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Pandemia y Posverdad: ¿Qué pasó con la salud?

La mayor desgracia, sin embargo, es que la salud y la vida se hayan convertido en víctimas del tecnocapitalismo. ¿Qué pasó con la vida?

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En el capítulo 23 de su libro Pandemia y Posverdad (Fragmenta, 2021), el filósofo de la ciencia y escritor Jordi Pigem reflexiona sobre el decisivo proceso evolutivo que estamos viviendo hoy día como humanidad, en el que con la crisis sanitaria actual se ha ido imponiendo un paradigma, el de la sanidad tecnocapitalista, que no está centrado en las personas, sino en las empresas, en la línea de lo que desde hace medio siglo promueven Klaus Schwab y el Foro Económico Mundial.

 

Fragmentos:

“En el mundo centrado en las empresas, no en las personas, la autonomía sobre nuestra salud queda reducida a un mínimo. Ejemplo de ese mínimo ha sido la casi total ausencia de consentimiento informado en las recientes campañas de administración de inyecciones con instrucciones genéticas. En la sanidad tecnocapitalista, las grandes empresas farmacéuticas, a través de su red de influencias sobre todo tipo de autoridades (sanitarias y políticas), imponen su criterio sobre qué se nos ha de administrar y qué no. Como su principal motivación son sus beneficios y no la salud de las personas, cabe concluir que la salud de las personas nunca había estado tan amenazada.

El doctor Peter McCullough ha calificado el tratamiento de la covid como «nihilismo terapéutico», en el que se abandona toda cartografía de remedios probados para lanzarse a navegar en mares ignotos, bajo el impulso de lo que conviene a los intereses del tecnocapitalismo y del complejo tecnofinanciero. Lamentablemente, la salud pública se ha convertido en una vía de extracción de dinero público hacia manos privadas. Al mismo tiempo, la salud pública es ahora la puerta trasera por la que penetra el totalitarismo tecnocrático, mientras quienes han sido confundidos por la narrativa oficial siguen creyendo que todo es por el cuidado de las personas y por el bien común.

La salud pública ha sido presa del tecnocapitalismo porque antes había sido desplazada a su terreno de caza: la salud había sido reimaginada en términos más acordes con el tecnocapitalismo. Desde los tiempos de John D. Rockefeller (cofundador de la primera gran multinacional de la historia, la Standard Oil, que tuvo que ser disuelta por sus malas prácticas, y de la epónima Fundación Rockefeller, muy interesada, desde sus primeros días, en cambiar el paradigma de la salud pública en esta dirección), la salud de las personas se ha ido desplazando cada vez más del ámbito personal, orgánico y vital al ámbito de lo mecánico, reduccionista y despersonalizado. Se ha pasado del doctor que te conocía y te miraba a los ojos al levan- tamiento de pantallas y muros de datos entre médico y paciente. Se ha pasado de la relación terapéutica personal, en la que se confía en la capacidad de curación que la vida o la naturaleza brinda a través de lo más íntimo de la persona, a una relación cada vez más tecnocrática en la que se supone que la curación es un producto que la persona o el sistema de salud pública han de comprar (a precios cada vez más astronómicos) al tecnocapitalismo.

Parecíamos haber dejado atrás el viejo dogma extra Ecclesiam nulla salus: ‘fuera de la Iglesia no hay salvación’. Ha sido sustituido por un nuevo dogma, extra Technocra- tiam nulla salus: ‘fuera de la Tecnocracia no hay salvación’, que al mismo tiempo significa ‘fuera de la Tecnocracia no hay salud’. Es el dogma de un sistema que está im- poniendo, urbi et orbi, inyecciones como un sacramento que ha de ser periódicamente renovado so pena de excomunión. La salvación que promueve la tecnocracia, por supuesto, es engañosa. La salud que prometen sus remedios es también un enorme espejismo.
La mayor desgracia, sin embargo, es que la salud y la vida se hayan convertido en víctimas del tecnocapitalismo. ¿Qué pasó con la vida?”

 

Silicon Valley y el silencioso regreso al feudalismo

 

Fuente:

Jordi Pigem: Pandemia y Posverdad.

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