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Zepp-LaRouche: Llamado a los ciudadanos del Norte Global: ¡Debemos apoyar la construcción de un nuevo orden económico mundial justo!

El futuro de la paz mundial depende de ganar apoyo en el bloque occidental para cooperar con los Estados del BRICS-Plus. Este cambio estratégico no se debe a la influencia de “troles rusos” o “agresión china”, sino a un error estratégico de Estados Unidos y Gran Bretaña tras la Guerra Fría, que intentaron imponer el neoliberalismo en un mundo unipolar. La cumbre de los países del BRICS, que tendrá lugar del 22 al 24 de agosto en Johannesburgo, Sudáfrica, a pesar de todos los intentos occidentales de perturbarla, demostrará al mundo entero que ha surgido un nuevo orden económico mundial que abre un nuevo capítulo en la historia de la humanidad, y que busca poner fin al colonialismo y promover el desarrollo equitativo y la erradicación de la pobreza. Por ello, advierte Helga Zepp-LaRouche, los ciudadanos del Norte Global deben felicitarse de todo corazón por este acontecimiento y apoyarlo mediante la cooperación práctica.

 

 

Por Helga Zepp-LaRouche

La cumbre de los países del BRICS, que tendrá lugar del 22 al 24 de agosto en Johannesburgo, Sudáfrica, a pesar de todos los intentos occidentales de perturbarla, demostrará al mundo entero que ha surgido un nuevo orden económico mundial que abre un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. Las naciones del Sur Global, que ya representan la gran mayoría de la población mundial, están expresando su resolución efectiva de acabar para siempre con el pasado período de unos 600 años de colonialismo, y de establecer un sistema económico que fomente el desarrollo soberano y equitativo de todos los Estados de esta Tierra, la eliminación de la pobreza y la creación de un nivel de vida decente para todos. Nosotros, los ciudadanos del Norte Global, debemos felicitarnos de todo corazón por este acontecimiento y apoyarlo mediante la cooperación práctica.

Es esencial analizar correctamente cómo se ha producido este cambio tectónico en la situación estratégica. Esta formación de un nuevo modelo económico no es el resultado del trabajo de los “troles rusos” o de la “agresión china”, como nos quieren hacer creer los principales medios noticiosos. Más bien, es el resultado de un enorme error de cálculo estratégico por parte de fuerzas principalmente de Estados Unidos y Gran Bretaña, que, tras la disolución de la Unión Soviética, se consideraron erróneamente vencedores de la Guerra Fría, y derivaron de ello la licencia para imponer su modelo económico neoliberal en un mundo unipolar, y para aplicar los diversos métodos de “cambio de régimen” a todos los gobiernos que no quisieran ajustarse a este “orden basado en reglas”.

La oportunidad histórica de 1989, para establecer lo que entonces era un orden de paz perfectamente posible para el siglo 21, fue dilapidada y sustituida por la Doctrina Wolfowitz de los neoconservadores estadounidenses y las políticas de Brzezinski, diseñadas para cimentar el orden mundial unipolar dominado por Estados Unidos y Gran Bretaña, que decretaba que ninguna nación o grupo de naciones debía superar jamás a Estados Unidos económica, militar o políticamente.

Este supuesto “fin de la historia” que Fukuyama creía estar presenciando, implicaba la completa desregulación de los mercados y la amplia privatización de segmentos de la economía que anteriormente habían estado bajo control estatal. Ahora había poco que se interpusiera en el camino de la maximización de las ganancias en una economía de casino globalizada, lo que condujo a una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, y en última instancia al punto que Lyndon LaRouche había predicho en 1971, cuando el Presidente Nixon revocó los tipos de cambio fijos del sistema de Bretton Woods, a saber, la crisis sistémica del sistema financiero neoliberal, que se manifestó en el 2008 y que no se ha resuelto desde entonces, sino que sólo se ha pospuesto mediante la impresión ilimitada de dinero por parte de los bancos centrales, la llamada “emisión cuantitativa (EC)”.

Esta política, que benefició esencialmente a la especulación, provocó una compleja reacción contraria. China estaba dispuesta a participar en la globalización con sus políticas de reforma y apertura, pero en lugar de someterse al modelo de democracia neoliberal occidental, esta civilización de 5.000 años de antigüedad se volvió hacia su propia cultura, siguiendo el modelo del socialismo con características chinas, y puso así en marcha un milagro económico sin precedentes. La voluntad de China de compartir la experiencia de este exitoso modelo con otras naciones del Sur Global, en la forma de la Iniciativa de la Ruta de la Seda, condujo a un renacimiento del Movimiento de Países No Alineados y al renacimiento del “espíritu de Bandung”. Los países del Sur Global son dolorosamente conscientes del hecho de que el colonialismo ha persistido en su forma moderna —a saber, en las injustas condiciones comerciales y crediticias del sistema financiero liberal— de lo cual ya habían advertido el Presidente Sukarno y el Primer ministro Nehru en Bandung hace 68 años.

Este colonialismo no terminó tras el final de la Segunda Guerra Mundial, como se lo proponía el Presidente Franklin D. Roosevelt, sino que fue perpetuado por Winston Churchill y Truman. Pero, sobre todo, después del 11 de septiembre del 2001, bajo la bandera de la “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos se concentró en operaciones militares y de seguridad en todo el mundo, el establecimiento de hasta 1.000 bases militares y el entrenamiento de fuerzas militares en casi todos los continentes. Luego hubo varias “guerras humanitarias de intervención”, las guerras de Afganistán, Iraq, Libia, Siria, etc. Obviamente, la idea de desarrollo económico en estos países se quedó por el camino.

No debería sorprender entonces que, en estas circunstancias, un gran número de naciones del Sur Global opten por cooperar con los países del BRICS, que les ofrecen un crecimiento económico real y un trato como socios iguales. En esto, y en la experiencia muy concreta del comportamiento de las antiguas potencias coloniales (y de la actual potencia hegemónica), radica el motivo por el cual las naciones del Sur se han negado a condenar la supuesta “guerra de agresión no provocada” de Rusia, y de ponerse del lado del Occidente “basado en reglas”.

La cumbre del BRICS hará visible este realineamiento histórico en el mundo de forma tan dramática que incluso los principales medios noticiosos y las fuerzas políticas (que hasta hace poco, con su habitual arrogancia eurocéntrica, en el mejor de los casos han percibido a los países del Sur Global como exóticos lugares de vacaciones), deberán tomar nota de la nueva realidad. Pero la cuestión más importante será cómo se relacionan las naciones del Norte Global con este orden económico emergente.

Intentar mantener el mundo unipolar, desaparecido hace tiempo, conducirá casi con toda seguridad a la Tercera Guerra Mundial, a la que nos hemos acercado peligrosamente con la situación en Ucrania, donde el fracaso de la contraofensiva ucraniana ha agotado la dimensión convencional de la guerra, de modo que sólo quedan como opciones poner fin a la guerra mediante negociaciones diplomáticas, o escalar hasta el uso de armas nucleares. La noción de que Occidente debe “desacoplarse” de China y de la esfera de influencia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), o aplicar la “reducción de riesgos”, por utilizar la nueva y ridícula formulación, no sólo conduciría a la autodestrucción económica como en el caso de Alemania, sino que esta noción también conduce a la guerra. Porque la división del mundo en dos bloques completamente separados —un bloque global de la OTAN dominado por Estados Unidos que sigue aferrado al modelo de la economía de casino, y un bloque del Sur Global de rápido crecimiento económico en torno a los países del BRICS— tampoco seguiría siendo pacífica.

Sólo hay una forma segura de resolver las numerosas crisis existenciales que hay en todo el mundo: En lugar de ver y oponerse al nuevo modelo económico de los países del BRICS como un antagonista, a las naciones del Norte Global les conviene cooperar con este Nuevo Orden Económico Mundial emergente y abordar conjuntamente la ingente tarea de superar la pobreza y el subdesarrollo.

Hay pocos indicios actualmente de que los representantes del establecimiento transatlántico estén dispuestos a admitir sus juicios erróneos y errores políticos de los últimos casi 35 años, con algunas excepciones como el ex Presidente de Francia, Sarkozy. Pero los ciudadanos de a pie de Europa y Estados Unidos deberían ahora revisar urgentemente los axiomas de su propia mentalidad, y preguntarse si no están tal vez influidos por un punto de vista eurocéntrico y el inherente racismo latente.

En el Fausto de Goethe, la joven Gretchen pregunta a su amante, Fausto, qué opina de la religión. Los alemanes llaman a esto “pregunta Gretchen”, y puede significar la pregunta que no quieres responder porque expone lo que más quieres ocultar. La simple pregunta Gretchen sobre la relación del Norte con el Sur es: ¿Realmente hemos aceptado que siga siendo así para siempre, que casi mil millones de personas estén permanentemente al borde de la inanición, dos mil millones carezcan de agua potable, 940 millones no tengan acceso a la electricidad y la inmensa mayoría de la humanidad, debido a la pobreza, no tenga la capacidad de desarrollar el potencial que le es inherente, y se vean así despojados de lo que es uno de los bienes más preciados del hombre?

No debemos ver el surgimiento de este nuevo orden económico sólo como algo largamente esperado para África, Asia y América Latina, sino que también debemos comprender que nosotros también sólo podemos volver a poner en marcha nuestras propias economías afligidas, cooperando con ellos. El Presidente Xi Jinping ha dejado claro desde el principio que la Iniciativa de la Franja y la Ruta está abierta a la cooperación con cualquier país del mundo, y es casi seguro que los países del BRICS responderán abiertamente a las ofertas de cooperación de las naciones occidentales.

Sin embargo, esto requiere que en Occidente demostremos inequívocamente que estamos dispuestos a una cooperación honesta. Sobre todo, esto incluye renunciar al concepto de ampliar la OTAN para convertirla en una OTAN Global, y más bien trabajar específicamente en una nueva arquitectura internacional de seguridad y desarrollo que tenga en cuenta los intereses de todas las naciones, incluidas Rusia, Ucrania, China y todos los demás Estados. He formulado diez principios sobre este tema, los aspectos que debe tener en cuenta esa nueva arquitectura. (Helga Zepp-LaRouche presentó: Diez Principios para una Nueva Arquitectura Internacional de Seguridad y Desarrollo)

Todo nuestro futuro, el de las naciones del Sur Global y, no menos importante, el de la paz mundial, dependerá de si somos capaces de ganar suficientes fuerzas en las naciones europeas y en Estados Unidos para aprovechar la extraordinaria oportunidad que se presenta en la posibilidad de cooperación con los Estados del BRICS-Plus. Actualmente estamos viviendo un cambio de época del tipo que ocurre quizá una vez cada mil años, y lo mejor es que todos podemos ayudar a forjar esta nueva era con nuestra contribución. Podemos ayudar a poner fin a la vergonzosa fase del colonialismo y comenzar un capítulo humano en la historia universal.

 

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Fuente:

Helga Zepp-LaRouch, en EIRNS: Llamado a los ciudadanos del Norte Global: ¡Debemos apoyar la construcción de un Nuevo Orden Económico Mundial Justo! 19 de agosto de 2023.

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