Ante la interrogante sobre por qué la élite global se está mudando del Atlántico al Pacífico, y específicamente a lugares como Nueva Zelanda, autores como Montague Keen refieren que lo que los miembros del Cabal buscan es “resguardarse en bases subterráneas cerca de la Antártida, pues planean mudarse allá en caso de una catástrofe global.” Keen también ha mencionado cómo el Cabal ha provocado en gran medida la destrucción de la Tierra mediante el envenenamiento del aire, el agua, la comida, etc., para inducir esta situación. El periodista Mark O’Connell ha logrado relacionar esa teoría “conspiranoica” con un oscuro manifiesto libertario titulado “El individuo soberano: Cómo sobrevivir y prosperar durante el colapso del estado de bienestar”, que según su investigación ha inspirado a miembros de la élite de Silicon Valley, como Peter Thiel, a comprar propiedades en todo el Pacífico, como si se tratara de un libro de profecías. El Individuo Soberano fue co-escrito por James Dale Davidson, un inversionista privado especializado en asesorar ricos de cara al colapso global de la economía, y por William Rees-Mogg, editor de la revista Times durante mucho tiempo y padre del congresista conservador británico pro-Brexit, Jacob Rees-Mogg. El Individuo Soberano fue publicado en 1997 y ha sido aludido como “la clave maestra de la relación entre Nueva Zelanda y los tecno-libertarios de Silicon Valley.” El libro predice el colapso de las democracias liberales a través de una visión sombría de un futuro post-democrático realzado con analogías del colapso medieval de las estructuras de poder feudal. Llama la atención que El Individuo Soberano vaticinó —con precisión— el advenimiento de las economías online y las criptodivisas, una década antes de la invención de bitcoin. El libro, de 400 páginas, puede resumirse en la siguiente secuencia de proposiciones: 1) El estado-nación democrático opera básicamente como un cártel criminal, obligando a los ciudadanos honestos a entregar grandes porciones de su riqueza para pagar cosas como carreteras, hospitales y escuelas. 2) El surgimiento de Internet y el advenimiento de las criptomonedas harán imposible a los gobiernos intervenir en las transacciones privadas y gravar los ingresos, liberando así a los individuos de la raqueta de la protección política de la democracia. 3) En consecuencia, el estado se convertirá en obsoleto como entidad política. 4) De este naufragio emergerá una nueva dispensación global, en la que una “élite cognitiva” e influyente subirá al poder, mientras que otra clase de individuos soberanos “podrá controlar mayores recursos” que ya no estarán sujetos al poder de los Estados-nación. Los gobiernos serán rediseñados para adaptarse a tales fines. El Individuo Soberano es, en el más literal de los sentidos, un texto apocalíptico que culpa al Estado de todos los males, aunque no parece hacer demasiada referencia al hecho de que el Estado es controlado por una élite sacerdotal, militar y bancaria internacional que opera en la sombra. Pero como el libro a fin de cuentas está escrito por la élite y para la élite, Davidson y Rees-Mogg vaticinan el colapso del viejo orden “estatal” y el levantamiento de un nuevo mundo en el que las democracias liberales morirán y serán reemplazadas por confederaciones de ciudades-Estados corporativos, además que la civilización occidental en su forma actual terminará en el nuevo milenio, y “el nuevo individuo soberano operará como los dioses de la mitología en el mismo ambiente físico que el ciudadano ordinario y sujeto, pero en un reino políticamente separado.” Davidson y Rees-Mogg identificaron a Nueva Zelanda como el hogar ideal para esta nueva clase de individuos soberanos, y como el “lugar elegido para la creación de riqueza en la Era de la Información.” Es así que multimillonarios de Silicon Valley, como Peter Thiel —quien también respalda la terapia de transfusión de sangre de niños para revertir el envejecimiento— han seguido el libreto de El Individuo Soberano al pie de la letra, convirtiendo su profecía apocalíptica en el nuevo “sueño neozelandés” de la élite. En estos días mucha gente expresa que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Y de algún modo así es. Pero la percepción paranoica, o responsable según como se vea, de que los multimillonarios se están preparando para el colapso de la civilización, parece una manifestación literal de ese axioma. Los que se salven, al final, serán aquellos que puedan pagar la prima de la salvación. Y Nueva Zelanda, el lugar más alejado de todos, es en esta narrativa una nueva clase de Ararat: el lugar al que llegará el arca de refugiados para sobrevivir el próximo “diluvio universal.”

 

Peter Thiel es una cínica caricatura de la tiranía

Poco después de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, el New York Times publicó que el cofundador de PayPal y uno de los primeros inversionistas en Facebook, Peter Thiel, había considerado a Nueva Zelanda como “el futuro del mundo.”

En palabras del periodista Mark O’Connell, Thiel es una cínica caricatura de la tiranía:

“Fue la única figura importante de Silicon Valley que apoyó la campaña presidencial de Donald Trump; arruinó vengativamente un sitio web porque no le gustaba cómo escribían sobre él; también es famoso por reflexionar públicamente sobre la incompatibilidad de la libertad y la democracia, y por expresar su ansioso interés por recibir terapia con transfusiones de sangre de jóvenes para revertir su envejecimiento.”

En 2011, Peter Thiel declaró que no había conocido ningún otro país que se alinee mejor con su visión del futuro que Nueva Zelanda. La declaración fue hecha como parte de una solicitud de ciudadanía que fue rápidamente concedida, aunque se mantuvo en secreto por otros seis años. En 2016, Sam Altman, uno de los empresarios más influyentes de Silicon Valley, reveló a The New Yorker que tenía un acuerdo con Thiel por el cual, en un eventual escenario de colapso del sistema —como una fuga de virus sintéticos, el desenfreno de la Inteligencia Artificial, una guerra nuclear por recursos naturales entre estados armados, etc.— ambos tomarían un jet privado para volar a una propiedad que Thiel posee en Nueva Zelanda.

peter thiel

 

Cómo Peter Thiel logró adquirir 477 acres en South Island

Inmediatamente después de la revelación de Altman, Matt Nippert, un reportero del New Zealand Herald, comenzó a investigar cómo fue que Peter Thiel logró adquirir una antigua estación de ovejas de 477 acres en South Island, la más grande y menos poblada de las dos principales masas territoriales del país. Normalmente, los extranjeros que buscan comprar cantidades significativas de tierra en Nueva Zelanda tienen que pasar por un estricto proceso de investigación del gobierno. Peter Thiel no fue sujeto a ese proceso, pues su trámite de ciudadanía kiwi fue celebrado en una ceremonia privada en un consulado ubicado en Santa Mónica, California. De ese modo, Thiel se convirtió en ciudadano neozelandés sin siquiera tener que viajar a Nueva Zelanda, en la que por cierto nunca había pasado más de 12 días. Desde entonces, tampoco se le ha vuelto a ver en dicho país.

Esta historia provocó un gran escándalo público en torno a la cuestión de si un multimillonario extranjero debería poder comprar la ciudadanía de un país. Se supo también cómo, en su solicitud, Thiel acordó invertir en nuevas empresas tecnológicas en Nueva Zelanda y se comprometió a usar su nuevo estatus como kiwi naturalizado para promover los intereses comerciales del país en el extranjero.

La polémica suscitada a nivel internacional se enfocó entonces en dilucidar la cuestión de por qué Peter Thiel querría poseer una parte de Nueva Zelanda tan grande en tamaño como el bajo Manhattan. Y la abrumadora sospecha fue que estaba buscando un baluarte al que pudiera retirarse en caso de un colapso absoluto de la civilización.

 

La fiebre del ‘sueño neozelandés’

El periodista Mark O’Connell viajó a Nueva Zelanda atraído por las advertencias de Peter Thiel y por lo escrito en el libro de Davidson y Rees-Mogg, y encontró evidencia de un acuerdo de propiedad de mediados de la década de 1990 en el cual una estación gigante de ovejas en el extremo sur de la Isla Norte fue comprada por un conglomerado cuyos principales accionistas incluían a Davidson y Rees-Mogg. El acuerdo también menciona al ex ministro de finanzas del Trabajo, Roger Douglas, quien presidió una reestructuración radical de la economía de Nueva Zelanda bajo los lineamientos neoliberales en la década de 1980.

Por todo esto, en la cultura estadounidense se ha diseminado la idea de la fiebre o el “sueño neozelandés”, que contempla al paraíso isleño como una alternativa a la creciente marea de malestar apocalíptico. Según el Departamento de Asuntos Internos del país, en los dos días posteriores a las elecciones de 2016, el número de estadounidenses que visitó su sitio web para consultar el proceso de obtención de la ciudadanía de Nueva Zelanda aumentó en un factor de 14% en comparación con los mismos días del mes anterior. Nueva Zelanda, en particular, ya es considerada como el Destino de la élite tecnológica de Silicon Valley.

Inmediatamente después de la elección de Trump, fue imposible no percibir el furor con que los plutócratas estadounidenses decían estarse preparando para el apocalipsis. Una semana después de que la nueva administración entrara en funciones, The New Yorker publicó un artículo sobre los súper ricos que se estaban preparando para un gran cataclismo de la civilización, y que contemplaban el país neozelandés como el “refugio favorito.” El multimillonario fundador de LinkedIn y ex colega de Thiel en PayPal, Reid Hoffman, afirmó que “decir que está comprando una casa en Nueva Zelanda es una especie de guiño, pero un guiño, nada más.”

En estos días mucha gente expresa que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Y de algún modo así es. Pero la percepción paranoica, o responsable según como se vea, de que los multimillonarios se están preparando para el colapso de la civilización, parece una manifestación literal de ese axioma. Los que se salven, al final, serán aquellos que puedan pagar la prima de la salvación. Y Nueva Zelanda, el lugar más alejado de todos, es en esta narrativa una nueva clase de Ararat: el lugar al que llegará el arca de refugiados para sobrevivir el próximo “diluvio universal.”

 

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Fuentes:

The Guardian — Why Silicon Valley billionaires are prepping for the apocalypse in New Zealand.

Montague Keen / Indian in the Machine — Cabal Plans Escape To New Zealand For This Reason, And It Involves Antarctica.

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