Por primera vez en la historia del estado de Israel, el jefe del partido que ganó la mayor cantidad de escaños no ha logrado formar un gobierno de coalición. Pero en lugar de permitir que el jefe del partido que quedó en segundo lugar intentara formar un gobierno, la Knesset votó a favor de celebrar reelecciones solo seis semanas después de que los israelíes votaran por primera vez. ¿Podría ser este el final de la carrera política del primer ministro israelí convicto, Benjamin Netanyahu? Parece que esto es precisamente lo que los líderes de varios partidos políticos están decididos a lograr. Aún así, las elecciones son un riesgo para todos los involucrados. En este sentido, el analista Thierry Meyssan ha publicado un análisis audaz que plantea la posibilidad de que el judío nacionalista de origen soviético, Avigdor Lieberman, quien viene dictando la conducta de la clase dirigente ‎israelí desde hace siete meses y que se opone tanto al proyecto del ‎‎«Gran Israel» como al del Estado binacional, podría ser la carta de ‎triunfo de Moscú en el contexto teopolítico israelí, ‎que no es otra cosa que la creencia según la cual la paz mundial es posible únicamente si ‎se concreta primeramente en Israel, y que un gobierno mundial impedirá toda guerra y tendría ‎su sede en Israel. Y es que mientras el proyecto de Kushner y Trump para el ‎«Trato ‎del Siglo» plantea resolver el conflicto israelo-palestino favoreciendo el ‎desarrollo económico de los árabes y teniendo en cuenta sus derrotas sucesivas, Moscú ha declarado «inaceptable» la manera como Washington plantea desconocer el Derecho ‎Internacional. Desde la Conferencia de Ginebra realizada en junio de 2012, Rusia busca asentarse ‎en el Medio Oriente y adquirir cierta influencia (compartida con Estados Unidos) sobre Israel. Y como apunta Thierry Meyssan, el judío de origen ruso, Avigdor Lieberman es un individuo culturalmente mucho más cercano al Kremlin que sus socios de la ‎Casa Blanca y el Pentágono.

 

Resultados de las elecciones

En el gobierno de Israel, ningún partido gana la mayoría de 61 escaños en la Knesset necesaria para formar un gobierno. Esto significa que se necesitan acuerdos de coalición entre los partidos grandes y los más pequeños antes de poder presentar un gobierno. Las elecciones que tuvieron lugar el 9 de abril finalizaron con una victoria para Benjamín Netanyahu. Sin embargo, a pesar de que recibió más escaños en la Knesset que nunca antes, solo tenía una pequeña ventaja sobre el grupo que quedó en segundo lugar. La pregunta de siempre es si el jefe del partido que ganó la mayoría de los escaños puede juntar una coalición con suficientes votos para formar un gobierno y la suposición era que Netanyahu, el maestro de la negociación, podría hacerlo. Pero ese no fue el caso.

 

¿Qué sucedió?

Cuando el polvo se asentó y empezaron las negociaciones, Netanyahu comenzó a trabajar con cualquiera que lo apoyara. Los partidos judíos ultraortodoxos o Haredi, que recibieron 16 escaños en la Knesset, fueron socios obvios, ya que serios problemas con respecto a los intentos del Estado de obligar a la comunidad Haredi a servir en el ejército, rompiendo el status quo de siete décadas en el que estaban exentos.

Pero Netanyahu necesitaba más socios para alcanzar los 61 votos requeridos. Otros dos socios lo llevaron a 56, pero todavía necesitaba otro partido para unirse a la coalición, y ahí es donde las ruedas se salieron del carro.

El siguiente partido lógico en unirse a Netanyahu era el liderado por Avigdor Lieberman, un político corrupto y violento sobre el cual se pueden escribir volúmenes enteros. Lieberman se desempeñó como ministro de defensa de Netanyahu y luego renunció porque sentía que Netanyahu no era lo suficientemente duro para Hamas en Gaza.

Lieberman dijo que no se comprometería con la cuestión del borrador de Haredi que apoya una ley que obligaría a esa comunidad a ser reclutada en el ejército y, por lo tanto, era imposible para él unirse a una coalición con los partidos Haredi.

Antes esta situación, la única opción que le quedaba a Netanyahu era crear un gobierno de unidad nacional donde los dos partidos más grandes se unieran y y crearan una amplia coalición. Esto es bastante común en Israel, ya que los líderes de dos partidos que lucharon entre sí con uñas y dientes, al final se unen “por el bien de la nación”, dejando de lado “sus diferencias.”

Esto habría sido una situación de ganar-ganar para Netanyahu, que de ese modo habría permanecido en su puesto trabajando con el recién llegado político y ex jefe del Ejército, Benny Gantz, quien probablemente habría sido ministro de defensa. Sin embargo, la unión con Gantz significaba la salida de Haredi, ya que su partido apoya el proyecto para obligar a Haredi a participar en el ejército. Además, Gantz anunció que si bien su partido estaba dispuesto a unirse a un gobierno de coalición con el Partido Likud, no lo harían con Netanyahu al mando.

Legalmente, a Gantz, como jefe del siguiente partido más grande, se le daría la oportunidad de formar su propia coalición. Sin embargo, Netanyahu hizo un movimiento sin precedentes para disolver la Knesset y pedir nuevas elecciones.

 

¿Qué es lo que sigue?

Netanyahu claramente cree que tiene una oportunidad de obtener más escaños si el electorado israelí tiene otra oportunidad de votar. El resto de los líderes políticos en Israel claramente quieren que Netanyahu se vaya. Por lo que ahora esta es una guerra de desgaste que ganará quien tenga los nervios más recios y la mejor campaña.

Netanyahu es el único político israelí que puede demostrar cualquier logro real. Después de haber estado en el cargo durante una década, ha impactado la economía, y la mayoría de las personas que viven en Israel dirían que están muy contentos con sus políticas. Él estuvo detrás de la aprobación de la Ley del Estado-nación, que codifica y da un sello constitucional de aprobación a la violación de los derechos de los palestinos, y puede demostrar que ha tenido el apoyo de todas las administraciones de los EE.UU., incluida la administración de Obama, a pesar de que las relaciones entre los dos jefes de estado fueron frías.

De este modo, los próximos tres meses podrían obligar a Netanyahu a retirarse de la escena política en Israel, aunque la mayoría estima más probable que la próxima elección traiga resultados similares, si no idénticos, al que favoreció a Netanyahu, quien se mantendría en el puesto haciendo que Gantz trabaje para él como ministro de defensa.

 

El factor Lieberman

El 14 de noviembre de 2018, la renuncia de Avigdor Lieberman al cargo de ministro de Defensa ‎del gobierno de Benyamin Netanyahu abría una gravísima crisis política en Israel, haciendo ‎necesaria la convocación anticipada de elecciones legislativas. Pero esas elecciones no han dado ‎nacimiento a una nueva mayoría en el parlamento israelí. Ya transcurrieron las 5 semanas ‎reglamentarias sin que Netanyahu lograra constituir un nuevo gobierno, así que habrá nuevas ‎elecciones legislativas en Israel el 17 de septiembre. ‎

Lieberman dimitió cuando Netanyahu impuso un acuerdo con Qatar, acuerdo que implicaba un ‎alto al fuego con el Hamas y que el emir de Qatar asumiera directamente el pago de los salarios ‎de los funcionarios palestinos en la franja de Gaza.

En la escena internacional, nadie reaccionó a lo que parece la anexión de Gaza por parte ‎de Qatar y su separación de los demás territorios ocupados palestinos. Para Lieberman, ‎aquel acuerdo significaba organizar una dictadura de la Hermandad Musulmana a las puertas de ‎Israel. Muchos interpretaron todo aquello como una forma de preparación del «Trato del Siglo» ‎de Jared Kushner y Donald Trump. Sin embargo, hoy parece que Estados Unidos tenía previsto ‎poner Gaza bajo el control de Egipto y no de Qatar.

Durante la campaña electoral, Avigdor Lieberman desplegó poco a poco nuevos argumentos ‎sobre la eliminación de la disposición que exime del servicio militar a los estudiantes de las ‎‎yeshivas (1), argumentos basados ‎en el rechazo de la forma de orden impuesto por las costumbres y normas colectivamente ‎conocidas como el «Código de Ley Judía» (Halajá) y de los privilegios religiosos. Ese tema ‎no es nuevo, pero nunca había alcanzado tanta importancia como ahora, llegando incluso a ‎impedir que Benyamin Netanyahu lograra formar un nuevo gobierno.

Lieberman es un inmigrante. Llegó a Israel desde Transnistria (un territorio ex soviético) y logró ‎reunir a los judíos rusoparlantes para crear, en 1999, el partido político laico Israel Beytenu, ‎o sea “Israel, nuestra casa”. Más de un millón de inmigrantes soviéticos llegaron a Israel después de ‎la adopción, en 1974, de la enmienda estadounidense Jackson-Vanik, que amenazaba con aislar ‎económicamente a la Unión Soviética si ese país no permitía que los judíos soviéticos emigraran ‎a Israel. Aquellos inmigrantes rusoparlantes son legalmente judíos (todos tienen algún abuelo ‎judío) pero no son obligatoriamente judíos en el plano religioso (o sea, de madre judía).

avigdor lieberman

Avigdor Lieberman

‎La creación del partido de Lieberman fue financiada por Michael Cherney, un oligarca uzbeko ‎vinculado al entonces presidente ruso Boris Yeltsin. ‎
Antes de crear su partido, Lieberman era conocido sólo como empleado del Likud. Fue director ‎general de ese partido antes de convertirse en jefe del equipo de trabajo del primer ministro ‎Netanyahu, pero sin tratar de obtener ningún cargo a través de elecciones. Lieberman es un ‎ex guardia de seguridad de club nocturno y habla con un fuerte acento ruso. Ante un interlocutor, ‎siempre empieza por mirarlo con prepotencia y por amenazarlo… antes de tratar de negociar ‎con él.

En octubre de 2003, Michael Cherney financió un extraño congreso en el hotel King David de ‎Jerusalén (2). El objetivo de aquel encuentro era unir a los políticos ‎israelíes rusoparlantes –como Lieberman– a los discípulos estadounidenses del filósofo ‎Leo Strauss (mayoritariamente ex colaboradores de un coautor de la enmienda Jackson-Vanik) y ‎a sus aliados ‎«cristianos» (aliados sólo en el sentido de que eran contrarios al ateísmo soviético) ‎en Estados Unidos. Era evidente que tenían para ello un amplio respaldo de parte de la ‎administración de George Bush hijo, que no tenía intenciones de permitir que aquella minoría ‎se desplazara hacia la órbita del nuevo jefe del Kremlin, Vladimir Putin. Toda la derecha israelí de ‎aquella época, comenzando por el propio Benyamin Netanyahu, participó en aquel encuentro.

Aquel “congreso” desarrolló una tendencia que se ha impuesto en algunos círculos: la teopolítica, ‎que no es otra cosa que la creencia según la cual la paz mundial es posible… únicamente si ‎se concreta primeramente en Israel. Un gobierno mundial impedirá toda guerra y tendrá ‎su sede… en Israel. En Francia, esa es la tesis de Jacques Attali, mentor del actual presidente ‎francés Emmanuel Macron.

En 2003, Avigdor Lieberman no tenía ningún problema con los religiosos, con tal de que estos ‎compartiesen o apoyasen su nacionalismo israelí, e incluso pactó una alianza con el partido Tkuma ‎‎(3). En aquella época, ‎Lieberman tampoco vacilaba ante la mezcla de ideas políticas y religiosas. Sus amigos discípulos ‎de Leo Strauss (4), que habían pasado por la ‎oficina del senador Jackson, decían sin complejos que el episodio nazi había demostrado la ‎debilidad de las democracias y que, para evitar un nuevo Holocausto, los judíos tenían que ‎implantar una dictadura. En el Pentágono, los amigos “cristianos” de Lieberman (5) habían concebido una alianza de todos los judíos y de todos los cristianos –los ‎«judeo-‎cristianos» (6)‎–‎‏ ‏para luchar contra el comunismo ateo. ‎
Las ideas de Avigdor Lieberman son harto conocidas y él siempre ha profesado las mismas. Dice ‎que hay que saber a quién y a qué se profesa lealtad.

Los palestinos están divididos entre ‎nacionalistas palestinos y nacionalistas islamistas –estos últimos no luchan por un Estado ‎palestino sino por la umma, que es toda la comunidad de creyentes del islam– y no logran ‎ponerse de acuerdo para convivir entre palestinos. ¿Cómo esperar entonces que logren vivir con ‎judíos europeos? Palestinos y judíos son dos pueblos diferentes. En nombre del realismo, ‎Lieberman se opone por ende al plan de la ONU de creación de un Estado binacional e incluso ‎considera imposible que los ‎«árabes de 1948» que cuestionan la existencia de Israel puedan ‎conservar la nacionalidad israelí.

Debido a su agresiva manera de expresarse, Avigdor Lieberman es visto a menudo como un ‎racista. En 2001, Lieberman se planteaba la posibilidad de bombardear la represa de Asuán para ‎doblegar a Egipto. En 2003, decía estar dispuesto a ahogar a los presos palestinos en el ‎Mar Muerto, etc. Pero esas declaraciones estruendosas no son fruto de su ideología sino de su ‎carácter fundamentalmente alardoso y truculento. En 2004, Lieberman calificaba al palestino ‎Mahmud Abbas de «diplomático terrorista», pero en‏ ‏‎2008‎‏ ‏el mismo Lieberman catalogaba a ‎Benyamin Netanyahu como «mentiroso, tramposo y crápula».‎

Durante su trabajo como ministro, Lieberman nombró numerosos altos funcionarios de origen ‎etíope, así como beduinos y drusos. Su único objetivo es que tener la ciudadanía israelí implique ‎ser leal al Estado de Israel. Una personalidad de izquierda como el ex jefe del estado mayor de la ‎aviación israelí, el general Eitan Ben Eliyahu, asegura que Lieberman no es un extremista, lo que ‎sí es ese ferviente partidario del ‎«Gran Israel» que se llama Benyamin ‎Netanyahu.

A fin de cuentas, la cuestión que se plantea no es saber si Lieberman es o no de extrema ‎derecha, ni cuál será su futuro personal sino qué fuerzas lo han llevado romper la alianza que ‎mantenía con Netanyahu desde los años 1990, y también la que había anudado en 2003 con los ‎grupos religiosos. Tengamos en cuenta que todo eso se produce en el contexto del ‎«Trato ‎del Siglo», constantemente anunciado, aún no revelado pero ya en vías de aplicación.

El proyecto de Kushner y Trump plantea resolver el conflicto israelo-palestino favoreciendo el ‎desarrollo económico de los árabes y teniendo en cuenta sus derrotas sucesivas. Moscú ha declarado «inaceptable» la manera como Washington se plantea desconocer el Derecho ‎Internacional. Desde la Conferencia de Ginebra realizada en junio de 2012, Rusia busca asentarse ‎en el Medio Oriente y adquirir cierta influencia (compartida con Estados Unidos) sobre Israel. Lieberman es un individuo culturalmente mucho más cercano del Kremlin que de sus socios de la ‎Casa Blanca y el Pentágono.

 

Fiscalía General israelí anuncia que imputará a Netanyahu por corrupción

 

 

Notas

1. Las yeshivas, también llamadas escuelas talmúdicas, son centros religiosos ‎dedicados al estudio de la Torah y del Talmud. Nota de la Red Voltaire.

2. «Sommet historique pour sceller l’Alliance des guerriers de Dieu», ‎‎Réseau Voltaire, 17 de octubre de 2003.

3. Tkuma (o sea, “Resurrección”) es un partido israelí de extrema derecha fundado en 1988 por ‎dos ex miembros del Partido Nacional Religioso. Nota de la Red Voltaire.

4. The Political Ideas of Leo Strauss, Shadia B. Drury, Palgrave MacMillan (1988); ‎‎Leo Strauss and the Politics of American Empire, Anne Norton, Yale University Press (2005); ‎‎The Truth About Leo Strauss: Political Philosophy and American Democracy, Catherine ‎H. Zuckert y Michael P. Zuckert, University of Chicago Press (2008); Straussophobia: Defending ‎Leo Strauss and Straussians Against Shadia Drury and Other Accusers, Peter Minowitz, Lexington ‎Books (2009); Leo Strauss and the Conservative Movement in America, Paul E. Gottfried, ‎Cambridge University Press (2011); Leo Strauss, The Straussians, and the Study of the ‎American Regime, Kenneth L. Deutsch, Rowman y Littlefield (2013).

5. The Family: ‎The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, Harper Collins ‎‎(2009).

6. Históricamente, los ‎«judeo-cristianos»‎‏ ‏formaban la iglesia de Jerusalén surgida ‎alrededor de Jacobo El Justo (también llamado “Santiago El Justo” o “Santiago de Jerusalén”) y ‎fueron expulsados de la Sinagoga a la caída de Jerusalén. Esta corriente desapareció, subsistiendo ‎sólo en el Medio Oriente, en grupos como el que educó a Mahoma en el siglo VII. Los únicos ‎cristianos que subsistieron fueron paganos convertidos en Damasco, alrededor de San Pablo. ‎Durante 19 siglos, la expresión ‎«judeo-cristianos» careció de todo sentido ya que el ‎cristianismo y el judaísmo eran dos religiones separadas que incluso se oponían entre sí sobre la ‎cuestión de la Ley de Moisés (la Halajá ya mencionada anteriormente). Durante la guerra fría, ‎el Pentágono puso en servicio nuevamente esa expresión y constituyó un movimiento ecuménico ‎alrededor de los pastores Abraham Vereide y Billy Graham. Extrañamente, en el siglo XXI se habla ‎de ‎«cultura judeo-cristiana» a‏ ‏pesar de que esa expresión no corresponde a ninguna ‎realidad.

 

Fuentes:

Miko Peled / Mint Press News — Netanyahu is Gambling on New Elections to Stay in Power.

Thierry Meyssan / Red Voltaire — ¿Qué sabe Avigdor Lieberman?‎

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