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Lo que los arquitectos del ‘Gran Reseteo’ no quieren que entiendas sobre la economía

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La campana de la crisis financiera ha estado sonando desde hace algún tiempo, y el colapso económico que se avecina no debería ser una sorpresa, pero ¿es el coronavirus el único culpable?

La economista principal del Banco Mundial, Carmen Reinhart, advirtió a principios de este mes que la crisis financiera que se predijo al principio de la pandemia del coronavirus ha empezado a transformarse en una crisis económica importante con “graves consecuencias financieras”. La deuda y la fragilidad financiera, que según Reinhart estaban presentes antes de la pandemia, están empezando a manifestarse de una manera más mensurable y cuanto mayor sea la incertidumbre dentro de la era del coronavirus, mayor será el daño en el balance general.

En los últimos 6 meses la Reserva Federal de los Estados Unidos ha tratado de combatir los sistemas de bloqueo finos establecidos debido a la pandemia “creando” un acuerdo de rescate de 3,4 billones de dólares —uno que deja a los economistas con una seria adquisición en la fuente del dinero de rescate— especialmente considerando que tomó casi 40 años para acumular casi 14 billones de dólares de deuda nacional.

Mientras tanto, los economistas, presas del pánico, están gritando en tándem que los bancos del otro lado del Atlántico deben desencadenar una emisión cuantitativa cada vez más hiperinflacionaria que amenaza con convertir nuestro dinero en papel higiénico, mientras que al mismo tiempo se aceptan infinitos cierres en respuesta a una enfermedad que tiene los niveles de fatalidad de una gripe común.

Pero no nos olvidemos de los 1,5 billones de dólares de derivados —que debido a su naturaleza especulativa— sólo ascienden a unos 80 billones de dólares anuales en bienes y comercio mensurables. El multimillonario Warren Buffet describió una vez instrumentos financieros altamente complejos como los derivados como bombas de tiempo o “armas financieras de destrucción masiva” que permiten a los inversores especular sobre el precio futuro de efectos como las materias primas o las acciones, pero sin comprar realmente la inversión subyacente.

La deuda corporativa mundial aumentó del 8% de 2009 a 2019, lo que no parece mucho, pero se acerca a un déficit de 72 billones de dólares. Si se excluye la deuda de las instituciones financieras, como los préstamos para estudiantes y viviendas, la deuda acumulada por las empresas no financieras este año se acerca a los 14 billones de dólares en todo el mundo.

Las deudas comunes acumuladas por la educación personal, los préstamos para automóviles y los márgenes se han disparado debido a que los salarios no están a la altura de la inflación. La gente se está desesperando por pagar los préstamos, que con sus salarios actuales, parece que nunca se adelantarán a pagarlos en su totalidad. Los empleos industriales de clase media en los Estados Unidos han disminuido constantemente desde la instauración del sistema de Bretton Woods en 1971, el cual estableció un sistema que convertía el oro en el dólar de papel, definiendo todas las monedas globales “tan buenas como el oro” para el comercio. Ahora estamos viendo los trabajos de servicios de baja remuneración como la norma y la producción interna bruta en los EE.UU. se desploma. Lo que quedó claro en el último informe de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles es que Estados Unidos necesita gastar más de 4,5 billones de dólares sólo para llevar su decaída infraestructura a niveles de seguridad. Carreteras, puentes, ferrocarriles, presas, aeropuertos, escuelas, todos recibieron malas notas en todo el país. Las fábricas nacionales que una vez abastecieron esas necesidades de infraestructura, han sido subcontratadas en el extranjero desde hace mucho tiempo. A este ritmo de declive, toda la habilidad y conocimiento industrial morirá con los trabajadores de los años 70.

El peor golpe es probablemente el de los granjeros estadounisenses. Los megacárteles se han apoderado de enormes aspectos de la agricultura, desde el equipo, la mano de obra, los suministros y el embalaje, creando una pérdida de casi el 82% en los ingresos anuales totales de los agricultores. Esto, junto con lo que la ONU ha descrito como la peor crisis de alimentos en más de 50 años, conforme el suministro mundial de alimentos cayó drásticamente a nivel internacional desde que Covid se hizo cargo.

Entonces, ¿cómo sucedió esto? Bueno, con la intención de inducir “una desintegración controlada de la economía”, como declaró el economista estadounidense Paul Adolph Volcker Jr. La idea siempre fue crear las condiciones descritas en 1992 por el difunto Maurice Strong (sociópata y extraordinario recortador de la Familia Rothschild) cuando preguntó retóricamente:

“¿Qué pasaría si un pequeño grupo de líderes mundiales llegara a la conclusión de que el principal riesgo para la Tierra proviene de las acciones de los países ricos? Y que si el mundo quisiera sobrevivir, esos países ricos tendrían que firmar un acuerdo para reducir su impacto en el medio ambiente. ¿Lo harían? La conclusión del grupo es ‘no’. Los países ricos no lo harán. No cambiarán. Así que, para salvar el planeta, el grupo decide que la única esperanza para el planeta es que las civilizaciones industrializadas colapsen. ¿Acaso no es nuestra responsabilidad lograr ese objetivo?”

 

Pero no te preocupes, pues como predijo el Foro Económico Mundial en 2016:

“No tendrás nada, y serás feliz” [mientras la oligarquía es dueña de todo].

 

Lo que los arquitectos del ‘Gran Reseteo’ no quieren que entiendas sobre la economía

 

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Ese es el plan cabalista de 3.000 años o la “dictadura sin lágrimas”, definida en la Agenda 2030, hacia la que nos conducirán a través del Gran Reseteo cuyo catalizador ha sido el Covid-19.

 

La agenda de ‘dictadura sin lágrimas’ post-coronavirus (por Daniel Estulin)

 

 

Fuente:

Epic Economist — What ‘The Great Reset’ Architects Don’t Want You To Understand About Economics.

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