Los escépticos de verdad, saben que la muerte no existe, ni las respuestas profundas sobre la vida, sobre el universo y sobre todo lo demás. Según el científico y filósofo, Bernardo Kastrup, la mente, el cerebro y el cosmos son obra de la conciencia. Y el paradigma científico materialista al cual estamos anclados ya no es sostenible y se dirige hacia un callejón sin salida que conduce al fracaso y la puesta en evidencia de la falacia materialista.

En la escuela nos enseñan que la realidad está hecha de átomos, bloques microscópicos de construcción naturales que se supone que existen fuera de la mente, afuera de la experiencia subjetiva.

Estos átomos carecen de color, sabor, olor, y cualquier otra de las cualidades de la experiencia subjetiva. Porque la experiencia —es decir todo lo que sabemos sobre la vida— es generado por nuestro cerebro.

El dogma materialista que prevalece quiere que tú creas que todo lo que experimentas ocurre sólo dentro de tu cabeza, en forma de actividad electro-química dentro de tus neuronas y a través de tus neuronas.

Cuando miras las estrellas en la noche, tu esqueleto real está más allá de las estrellas que vislumbras. Esta es la más extraordinaria abstracción metafísica en la historia del pensamiento humano. Y nos parece absurda.

La verdosidad del césped, la textura de las hojas, la calidez de sol sobre nuestra piel, son la realidad verdadera —la única realidad— y no copias generadas por el cerebro en nuestro cráneo.

La realidad son las corrientes y ondas del océano de la mente en sí misma, el medio de toda experiencia subjetiva. Las leyes de la naturaleza representan las regularidades del tapiz de la mente, no aquellas de un universo abstracto fuera de la mente. Esto es obvio para cualquier niño antes de ser sometido al lenguaje y la cultura.

Que los patrones de actividad cerebral estén estrechamente correlacionados con la experiencia subjetiva no debería de sorprendernos: El cerebro no genera la mente, sino que es la imagen de un proceso de auto-localización de la mente, del mismo modo en que un remolino es la imagen de auto-localización del agua.

¡Decir que el cerebro genera la mente es tan absurdo como decir que un remolino genera el agua!

No hay nada más que agua en un remolino, aunque uno puede señalarlo y decir: “¡Es un remolino!” Analógicamente, no hay nada en el cerebro más que pensamiento, y sin embargo uno puede señalarlo y decir: “¡Es un cerebro!”

Nuestros cuerpos son meras imágenes de un proceso mental, un proceso de auto-localización. Nosotros emergemos fuera de la Matrix del pensamiento como vórtices que debido a la auto-localización han perdido la conciencia de todo el conjunto.

¡Nuestro cuerpo está en nuestra mente, y no nuestra mente en nuestro cuerpo! Somos verbo y no sustantivo. La vida del la danza de la localización. Y la muerte, la última expansión de la conciencia.

Bernardo Kastrup es doctor en ingeniería de la computación con especialidad en inteligencia artificial y re-configuración computacional. Ha trabajado como científico en algunos de los laboratorios de investigación más importantes del mundo, como la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y los Laboratorios de Investigación Philips (donde se descubrió el “Efecto Casimir” de la Teoría del Campo Cuántico). Bernardo ha publicado muchos artículos académicos y libros sobre filosofía y ciencia. Sus tres libros más recientes son: “Más que alegoría,” “Vistazos al más allá,” y “Por qué el materialismo es una patraña.”

 

 

Fuente: Why Materialism is Baloney.

 

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