar legítimo a los pies de sus amos. “Los chicos bajitos que usan kipá todos los días y cuentan mi dinero”, en palabras de Trump, aprendieron la habilidad de convertir el dinero de Trump (y el tuyo) en su dinero. Si tienen tanto dinero, establecen las prioridades, desplazando aún más al mundo real y a las personas reales hacia las sombras. Por lo tanto, la verdadera solución al problema no es una vacuna ni una cuarentena, sino devolver la “sombra” a su lugar legítimo a los pies del mundo real.

Las compañías digitales, llamadas GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft) tienen demasiado poder. Este poder necesita más control público para que no puedan prohibir medios de acceso gratuito ni adueñarse demasiado del mundo real. Estas cosas tienen que ser atendidas con urgencia. Covid es menos urgente, porque es solo una cortina de humo utilizada por GAFAM y sus hermanos para llevar a cabo su revolución digital de la manera más rentable (para ellos).

Y ahora volvamos a las teorías de conspiración. Si el virus es el gran destructor presentado, ¿por qué no sufrieron los países pobres con poco valor y sin alta tecnología? ¿Por qué la pobre Camboya no está devastada por Covid? Los camboyanos tienen poca atención médica y aceptaron una tripulación completa de pasajeros “infectados” del crucero Diamond Princess. También tienen miles de turistas chinos. Y no tienen Covid en su pobre país. ¿Por qué Mongolia, el vecino de China, no tiene Covid?

¿Por qué solo sufren los países ricos? ¿Por qué solo han sido afectados países con una poderosa prensa, con una conexión positiva con la OMS, y con una infraestructura desarrollada de alta tecnología que cuenta con sus propios señores digitales? ¿Podría ser simplemente que tienen algo que saquear? Tiene sentido saquear Bélgica, y los belgas tienen muchos casos de Covid. Pero no tiene sentido saquear Mongolia o Camboya. Si me has leído antes, también sabrás que tales cosas no pueden suceder por sí mismas. GAFAM es el motor principal y el beneficiario, mientras que Gates es el vínculo entre ellos y la OMS.

Sin la bendición de la OMS, ningún país consideraría la idea del bloqueo. La OMS ha aprendido mucho desde 2009, y decidió jugar al juego del Covid lo más fuerte que pudo. El presidente Trump tiene buenos instintos, incluso si proporciona explicaciones incorrectas. La OMS es de hecho un jugador central en la conspiración —incluso tuvieron que matar a un alto ejecutivo de la organización en enero de 2020, pues se opuso notablemente a clasificar el Covid como una pandemia. La OMS ofreció un soborno de 60 millones de dólares al presidente de Bielorrusia, Lukashenko, por encerrar a su nación, pero el presidente rechazó el soborno ya que se sintió responsable del bienestar de Bielorrusia. Y, de hecho, Bielorrusia libre tiene aproximadamente la misma proporción de infecciones y muertes de Covid que sus vecinos bloqueados Ucrania y Polonia. Polonia está un poco peor porque es una presa más gorda que la flaca Bielorrusia. La OMS incluso trató de sobornar a Madagascar, que desarrolló su propio tratamiento médico de baja tecnología para pacientes con Covid con resultados sorprendentemente buenos. La OMS ofreció un soborno a su presidente para decir que la gente murió por el tratamiento. (No es que Madagascar, siendo pobre, tuviera mucho de qué preocuparse).

El presidente Trump ha tenido motivos para estar descontento con China, ya que este gran país inventó la cuarentena como herramienta para combatir las epidemias en 2009, cuando el mundo estaba preocupado por la gripe porcina H1N1. Luego, China comenzó a practicar bloqueos masivos, poniendo en cuarentena ciudades enteras, declarando que cientos de miles están infectados, restringiendo los viajes aéreos y produciendo una vacuna. Las medidas se tomaron cuando solo 30 personas sucumbieron a la gripe, y la OMS se opuso a las acciones chinas. Finalmente, 3.000 murieron en los Estados Unidos y 800 en China. Los beneficios de la comercialización de la vacuna fueron enormes. “Ganancia inesperada para el Big Pharma”, informó Reuters. La OMS también se benefició y no informó sobre su propia participación. Así, se formó la asociación del Big Pharma-China-OMS, y dispuesta a repetir el antiguo guión a mayor escala. Y lo hicieron en 2020.

Los chinos no dudaron en bloquear a Wuhan en 2020, y esta vez, su ejemplo ha sido seguido por otros países. Los enemigos de China dicen que al difundir su modelo, los chinos querían atacar las economías de otros estados para comprar sus activos a bajo precio. Otros agregan que China bloqueó ciudades problemáticas como Wuhan, que se consideró que probablemente se rebelarían siguiendo el modelo de Hong Kong. Los Amigos de China dicen que la crítica contra China está relacionada con el deseo de Estados Unidos de incumplir su deuda de $ 1.3 billones con China. Y además, China había sido atacada muchas veces por armas biológicas estadounidenses, por lo que tenía que tener cuidado.

Digamos que China no obligó ni tenía la capacidad de obligar a ningún estado a usar su modelo. Por otro lado, la OMS y otras fuerzas en otros países reconocieron rápidamente las ventajas del bloqueo para ellos, y no fue por ninguna razón epidemiológica. Algunos querían obtener ganancias como lo hicieron en 2009, pero a mayor escala; algunos tenían razones políticas, elecciones, disturbios civiles; algunos querían poner a la gente común bajo su control. Y están teniendo éxito, a costa de nosotros y a expensas del mundo real.

El cierre actual ha llevado al mundo al borde de una sombría distopía totalitaria. Y a pesar de que la enfermedad real fue contenida, los autores del plan necesitan falsificaciones cada vez más crudas para demostrar lo contrario; su impulso por el control acaba de aumentar.

En Israel, todos tienen que instalar y usar la aplicación desarrollada por el Mossad para rastrear todos sus contactos. La aplicación puede enviarle al usuario un mensaje de texto como el siguiente:

“Pasaste cerca de una persona infectada por coronavirus; tienes que ir a casa de inmediato y quedarte en reclusión durante quince días”.

No se puede discutir con la aplicación, y la aplicación no pagará su hipoteca ni sus facturas de supermercado.

En Moscú, el régimen de control también se imparte a través de una aplicación. Una persona que ha visitado el hospital o incluso un médico, tiene que instalar la aplicación y enviar una selfie cada vez que la aplicación lo requiera, incluso en medio de la noche. La omisión de cumplir dentro de un minuto se castiga con una multa de 4000 rublos ($ 55 dólares estadounidenses). Por lo que si usted duerme mucho, tal vez despierte con un montón de estas multas.

El régimen de vigilancia y control de Moscú es extremadamente estricto. Debe solicitar un pase QR para salir de su casa, marcando su destino y el motivo. Las iglesias y parques no están listados como destinos permitidos. Solo unas pocas personas no están de acuerdo con el acuerdo. La gente en general se lo toma con calma. Comparten en Facebook su satisfacción con el sistema, entusiasmados porque fue fácil solicitar y recibir el pase. ¿Acaso no fue la educación recibida por Stalin de sus padres, o la esclavitud (hasta 1861) de sus ancestros más remotos lo que instaló este tipo de régimen de cumplimiento y obediencia? Lo he reflexionado, pero luego noté el informe del “amante de la libertad” Estado de Washington:

“El gobernador de Washington Jay Inslee (D) indicó que las personas que se nieguen a cooperar con los rastreadores de contacto no podrán abandonar sus hogares, ni siquiera para ir al supermercado o la farmacia”.

Por desgracia, las personas de todo el mundo son fácilmente flexibles ante la voluntad de las autoridades, especialmente si tienen miedo a la burocracia médica. Los latinoamericanos, gente supuestamente pasional y de sangre caliente, acataron plácidamente las regulaciones contra el Covid; pero antes de eso, obedecieron a sus tiranos y dictadores. En la Nueva Zelanda democrática se aprobó un proyecto de ley que otorga a la policía poderes radicales para ingresar potencialmente a los hogares sin órdenes judiciales para hacer cumplir las normas de Covid a pesar de las objeciones de la oposición. Incluso la Comisión de Derechos Humanos dijo que fue “un gran fracaso de nuestro proceso democrático”. El libro y la película “One Vow Over the Cuckoo’s Nest” nos recuerdan que no hay muchos rebeldes. La mayoría acepta incluso los regímenes más horribles. Estoy en contra del bloqueo porque valoro la libertad más de lo que valoro la vida, pero es solo una preferencia personal.

Para convencer a la gente, los impulsores del Covid dicen que lo hacen “para salvar a los viejos y vulnerables”. Esta es una mentira patética. En realidad, crearon un régimen extremadamente incómodo para las personas mayores. En Israel, hay un plan (aún por materializarse) para emitir un “parche verde” a las personas mayores de 60 años. Solo las personas que exhiben el parche verde pueden ingresar al espacio público. Una persona mayor puede ser arrestada y multada si no muestra el parche. El parche será emitido por la policía después de un chequeo médico y tendrá una validez de un año. Incluso los portadores de parches verdes tendrán prohibido volar. Eso no parece ser protección de los ancianos. Pero Israel no es el único. En Samoa Americana, las personas mayores de 60 años deben quedarse en casa, encarceladas. Usted puede consultar las limitaciones de la libertad natural que se han impuesto en diversos países para darse cuenta de cómo parecen estar compitiendo entre ellos para hacer la vida de sus ciudadanos lo más miserable que puedan. Le advierto que es una lectura deprimente.

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¿Fue necesario el bloqueo por razones puramente médicas? ¿Salvó vidas? No lo creo, pero el jurado aún está fuera. Sabremos la respuesta exacta dentro de un año. Si el Covid-19 desaparece, como sus predecesores (la gripe aviar de 2003 y la gripe porcina de 2009), el bloqueo no habrá sido una tan mala idea. Quizás no habrá sido realmente necesario, pues solo salvó a unas pocas personas a un costo social enorme. Pero no estuvo tan mal. Sin embargo, si resulta que el Covid-19 llegó para quedarse, volviendo con regularidad, el bloqueo no habrá tenido ningún sentido.

Los adeptos codiciosos tienden a pensar que deberíamos esperar la segunda ola, y más olas después. Algunos de ellos predican extender la cuarentena por un año o más. Eso no se debería hacer. Como especie, no sobreviviríamos a un arresto domiciliario tan prolongado. Lo más molesto es que insistan en imponer el uso de mascarillas, incluso guantes y distanciamiento social en este momento y para siempre. También bloquean los viajes internacionales. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, predijo que nuestra libertad de movimiento anterior al Covid no volverá.

Si bien no podemos descarrilar el progreso y detener la Revolución Digital, sí podemos terminar con el fraude y las restricciones extra-legales que intervienen nuestra libertad de movimiento. También debemos apreciar las pocas plataformas de comunicación verdaderamente independientes que nos quedan y que permiten expresar y compartir puntos de vista poco ortodoxos.

Daniel Estulin: El coronavirus como arma de pasaje al sexto paradigma tecnológico

 

Fuente:

Israel Shamir / The Unz Review — Coronavirus Conspiracies.

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