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Ciencia y Tecnología

Pensar con el Corazón: Concebidos para conectar

Estamos concebidos para conectar. Es necesario usar todas las herramientas que poseemos para crear relaciones auténticas y conscientes.

[eckosc_tab_container]Como expone la maestra Florencia Uribe en “Pensar con el Corazón: Concebidos para conectar”, la neurociencia actual indica que antes que cualquier otra necesidad, el ser humano busca conectar con otras personas desde el mismo momento en que nace: “las demandas del recién nacido no son por comida, o abrigo sino por conectar con su madre, por empezar a crear un vínculo con otro ser humano”. A través del análisis científico de las funciones de las neuronas espejo, el nervio neumogástrico y las feromonas, se explica por qué lo más importante para alcanzar la felicidad es reconectarse con otras personas, pues estamos concebidos para ello, especialmente en tiempos en que las élites buscan separar y segmentar a las personas a través de la balcanización de territorios, las guerras de género, las ideologías , las religiones, etc., todo con el fin de controlarnos y mantenernos física, psicológica y energéticamente enfermos. Y es que la reconexión en estas circunstancias no es fácil, pues para lograrla se requiere valentía, es necesario hacerse vulnerable ante otros, permitirles entrar a esos espacios en los que hemos puesto tanto esmero en proteger; pero sin eso, sin vulnerabilidad, no se puede establecer una verdadera relación. Es necesario correr el riesgo de mostrar nuestra experiencia personal tal cual es, es preciso obligar al ego a bajar la guardia, dejarlo de lado y usar todas las herramientas que poseemos —sin miedo— para crear una relación auténtica, una relación consciente.[/eckosc_tab_container]

 

por Florencia Uribe

Toda nuestra vida transcurre de relación en relación. Desde que somos concebidos estamos en alguna relación y lo estaremos hasta el día que termine nuestra experiencia en esta frecuencia de realidad, la cual, dicho sea de paso, no se entiende sin las relaciones entre personas, ya que es ahí donde se gestan los mejores y los peores momentos de la vida de los individuos y del gran colectivo: ninguna empresa evolutiva o regresiva se ha logrado concretar en total soledad.

Si bien tenemos claro que somos una sola Conciencia de donde todo parte y que al circunscribirnos a una experiencia personal no renunciamos a ser el Todo, en esta frecuencia vivimos la ilusión de individualidad, ya que esto nos permite generar múltiples experiencias a la vez. Sin embargo, ni siquiera a partir de la ilusoria individualidad el objetivo es quedar aislados unos de otros ya que no estamos hechos para eso; por el contrario, estamos fisiológicamente concebidos para conectar unos con otros y por momentos disolver esa ilusión de individualidad volviendo a la unidad.

Desde nuestra intuición, antes que la ciencia lo confirmara, hemos observado fascinados la coordinación y sincronía de movimientos en algunos bailarines, deportistas, en la sinfonía de una orquesta o en la unión de las voces de un coro. La perfección que logran es tal, que pareciera es un solo organismo quien lo ejecuta, y es así porque han logrado sincronizar latidos, respiración y campos energéticos, de tal forma, que han eliminado la ilusión de separación y de nuevo son uno.

La neurociencia nos explica ahora cómo es que sucede esto y una de las conclusiones a las que llega es que, antes que cualquier otra necesidad, el ser humano busca conectar con otra persona desde el mismo momento en que nace: las demandas del recién nacido no son por comida, o abrigo sino por conectar con su madre, por empezar a crear un vínculo con otro ser humano.

Esa necesidad de vínculo o conexión estará presente en todo momento de la vida, al grado que el mayor gasto de energía en cada persona de dedica a permanecer en conexión con otras y esta necesidad de pertenencia puede llevar a los seres humanos a sacrificar necesidades básicas como la comida, la seguridad e incluso, en casos extremos, a soportar abuso, maltrato y humillación a cambio de sentir que en algún momento quien los sufre existe en la vida de otro.

Si bien podemos conectar unos con otros mediante la sincronía del Nervio Vago y las neuronas espejo, como veremos en líneas siguientes, y esta capacidad de conexión es común a todos los miembros de nuestra especie, la ciencia también nos ayuda un poco más al confirmar que las conexiones no ocurren igual para los hombres que para las mujeres.

Para las mujeres, por ejemplo, es de particular importancia verse a los ojos al momento de sostener una conversación o de hacer una promesa, y este gesto les da una seguridad en lo que se está diciendo, en los compromisos que se asumen.

Para los hombres, en cambio, es muy satisfactorio y relajante que las personas con quienes establecen relaciones importantes caminen a su lado, hombro a hombro, sintiendo que la responsabilidad es compartida. (1)

Se podrían mencionar algunas otras acciones que nos ayudaran a establecer verdaderas conexiones, pero lo más importante es hacerle sentir a la persona que realmente es vista, que su presencia es registrada y valorada.

Hablemos un poco de las herramientas fisiológicas que tenemos para establecer una conexión íntima con otras personas, entendiendo por intimidad la capacidad de mostrarse ante otra persona sin las falsas apariencias que impone el sistema social, religioso, político, cultural o familiar y que condicionan el comportamiento, lo cual es posible porque hay momentos en que el ego va cediendo y una a una caen esas apariencias y condicionamientos hasta que nos permitimos ser lo suficientemente vulnerables y conectar desde la Conciencia, logrando la magia de salir del yo para entrar en un nosotros.

 

Neuronas espejo

Las neuronas espejo se encuentran en el lóbulo frontal y su función principal es captar los movimientos, estados emocionales y las intenciones de las personas con quienes interactuamos, al recibir la información la comparan con las experiencias registradas y se envían las señales necesarias para ajustar la fisiología acorde a la situación. (2)

Comienzan a funcionar desde el momento en que nacemos, construyendo un vínculo afectivo con una persona, por lo regular pero no necesariamente la madre, pues el bebé sincronizará sus neuronas espejo con su cuidador iniciando así un hilo conductor en relaciones que le acompañarán el resto de su vida y determinando la forma en que se relacionará con los otros en las distintas etapas de su vida, especialmente en su vida adulta.

La existencia de las neuronas espejo se ha demostrado en las imágenes de resonancia magnética que registran actividad cerebral en las mismas áreas de la persona que ejecuta la acción y en quien la observa; es decir, que las personas se sincronizan al momento de realizar actividades juntas, como puede ser degustar un alimento, gesticular de una forma específica o realizar un movimiento repetitivo. (3)

Las acciones, emociones e intenciones (como ya se dijo), generan una respuesta al ser percibidas por las neuronas espejo y es ahí donde entra en funciones el nervio neumogástrico, que no solo es un nervio conector sino un sistema nervado que conecta los intestinos, las vísceras, el corazón y el cerebro.

 

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Nervio neumogástrico o nervio vago

El nervio vago, conecta el tercio posterior de la lengua, el conducto auditivo externo, los músculos de la laringe, faringe, tráquea, esófago, pulmones, corazón y órganos que se encuentran contenidos en la cavidad abdominal.

nervio vago

Nervio neumogástrico o nervio vago. Tomada del blog: Personality Reflexology. Rafi Tur. Mayo 2019.

El 75% de las fibras parasimpáticas de todo el cuerpo se encuentran contenidos en este nervio, de ahí la importancia al momento de emerger una respuesta a las señales recibidas por las neuronas espejo, pues pondrá en movimiento gran parte del cuerpo humano.

Al estar conectado a todos los músculos de la cara que modulan los movimientos faciales y a la garganta, también es responsable del tono de voz, rictus facial y todo el conjunto de expresiones faciales que utiliza el ser humano para responder a las señales que reciben las neuronas espejo sobre el tipo de encuentro o desencuentro que se tiene.

Es gracias a este mecanismo que una persona sonríe al ver sonreír a otra, cambia el tono de voz al sentirse amenazada o muestra un rostro consternado al escuchar una triste experiencia; en pocas palabras, este complejo sistema es responsable de que una persona sea capaz de sentir empatía con otra.

 

Feromonas

Como parte de las formas que tenemos para conectar con otras personas se encuentran las feromonas, sustancias químicas que ponen en sintonía a dos personas e incluso a grupos de ellas. La principal función inmediata de las feromonas es disparar los procesos de excitación sexual, enviando señales al hipotálamo para iniciar la respuesta sexual correspondiente.

Resulta interesante que los miembros de grupos de personas que conviven entre sí y por lo tanto están en contacto con los diferentes tipos de feromonas, también muestran sensibilidad a ellas. Por ejemplo, hay respuestas de sincronía en los procesos y ciclos reproductivos, se ha observado que mujeres que conviven por largos periodos de tiempo terminan por sincronizar sus ciclos menstruales y el contacto con feromonas masculinas ayuda a incrementar el nivel de fertilidad en las mujeres y suaviza los efectos de la menopausia. (4)

 

La importancia de las relaciones

Como ya hemos dicho, una de las principales necesidades del ser humano es permanecer conectado a otros, por ello el cerebro está constantemente alerta ante cualquier cambio que pueda producirse en las conexiones de la persona y presto a responder de manera adecuada para evitar que la relación se rompa.

Antes se pensaba que los neurotransmisores y las hormonas influyen en la forma en que reaccionamos y, por ende, en cómo nos relacionamos, pero hoy la neurociencia nos dice que es a la inversa; el contacto con otras personas es lo que pone en marcha y dispara la producción de los químicos en el cerebro con los respectivos impactos en las glándulas responsables de segregar las hormonas correspondientes al tipo de encuentro del que se trata. (5)

Se ha comprobado que el contacto real con otra persona ayuda a disminuir las señales de alarma que perciben los centros emocionales, pues gracias a la empatía el cerebro baja su percepción del nivel de amenaza cuando se siente acompañado, de modo que el simple hecho de hablar o ver a una persona que nos hace sentir seguros disminuye los niveles de adrenalina y norepinefrina que producen los centros emocionales del cerebro, así que no es mentira que entre dos las penas son menos o es más fácil de resolver un problema.

Para el cerebro humano es así: cuando registra la presencia de otra persona en quien pueda depositar parte de las tareas, o que pueda brindar ayuda, deja de activar las alarmas y reduce la propagación de los neurotransmisores deteniendo la producción de cortisol entre otros procesos lo que se traduce incluso en un aumento de la energía disponible. Por ello, al acudir al médico, a una entrevista o a una evaluación con una persona en sincronía se eleva el nivel de seguridad y disminuye el dolor físico.

Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, en la ciudad británica de Londres, se evacuó una gran cantidad de niños hacia zonas campestres para resguardarlos de los bombardeos y la destrucción. Al término de la guerra volvieron a sus hogares y con el paso del tiempo se realizó un estudio sobre esos niños, en comparación con los pocos que permanecieron con sus familias durante los bombardeos y sobrevivieron.
Los resultados arrojaron que pese a los horrores de la guerra y al peligro constante de morir, quienes permanecieron con su familia fueron capaces de construir relaciones más sanas y duraderas en la edad adulta que quienes fueros separados de sus padres para ser llevados al campo. Esta es una prueba más de que el cerebro al percibir el abandono de las personas que le proporcionan seguridad entra en modo alerta, o en vigilia constante, creando rutas neuronales que serán las bases para las futuras relaciones. (6)

Cuando dos personas logran sincronizarse a nivel emocional, también se produce una sincronía en el aspecto fisiológico, de tal manera que, al sincronizar la respiración, se sincroniza también el ritmo cardiaco y en consecuencia los niveles de hormonas de estrés y la actividad del sistema nervioso.

Por otro lado, la carencia de conexiones auténticas con otras personas puede causar daños severos en la salud física y mental de la persona, pues el percibir amenazas constantes a las conexiones sociales pone en marcha todo el proceso de regulación del estrés que se dispara por la recepción de señales como pueden ser la indiferencia, los cambios en el tono de voz, el rechazo o el abandono. Estas actitudes se registran como amenazas a la relación (de cualquier tipo no solo en parejas) y ponen en movimiento los cambios en el nervio vago, lo que a su vez se refleja en la expresión del rostro, en gestos de angustia, tristeza, miedo o en cambios en el tono de voz, acciones que en el fondo representan un pedido de ayuda.

De no surtir efecto la primera etapa y si persiste la amenaza de perder la conexión con la otra persona, el sistema simpático toma el control y moviliza lo que se conoce como respuesta a situaciones de huida/pelea: la sangre va a los músculos de las extremidades, se acelera el corazón y se segrega adrenalina, la cual a su vez pone en alerta a la persona al grado que de no poder salir de esa experiencia. Además, se puede producir un colapso en donde la parte inferior del nervio vago, conectada al diafragma, estómago, riñones e intestinos, provoca que baje drásticamente el ritmo cardiaco, lo que causa que los intestinos dejen de funcionar o se vacíen y se presentan problemas para respirar. Hasta que cesen las señales de alarma los sistemas regresarán a la normalidad.

Ahora bien, si esto se repite constantemente en las relaciones de una persona, el impacto que sufren los órganos involucrados en cada periodo emocional que enfrenta, sumado al agotamiento que representa el gasto de energía para el cerebro puede ser devastador. Percibirse en soledad es causa real de enfermedades cardiacas, gastrointestinales, asma, migrañas y algunas dolencias en zonas de espalda y cuello.
Podemos afirmar que las relaciones sanas, conscientes, no solo son el camino hacia una vida más agradable y llevadera, sino también es posible afirmar que las relaciones tóxicas y el aislamiento son factores determinantes en el deterioro de la salud, produciendo enfermedades crónicas, y de permanecer en ellas, el colapso de los órganos y hasta la muerte.

Las condiciones fisiológicas están puestas a la mesa para que logremos relaciones maravillosas en las cuales podamos sincronizar no solo la respiración y el ritmo cardiaco, sino toda una vida si es que somos capaces de utilizar sabiamente estas herramientas, si no subestimamos el contacto real con las personas, poniendo de nuestra parte para poder establecer una verdadera conexión: vernos a los ojos, caminar lado a lado, sincronizar los latidos de forma intencional, mostrar apoyo en un abrazo y estrechar la mano de alguien al recibir una noticia.

Usemos todo lo que tenemos disponible para enriquecer las relaciones que sin duda son el pase a una vida plena, pues las relaciones que seas capaz de manifestar determinan en gran medida tu calidad de vida.

Para intentar una verdadera conexión se requiere valentía, es necesario hacerte vulnerable ante otro, permitirle entrar a esos espacios en los que hemos puesto tanto esmero en proteger, pero sin eso, sin vulnerabilidad no puede establecerse una verdadera relación, es necesario correr el riesgo de mostrar tal cual es tu experiencia personal, es preciso obligar al ego a bajar la guardia, dejarlo de lado y usar todas las herramientas que poseemos sin miedo para crear una relación auténtica, una relación consciente.

 

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Es urgente re-unirnos para liberar el planeta e impedir la segunda gran intervención

 

Notas

(1). Helen Fisher (2004). Why we love: the nature and chemistry of romantic love. Nueva York, Henry Holt and Company, pp 198 – 199.

(2). Bessel Van der Kolk (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Nueva York, Penguin Books, p. 78.

(3). Sourya Acharya y Samarth Shukla. (2012) “Mirror neurons: Enigma of the metaphysical modular brain”, en: Journal of Natural Science, Biology and Medicine. India 2012.

(4). Stern, K y McClintock, M (1998). “La regulación de la ovulación por las feromonas humanas” en: Nature, No. 392. 1998, p. 177 – 179.

(5). Andrew Huberman. Human optimization. Podcast con Kyle Kingsbury. USA 2019.

(6). J. Bowlby (1980). The nature of the child tie to his mother. USA, Editorial Basic, pp 350 – 373.

(7). Bessel Van der Kolk (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Nueva York, Editorial Penguin Books, p. 78.

 

Fuente:

Florencia Uribe / Vida Coherente — Concebidos para conectar.

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