Cuando se habla de temas relacionados con la salud, es fácil encontrarse con puntos de vista opuestos, especialmente al comparar dietas basadas en alimentación vegetal, con hábitos alimenticios basados en la comida de origen animal. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de uno y otro tipo de dieta, y por qué la sociedad occidental contemporánea los ha convertido en opciones antagónicas?

 

El estigma carnívoro

Se sabe que las dietas basadas en vegetales pueden ayudar a prevenir más del 60% de muertes por enfermedades crónicas, no obstante, la gente aún sigue discutiendo si el veganismo es una forma de alimentación segura y sustentable. Esto se debe en gran medida a que la “ciencia de la industria de la alimentación” está plagada de prejuicios basados en tendencias, tradiciones, e información falsa constantemente impuestos por nuestros sistemas educativos y de salud.

Esto no es un secreto ni una teoría de la conspiración. La doctora Marcia Angell, médico y editora en jefe del New England Medical Journal ha dicho que:

“Ya no es posible seguir creyendo en investigaciones clínicas publicadas, ni seguir dependiendo del juicio de médicos de confianza o guías de autoridades médicas. No me complace llegar a esta conclusión, a la cual llegué poco a poco y a regañadientes en más de dos décadas trabajando como editora del New England Journal of Medicine.” (Fuente:PLoS Med, 2010).

Hace un par de años, el doctor Richard Horton, actual editor en jefe de The Lancet, una de las publicaciones de medicina mejor reputadas en el mundo, aseguró que la mitad de todo lo que ha sido publicado en torno a la medicina, es básicamente erróneo. En sus propios términos:

“La situación actual de la ciencia francamente es que gran parte de lo que se ha escrito sobre medicina, quizá la mitad, podría ser simplemente falso. Abundan estudios emprendidos con muestreo limitado, efectos diminutos, análisis de exploración inválidos, así como flagrantes conflictos de intereses y una marcada obsesión por seguir tendencias de modas sin importancia, todo ello, en conjunto, ha llevado a la ciencia hacia la oscuridad.” (Fuente: The Lancet, Vol.385, 2015).

Estas duras declaraciones podrían parecer sombrías e incluso irreverentes, pero al provenir de personas cualificadas, más bien resultan revolucionarias y constituyen puntos clave a considerar antes de hablar de ciencias de la salud y su rol en el sistema alimentario contemporáneo. Durante siglos hemos sido apabuyados con la idea de que la carne animal es necesaria para gozar de una buena salud, incluso en tiempos en que una enorme cantidad de profesionales y publicaciones han constatado los beneficios de dietas basadas en vegetales. Es tal la dependencia psicológica e ideológica en el viejo estigma carnívoro, que incluso podría parecernos de lo más normal que tan sólo en los Estados Unidos de Norteamérica se críen y ejecuten de manera insensata billones de animales al año para satisfacer las demanda de carne animal en la industria de la alimentación.

 

Dietas veganas en comparación con la carne

Echando un vistazo a la ciencia oficial, es fácil darse cuenta que los científicos empiezan a reconocer las dietas basadas en plantas como opciones sanas y sustentables. El doctor Ellsworth Wareham, un hombre de cien años que acaba de retirarse como cirujano cardiovascular, ha sido vegano durante la mitad de su vida y asegura que:

“El veganismo es una forma excelente de nutrición. Es un poco extremo decirle a alguien acostumbrado a comer cadáveres que vas a quitarle ese tipo de manjares. Cuando yo era médico practicante, aconsejaba a mis pacientes acerca de los beneficios a la salud que proporciona una dieta basada en vegetales, y por el contrario, las desventajas de los productos carnívoros. La gente es muy sensible respecto a lo que come. Tú puedes hablarles sobre ejercicios de relajación o actitud mental positiva, y lo aceptan. Pero si les hablas sobre lo que están comiendo, se ponen muy sensibles. Por eso, sólo cuando un individuo está dispuesto a escuchar, yo le explicaría con fundamentos científicos lo que pienso que es mejor para él.” (Fuente: Veggie Channel, 2013).

Kim A. Williams, presidente del American College of Cardiology, es otro caso de médicos que se han convertido al veganismo. Él consulta con frecuencia a pacientes con sobrepeso, hipertensión, diabetes del tipo 2, y colesterol alto. Uno de sus consejos para ellos es que se conviertan al veganismo. El doctor Williams es también presidente de Cardiología del Rush University Medical Center de Chicago. Su entusiasmo por el veganismo proviene de su interpetación de la literatura médica. Según él, ésta es abundante en referencias a casos de personas que logran vivir más años que la gente carnívora gracias a mantener una dieta vegetariana, incluso registrando tazas más bajas de muerte por padecimientos cardíacos, diabetes y problemas de hígado. (Fuente: The New York Times, 2014).

Según la Escuela Médica de Harvard, “hay estudios que han confirmado los beneficios de la dieta sin carne para la salud. Actualmente, el consumo de vegetales es reconocido no sólo como nutricionalmente suficiente, sino también como factor para reducir el riesgo de muchas enfermedades crónicas.” (Fuente: Harvard Health Publications, 2009).
Cada vez más estudios muestran los beneficios del vegetarianismo y la dieta vegana. Por ejemplo, la American Dietetic Association concluyó en una investigación publicada en 2009, que: “dietas vegetarianas planeadas apropiadamente, incluyendo las totalmente vegetarianas o veganas, son sanas, nutricionalmente adecuadas, y pueden ayudar a la prevención y tatamiento de ciertos padecimientos.” (Journal of the American Dietetic Association, 2009).

Los padecimientos incluyen problemas cardíacos, cáncer, diabetes, entre otros. Una investigación emprendida por el doctor Dean Ornish —por ejemplo— muestra cómo pacientes que formaban parte de un programa que incluía una dieta vegetariana contaban con una placa coronaria menor, así como menores problemas cardíacos.

 

Correlación, causalidad y tendencia

Cuando se habla de ciencia y se elaboran asociaciones, es importante usar el criterio de Bradford Hill. Sabemos que una correlación no implica necesariamente una causalidad, y a veces una correlación sí puede implicar una causalidad. Cuando existen numerosos estudios que presentan correlaciones fuertes, generalmente es seguro asumir que tal correlación en ciertas instancias constituye una causalidad. Hablando de dietas basadas en organismos vegetales, no hay falta de evidencias que indiquen claramente sus propiedades benéficas. Pero también resulta obvio que los beneficios de comer alimentos de origen vegetal va incluso más allá de una simple correlación.

La tendencia vegetariana está ganando atención científica conforme su popularidad crece. Al menos 542,000 personas siguen una dieta vegana actualmente en Gran Bretaña —de 150,000 que ya lo hacían en 2006— y otras 521,000 que son vegetarianas esperan reducir el consumo de productos animales. Es evidente que el veganismo se ha convertido en uno de los más crecientes estilos de vida. (Fuente: Huffpost Lifestyle, 2016).
Uno de los estudios más exhaustivos sobre el tema es “El estudio de China” de los doctores T. Colin Campbell y Thomas Campbell. Sus hallazgos revelaron correlaciones directas entre nutrición y enfermedad cardíaca, diabetes y cáncer, con evidencias de que culturas que se alimentan primordialmente de plantas presentan una taza baja e incluso nula de dichos padecimientos. El estudio argumenta que la adopción de una dieta basada en plantas también puede revertir dichos padecimientos incluso si ya se encuentran establecidos en el organismo. El estudio de China es reconocido como el estudio nutricional más exhaustivo enfocado a la relación entre dieta y enfermedad. La lista de estudios sigue, y la investigación puede extenderse hasta donde uno mismo lo desee. Desafortunadamente, la gente no está acostumbrada a investigar ni a cuestionar lo que se le presenta a través de los medios de comunicación y las instituciones oficiales, que se encuentran anquilosadas en paradigmas obsoletos y anticuados que siguen moldeando nuestras vidas. El documental Forks Over Knives (disponible en Netflix) profundiza muy bien en esta temática.

 

La proteína vegetal en comparación con la proteína animal

“La proteína presente en productos animales está llena de grasas, químicos, y todo tipo de sustancias nocivas. Cuando me terminaba de comer todo eso, tenía problemas digestivos, me constipaba e hinchaba como un miserable. Ahora, en cambio, ya no me preocupa el tema de las proteínas porque obtengo suficientes con lo que como. Y no sólo estoy sano, sino que me siento orgulloso de mí mismo y de cómo me relaciono con otras especies del planeta.”

Así se expresó Jim Morris, uno de tantos fisicoculturistas competitivos que han sido veganos gran parte de su vida. En los últimos juegos olímpicos, en Brasil, el mundo vió competir a un fisicoculturista vegano de nombre Kendrick Farris, el único levantador de pesas estadounidense barón que paticipó en las olimpiadas de Rio de Janeiro.

Cuando escuches a una persona decir “necesito proteínas” para justificar su ingestión de carne animal, es porque está mal informada. No se necesita comer proteína de carne animal para estar sano; de hecho, es todo lo contrario, pues la proteína vegetal es una alternativa incluso más sana. Es notable que numerosos fisicoculturistas estén adoptando dietas veganas. Y los “expertos” tienen explicaciones a esta nueva tendencia.

Según el doctor Deepak Bhatt, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y editor en jefe de Harvard Heart Latter:

“Si se trata de incluir proteína en tu dieta, la carne no es la único opción. Hay evidencia que muestra que reducir la carne e incrementar la proteína de vegetales es una opción muy sana. Una dieta basada en cualquier tipo de carne incrementa el riesgo de padecimientos cardíacos y cáncer, en comparación con una dieta vegetariana.” (Fuente: Harvard Health Publications).

En un estudio reciente desarrollado por investigadores de la Ecuela de Medicina de Harvard y el Hospital General de Massachusetts, se monitoreó el estilo de vida, dieta, enfermedades y taza de mortalidad de más de 130,000 personas durante un período de 36 años. De ese modo se descubrió que sustituyendo entre 15 y 19 gramos de proteína animal —el equivalente a una salchicha— por legumbres, nueces, y otro tipo de proteínas, reducía el riesgo de muerte temprana de manera significativa. Reemplazando huevos con proteínas de origen vegetal también se redujo el riesgo de muerte en un 19%. Los investigadores descubrieron que un incremento del 10% en el consumo de carne estuvo asociado a un incremento del 2% en la taza de mortalidad temprana, y a un incremento del 8% de posibilidades de muerte por problemas cardiovasculares.

El doctor T. Colin Campbell, dice en el ya mencionado Estudio de China:

“Lo que yo hice durante los primeros años de mi carrera no fue más que lo que la ciencia convencional me sugería. He podido observar que dietas altas en proteína animal están asociadas a cáncer de hígado en Filipinas. Mi trabajo de 27 años en el Estudio de China eclosionó cuando supe —gracias al extraordinario reporte sobre un experimento elaborado en la India— que ratas alimentadas con caseína en dosis habituales, desarrollaron cáncer de hígado. Entonces comprendí cómo funciona todo esto. Hicimos docenas de experimentos para saber si era verdad, y cómo funcionaba.”

Campbell enfatiza que en sus estudios usó criterios de la ciencia convencional (concretamente del programa de prueba de carcinogénesis del gobierno) para establecer qué es un carcinógeno en relación a proteínas de origen animal. Y asegura que “no es un tema sujeto a debate y que las implicaciones de esta conclusión son asombrosas en muchos sentidos.”
El estudio también mostró que la proteína animal es muy ácida, y que el organismo humano tiene que tomar calcio y fósforo de los huesos para neutralizar la acidez. El siguiente video explica algunos de los descubrimientos del doctor Campbell.

 

 

Entonces, ¿cuál es mejor?

Evidentemente, existe información abundante que justifica ambas elecciones. Aunque lo más importante a tener en cuenta es que el tipo de proteína vegetal no es el mismo que el animal.

Las proteínas están conformadas por bloques de aminoácidos, y el cuerpo humano las elabora en dos modos distintos: tomando lo que necesita de unos, o modificando otros. Los aminoácidos esenciales provienen de la comida. De acuerdo a nuestra educación actual, que ha sido definida por la tradición, y confirmada y pervertida por corporaciones que controlan la agricultura y la ganadería, las fuentes de proteína animal nos proveen de todos los aminoácidos que necesitamos. Pero han omitido información que la ciencia alternativa y la nueva ciencia ya conocen y están documentando con ejemplos como los mencionados en este artículo.

A diferencia de la proteína animal, otras fuentes de proteína carecen de uno o más aminoácidos esenciales, pero todo lo que un buen vegetariano necesita es asegurarse de que su dieta contenga la variedad de proteína no animal necesaria para cubrir esas carencias, ayudando así a que el cuerpo también produzca más proteínas de forma natural. En contraparte, estudios de restricción calórica, y de ayuno y abstinencia intermitente, han mostrado que un insumo demasiado alto de proteína no es recomendable para el cuerpo.

Algunos tipos de carne también están asociados a padecimientos severos. Por ejemplo, investigaciones hechas en la Escuela Pública de Salud de Harvard revelaron que incluso comiendo pequeñas cantidades de carne roja habitualmente, especialmente carne roja procesada, puede incrementar el riesgo de problemas cardiovasculares y derrame cerebral, así como el riesgo de muerte por problemas cardiovasculares. Se sabe que ciertos tipos de carne también producen cáncer y otras enfermedades. Y el reemplazo de estas carnes con fuentes más sanas de proteína revertió los efectos. (Harvard School of Public Health).

La carne y otros alimentos procesados también producen cáncer

Si bien es cierto que el bajo consumo de proteínas puede afectar al cuerpo, también el exceso tiene sus riesgos. En los Estados Unidos, un omnívoro promedio consume más de 1.5 veces la cantidad de proteína requerida, y la mayor parte de esa proteína es de origen animal. Como el exceso de proteína se convierte en residuos o grasa, esta proteína animal puede provocar sobrepeso, problemas de corazón, diabetes, inflamación, y cáncer.

En contraparte, el tipo de proteínas contenidas en la mayoría de los vegetales está vinculado con la prevención de enfermedades. Según la doctora Michelle McMacken, médico internista y profesora adjunta de medicina en la NYU School of Medicine:

“Las proteínas encontradas en todo tipo de plantas comestibles protege al cuerpo humano de enfermedades crónicas. No hay necesidad alguna de medir el consumo de proteínas ni de usar suplementos proteínicos si se sigue una dieta vegana. Si cubres tus necesidades calóricas diarias, obtendrás suficiente proteína. La gente más longeva del planeta, aquellos que habitan las ‘Zonas Azules‘, obtienen aproximadamente el 10% de sus calorías de proteínas, en comparación con el 15-20% de un norteamericano promedio.”

La emergente y creciente predilección médica y científica por la alimentación vegetariana, no es un fenómeno aislado y encaja bien en el modelo de sociedad sustentable que toma cada vez más relevancia entre la gente. No sólo la salud del individuo es importante en este punto de inflección y cambios que atraviesa la humanidad. Otras especies que han habitado este planeta tanto o más tiempo que nosotros tienen tanto derecho a la vida como los humanos mismos. Es tiempo de tomar consciencia de que la forma en que hemos vivido no es precisamente la más sabia ni para nosotros ni para nuestro entorno. No hay más remedio. Cambiamos y nos adaptamos a la realidad, o pagamos las consecuencias.

 

Fuente: Collective-Evolution.

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