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LaRouche: El legado confuciano de China en el mundo de hoy

Por Helga Zepp-LaRouche

23 de abril de 2015 – Este artículo de la presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, es un resumen editado del discurso que dio en la conferencia del Instituto Schiller en Reston, Va., EUA, el 1 de septiembre de 1996, titulado “El papel prominente de China en el futuro de Estados Unidos”. El artículo se publicó originalmente en la revista Fidelio en el invierno de 1996.

China es una cultura con más de 5000 años de historia continua. Es la cultura continua más antigua del mundo. Eso coloca a China en una posición casi única y esto es importante al hacer una evaluación de lo que sucede en esa parte del mundo. Ellos ya experimentaron un momento culminante en su cultura en el siglo IV AC, cercano al período de la Grecia clásica. Tuvieron un hermoso renacimiento en el siglo XII DC y la tradición confuciana propiamente tiene 2500 años. Y a lo largo de ese periodo ha existido un conflicto entre confucianismo, legalismo y budismo.

Lo que separa a la cultura china de la europea es que, de cierta manera, exceptuando los acontecimientos más recientes, el periodo medieval en China se prolongó por siglos. China no dio el salto que dio Europa en el siglo XV. Y así por los últimos 500 años, desde el renacimiento dorado, China se ha quedado atrás de occidente.

Voy a platicarles un poco acerca de Confucio, quien vivió del 551 al 479 AC. Él era parte de una nobleza menguante. Tal como lo hacemos nosotros, él viajaba extensamente de reino en reino tratando de encontrar gente que prestara atención a sus ideas. El hizo esto por más de diez años, pero no logro que sus ideas políticas se llevaran a cabo en ninguna parte (¡a diferencia de nosotros!). El vivió en el periodo de las grandes revueltas, al final de lo que se llamó el periodo “Primavera y Otoño”, cuando la casa de Zhou cayó en manos de los príncipes de los diferentes estados.

Por tanto el objetivo político más alto de Confucio era la reconstrucción de la sociedad, a partir de la ruina del caos. El mundo que tenía enfrente, según el propio Confucio, había “abandonado el camino recto” (wu Tao), por lo tanto decía, “el paso más importante es poner en orden las ideas, las palabras, las categorías, de modo que estas vuelvan a encajar con su significado”.

 

 

Las enseñanzas de Confucio

La idea central en la filosofía de Confucio es la idea del (Ren, amor, benevolencia, pero más aún amor en el sentido del ágape. El amor a la gente, esto es, que las personas deben amarse las unas a las otras (véase la nota al final sobre la escritura y pronunciación de los caracteres chinos).

Confucio decía, “mis enseñanzas contienen un principio que es omnipresente: Ren y su realización”. Ren es el deseo de desarrollarse uno mismo para desarrollar a los demás. “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”. Confucio describía el Ren, el amor, como algo completamente subjetivo, como una forma de cultivación interna de uno mismo. “El amor tiene su fuente en uno mismo, es una cultivación mental en la parte del yo interno. Por lo tanto su realización es muy sencilla. Tan pronto como yo desee benevolencia y amor, el amor ya está ahí”.

Confucio le pedía a la gente que cultivaran amor: “La gente está más ávida de amor que de agua y fuego. El principio del amor debe aplicarse a los gobernantes tanto como a los gobernados. Cuando los hombres son sinceros con sus semejantes la gente se inspirará de amor. No sólo de tenerlo sino de ponerlo en práctica. Me refiero al amor universal por la humanidad”.

Ahora, obviamente el maoísmo hacía imposible esto, porque una sociedad dividida en clases, en una lucha de clases permanente hace imposible el amor. En el periodo de Mao Zedong, el liderato chino declaró que Confucio solo predicaba engaños, trucos para mantener el poder de la clase feudal.

Confucio decía: existen hombres que no aman, ni son benévolos. Pero no hay hombre mezquino que haya sido nunca benévolo”. Esta era la idea de amar a la gente, y de ocuparse de los demás.

Ren es una idea que subsume todo un espectro de valores morales. Y Confucio, que dedicó muchos años a la enseñanza, sacó por ende una serie de conclusiones, en términos de la metodología de la enseñanza y del aprendizaje. “Aprendes nuevo conocimiento revisando el antiguo. Nunca seas testarudo, nunca seas prejuicioso, nunca seas obstinado y nunca te asumas como infalible”. Confucio destacaba, como todos los pensadores humanistas, la importancia de aprender de los predecesores, porque sólo siguiendo sus pasos puede uno esperar hacer avances. “No podrás entrar a la casa del maestro a no ser que sigas sus pasos”. Este es el método humanista, mientras que los “modernistas” arrojan todo por la borda y empiezan algo arbitrariamente.

Confucio quería que sus alumnos llegaran a sus conclusiones de manera independiente, no a través de conocimiento memorizado, sino por razonamiento propio, de modo que pudieran “reflexionar sobre los otros tres, cuando se les sugiriese el uno”. Ahora bien, esto es exactamente la hipótesis, los tres axiomas; siempre mantener en mente las otras tres posibilidades.

En consecuencia, Confucio tiene incuestionablemente el lugar más importante en la historia de la educación en China. El introdujo la idea de educar a todo el pueblo, sin consideraciones de rango o estatus social. Insistió en el estudio de los antiguos clásicos chinos y seleccionó cinco libros clásicos: El libro de las odas, El libro de los ritos, El libro de los cambios, y Los anales de primavera y otoño, y estableció otra noción fundamental, la noción de Li, que es la idea de que cada persona debe satisfacer a plenitud su lugar en la sociedad. Esta fue una la idea también de Nicolás de Cusa: Sólo si se desarrolla todo el microcosmos, puede entonces haber concordancia.

Li también significa continuidad entre el pasado y el presente; y para Confucio, como para los confucianos después, Li era la expresión de una humanidad cultivada. Dado que muchos de la elite violaban el antiguo orden de Li en la época de Confucio, él resolvió esto planteando que el rango de una persona no debía depender de su nacimiento o de su familia, sino de su perfección moral. Mientras más moral sea una persona, más alto deberá ser su rango. Esto es exactamente lo que diría Nicolás de Cusa más tarde, en la Europa del siglo XV DC.

Hasta donde yo sé, esta fue la primera vez que un pensador tuvo la idea de que el desarrollo de la persona debe determinar el liderazgo y no consideraciones oligárquicas. Y aún cuando no se llevó a la práctica en ese momento es importante ver cuando se concibió esa idea por primera vez.

Ahora, Confucio decía que todo individuo puede realizarse en su vida, a través del conocimiento, Chi, y de la aplicación práctica de dicho conocimiento, llamado qi. ¿No te da satisfacción aprender y ejercitar este conocimiento?, preguntaba Confucio. La educación debe de ser accesible independientemente del rango social.

Todo el conjunto de ideas confucianas fueron la base para el sistema de exámenes desarrollado en el periodo Han. Desde el siglo VII en adelante, se desarrolló plenamente, y todo aquel que desempeñaba una función, un burócrata o un funcionario del gobierno, tenía que pasar por ese sistema de exámenes.

Para Confucio, sheng ren, la persona de la más alta perfección moral, tenía también un componente religioso, porque tal persona debía basar sus normas en el mandato del cielo. “El gobernante debe ser el ejemplo más noble de esto”, decía Confucio. Un día, su discípulo Zi Lu le pregunto: “¿Qué significa gobernar?” Y él respondió: “Ir un paso delante de la gente, dar ejemplo e inspirarlos, y tener excelencia moral”. Más después se abusó bastante de esto para glorificar el poder; pero no obstante, estas ideas moldearon la historia China por siglos.

La lealtad jugaba también un papel importante, zhong. El carácter escrito, o ideograma para zhong significa en medio, o corazón: para ser dirigido en medio de tu corazón. En el Lun Yu, las famosas charlas de Confucio, hay muchas referencias a la importancia de la conexión entre el Li y el Yue, la música.

 

 

La música y el Li

Confucio dice que “los cantos elevan al hombre: Li, los ritos, le dan fuerza, la música le da plenitud”. Al igual que para Platón, para Confucio la música tiene una función en el Estado. El decía:

… La música surge del corazón, cuando éste es tocado por el mundo que lo rodea. Por lo tanto si el sonido te lo da la tristeza, entonces los sonidos de la música son sombríos. Si es la satisfacción, los sonidos son lánguidos y lentos. La alegría: los sonidos son gloriosos. Ira: los sonidos son ásperos y fuertes. La piedad: los sonidos son sencillos y puros. El amor: los sonidos son suaves y dulces.

Estos modos son producidos por el efecto del mundo externo. Por eso los reyes antiguos siempre se preocupaban de las cosas que afectaban al corazón humano. Ellos trataban de guiar las ideas y aspiraciones del pueblo por medio del Li, para establecer la armonía y los sonidos por medio de la música. Li, la música, el castigo, y el gobierno tienen un objetivo común, que era lograr la unidad en el corazón de la gente y llevar a cabo los principios del orden político.

La música surge del corazón humano. Cuando se toca las emociones, se expresan en sonidos, y cuando los sonidos toman formas definidas, surge la música. Por tanto la música de un país pacífico y prospero es tranquila y alegre y el gobierno es ordenado. La música de un país en agitación, muestra insatisfacción e ira o, y el gobierno es caótico. [Se puede decir lo mismo de los gobiernos y música occidentales. HZL]

La música de un país destruido demuestra melancolía y remembranza del pasado [como los países y música occidentales. HZL] y la gente se encuentra angustiada. Así vemos que música y gobierno están directamente conectados uno con otro.

En un hermoso tratado de música, Confucio escribe:

Cuando los gustos y aversiones no se controlan apropiadamente, y nuestra mente consciente se distrae con el mundo material, nosotros perdemos nuestro verdadero yo en cuanto al principio de la razón, y se destruye la naturaleza. Cuando el hombre es constantemente expuesto a las cosas del mundo material que lo afecta y no controla sus gustos y aversiones, entonces queda abrumado por la realidad material y se deshumaniza y se vuelve materialista. Cuando un hombre se des humaniza o se vuelve materialista entonces se destruye el principio de la razón en la naturaleza y el hombre se hunde en sus propios deseos. De aquí surge la rebelión, la desobediencia, el dolo y el engaño, y la inmoralidad en general. Tenemos entonces la imagen del fuerte que abusa del débil, la mayoría que persigue a la minoría, los más listos engañan a los ingenuos, los físicamente fuertes buscando la violencia, los enfermos y lisiados abandonados y los ancianos y jóvenes desamparados sin cuidados. Este es el sendero del caos.

Así que la música está conectada con los principios de la conducta humana. Así que, los animales conocen sonidos, pero no conocen los tonos. Aquel que entiende la música se acerca mucho al entendimiento del Li, y si un hombre ha dominado tanto la música como el Li, entonces le llamamos virtuoso, porque la virtud es el dominio de la plenitud…

La verdadera gran música comparte los principios de armonía con el universo. Cuando la tierra es pobre, las cosas no crecen; y cuando la pesca no está regulada según las estaciones, entonces los peces y las tortugas no maduran. Cuando se deteriora el clima los animales y las plantas se deterioran y cuando el mundo es caótico, los rituales y la música se vuelven licenciosos. Nos encontramos entonces con un tipo de música que es triste sin limitación, y alegre sin calma.

Por lo tanto el hombre superior trata de crear armonía en el corazón humano, a través de un redescubrimiento de la naturaleza humana, y trata de fomentar la música como el medio para la perfección de la cultura humana. Cuando tal música prevalece, y las mentes de la gente son guiadas hacia aspiraciones e ideales rectos, podemos ver la aparición de una gran nación. El carácter es la espina dorsal de nuestra naturaleza humana, y la música es el florecimiento del carácter.

 

 

Mencio: Exponente del confucianismo

El filósofo Mencio (390-305 AC) vivió en medio del periodo de los “Estados Guerreros”, unos 100 años después de Confucio, y fue un contemporáneo de Aristóteles. Al igual que Confucio, Mencio viajo de corte en corte, con la esperanza de poner en práctica sus ideales políticos. Él lanzó un buen número de polémicas en contra de Mo Zi y de Yang Zhu, quienes desafiaron a la filosofía de Confucio. Mo Zi en particular tenía la idea de utilidad, y Mencio decía que “una orientación hacia la utilidad, impide la unidad social. Esto lleva a que cada quien trate de maximizar su ganancia personal a costa de los demás”.

Mencio también lanzó una severa crítica a los gobernantes de su tiempo, por su egoísmo, por no tener un sentido de responsabilidad hacia la sociedad en su conjunto. Él acuso a los gobernantes de haber destruido los textos antiguos, por miedo a que la gente leyera estos textos antiguos como una guía.

Después en 213 AC, el emperador Qin Shihuang (221-207 AC), aquel famoso reverenciado por Mao Zedong, quemó todos los libros, y también quemó a 460 filósofos.

Mencio elaboró un programa para un gobierno humanista, que incluía el consenso de los gobernados, porque él decía que “sin esto, la unidad del estado es impensable”. También planteó la necesidad de que el gobierno siguiera el Mandato del Cielo: “Si el gobernante es inmoral, se le quita el mandato del Cielo”.

Mencio también abordó el tema del derecho a la resistencia en caso de que el gobernante fuese malo. “El hombre debe vivir de acuerdo a sus leyes morales internas”, sin importar cuáles sean las condiciones externas”. El planteaba que era preferible el martirio a la traición de los ideales. “Yo amo la vida”, decía Mencio, “pero hay algo que amo más que la vida”.

Mencio era un increíble pensador culturalmente optimista. Él estaba convencido de que en el futuro próximo se realizarían las ideas confucianas, debido a que la naturaleza elemental del hombre es el bien, y por tanto el mundo un día devendría bueno. Toda persona llevaría a ser como los míticos emperadores de Yao y Shun, quienes eran tenidos como la encarnación del máximo desarrollo moral.

Mencio decía: “Toda persona tiene dentro de sí el mismo potencial”. Así que había claramente una concepción humanista en el confucianismo temprano, como también la idea de que las cosas no dependen exclusivamente del cielo, sino que son tus propios esfuerzos los que determinan tu vida y los alcances de tu desarrollo moral. Que existe en la naturaleza humana la capacidad para la autoperfección.

Mencio decía: “Las diez mil naturalezas de todas las cosas están a plenitud en nosotros. Por lo tanto, sigamos nuestra naturaleza interna y seamos veraces: no existe dicha más grande. Hay una correspondencia entre el mundo interno y el externo, entre el hombre y el Cielo, entre las leyes de la moralidad y del universo”. Estas son las mismas ideas que tu encuentras en Nicolás de Cusa y Leibniz.

Mencio decía que “hay la nobleza del cielo y la nobleza del hombre. El amor por la humanidad, la fidelidad, el deber, la confiabilidad, y la alegría sin límites por el bien: Esto es la nobleza celestial”. Desde ese punto de vista es que él criticaba a los gobernantes de su tiempo.

La influencia de Mencio fue la razón principal de que el confucianismo llegara a ser el fundamento del Estado durante el periodo Han; pero el verdadero renacimiento de Mencio se desarrolló entre el siglo once y doce, en el periodo Sung, lo cual Michael Billington ha señalado muchas veces.[1] El Libro de Meng Zi se volvió uno de los cuatro libros de Confucio, que tenían obligación de leer todos burócratas o funcionarios.

 

 

Legalismo y taoísmo

Pero, antes de que vayamos a este período de renacimiento, veamos rápidamente a Xun Zi (298-238 AC), quien fue decano de la Academia de la Universidad de Chi-hsia y alcalde de Lan-lin, en Shandong. Se opuso de manera muy consciente a Confucio y a Mencio, y desarrolló una noción materialista del Cielo. Para él el “Cielo” era solo un nombre colectivo para todos los fenómenos naturales.

Xun Zi desarrolló la teoría de que la naturaleza humana era mala, creando así el fundamento teorético para una doctrina política que se orientaba explícitamente contra la concepción de Mencio de la bondad original de la naturaleza humana. Xun Zi sostenía que “la naturaleza humana es mala. Su bondad es artificial. La naturaleza humana es mala a priori. El ser humano nace con el deseo de buscar provecho, de preferir el placer antes que el trabajo duro. [¡Ahí ya debe haber existido una generación X! –HZL]. Dado que la naturaleza humana es inherentemente mala, el resultado será el desorden social y el caos; por lo tanto, se necesita el gobierno de los ritos”.

Hay una notable similitud entre las teorías del contrato social de los siglos XVII y XVIII, de Hobbes y Locke (y de Gingrich, en este sentido) y las de Xun Zi. El legalismo chino ya había desarrollado, casi palabra por palabra, lo que dirían estos escritores posteriores, como Malthus, Adam Smith, Mill y Bentham; específicamente, que el hombre es una mera bestia, motivada por el placer y el temor al dolor. De hecho, yo sospecho que todos estos empiristas británicos fueron plagiarios, que ni siquiera desarrollaron ese bodrio que escribieron. Por ejemplo, Xun Zi decía que “el aprendizaje solo es la acumulación de la percepción sensorial, una reacción del hombre al premio y el castigo”.

Xun Zi tuvo un estudiante aún peor, llamado Han Fei (280-233 AC), quien asesoró a ese rey que más tarde llegó a ser el primer emperador de la dinastía Qin (el que quemó todos los libros). Afortunadamente, Han Fei fue incriminado por realizar acusaciones falsas, y se suicidó en prisión; desafortunadamente, dejó una doctrina política, según la cual “se tienen que prohibir todos los discursos y acciones que no acaten la ley. La educación solo debe consistir en el aprendizaje de las leyes y solo los funcionarios deben ser maestros”.

La doctrina de Xun Zi y Han Fei llegó a ser el modelo para el gobierno despótico a lo largo de la historia de China, y Mao se refirió a ella muy explícitamente. Al estadismo se le denominó “el arte del castigo”. A los dos vehículos del poder se les llamaba “los dos manejos”: Manejar al pueblo a lo largo de la vida, y de la muerte. El poder es el medio para mantener la supremacía sobre las masas, y obviamente, esto deja de lado por completo todos los aspectos nobles del ser humano. Poco después de que el emperador Qin Shihuang había unificado China con base en esta doctrina, hubo una gran revuelta campesina que derrocó a la efímera dinastía Qin.

Otra de las ideas de Han Fei fue que el crecimiento de la población causaría la escasez de riqueza y por lo tanto conduce al caos. Su argumento era que, “en el intento de persuadir a los gobernantes, los demandantes no propugnan el uso del poder que con seguridad se puede ganar, sino dicen que si uno se dedica a la práctica de la humanidad y la justicia, llegará a ser un verdadero rey. Esto es suponer que todo gobernante debe ser igual a Confucio, y que toda la gente en el mundo sea como sus setenta seguidores. ¡Esto es absolutamente imposible!”

Obviamente, esto es exactamente contrario a lo que dice Schiller en su famoso drama Don Carlos: “¡Sé un rey entre un millón de reyes!” Todos pueden ser un Confucio. Este siempre ha sido el meollo del asunto en todas las culturas.

Los legalistas declararon ilegal la educación, exactamente como Mao, quien decía que todos los intelectuales eran contrarrevolucionarios. Siguiendo esta línea, el emperador Qin Shihuang condenó a 460 personas a morir quemadas.

Esto es suficiente sobre los legalistas. Después vino la escuela taoísta, cuyo fundador, Lao Zi, fue casi contemporáneo de Confucio. Lao Zi decía: “La única razón por la que es difícil gobernar a la gente es porque saben demasiado. Los antiguos, que fueron buenos en practicar el Camino [Tao], no enseñaron al pueblo a ser inteligente, sino que lo mantuvieron en la ignorancia. Al ser ignorante, el pueblo quedaría sin conocimiento y sin deseo, por lo tanto a los gobernantes les sería fácil gobernarlos”.

Hasta donde sé, esta es la declaración más transparente del principio oligárquico. Después se le encubriría más y se le añadiría otros argumentos. Pero, ésta es la esencia: mantenga al pueblo estúpido y podrá gobernarlo.

Lao Zi también tenía un modelo de sociedad, que consistía en un pequeño país con solo unos pocos habitantes. Ellos deberían tener botes y carretas, pero ninguno debería utilizarlos. La gente envejecería y moriría sin haberse visitado entre sí. Se le debería mantener estúpida y atada al suelo.

“Lograr el vacío final; mantener la tranquilidad absoluta. Todas las cosas se mueven y crecen, observo su retorno, el retorno final al no-ser”, decía Lao Zi. Se oponía radicalmente a cualquier clase de estudio, porque, decía, “la búsqueda del conocimiento crece a diario, mientras que la búsqueda del tao disminuye a diario. Mientras más aprende uno, más sufre el tao”. Por lo tanto, cesen de hacer cualquier cosa.

Un contemporáneo de Mencio, Shuang Shi (369-286 AC), fue incluso peor. Dio un paso más allá que Lao Zi, hacia atrás. Él recomendó enfáticamente no intervenir nunca en el curso natural del mundo, es decir, ¡retornar al caos original! Estuvo en contra de cualquier clase de progreso social y reforma social. La gente debería dirigir su vida de la manera más ignorante, porque todo lo demás violaría el tao.

Shuang Shi enseñó que se debería negar la existencia del mundo objetivo y en consecuencia empezó a dudar incluso de su propia existencia. Un día dijo: “Estuve soñando que era una mariposa ¿o soy una mariposa?” Eso muestra ¡hasta dónde se puede llegar con esto! Decía: “He abandonado mi cuerpo y descartado mi conocimiento, así que he llegado a ser uno con el infinito. Esto es lo que quiero decir con sentarse en el olvido”.

Desafortunadamente, la dinastía T’ang y la mayoría de sus emperadores se dedicaron mucho al taoísmo y al budismo. Entre los siglos VII a X DC, hubo a veces un conflicto entre estos dos, pero durante la mayor parte del tiempo se fundieron en una mezcla sincrética.

 

 

El renacimiento neoconfuciano

En el año 960 DC surgió la dinastía Sung en medio del colapso de la dinastía T’ang y con ella la muy importante escuela neoconfuciana, la llamada escuela “Cheng/Zhu”, como se le conoce en China, cuyo pensador más importante fue Chu Hsi (1130-1200 DC), quien lanzó un devastador ataque contra las teorías inmorales y fraudulentas del taoísmo y el budismo. Él desarrolló más a fondo las ideas de Confucio y Mencio, y generó un bello renacimiento neoconfuciano.

Hay claros paralelos entre la tradición confuciana y neoconfuciana, y el cristianismo, como lo señaló Leibniz en su Teología natural de los chinos. Leibniz elogió la civilización sumamente refinada de China y dijo que su densidad de población, relativamente alta para entonces, era prueba de que los chinos tenían un alto grado de entendimiento de las leyes del universo.

En su tratado sobre el Ren, Chu Hsi sostiene que “Ren es el principio del amor. Cuando uno se percata de que el Ren es la fuente del amor, y que el amor nunca puede agotar el Ren, uno ha logrado una comprensión precisa del Ren. No es en aras de nada que el Ren ve la luz. El Ren es el principio del amor y el camino de la vida. El Ren es la esencia de la creación de sí mismo”.

Según Chu Hsi, Li es el concepto más importante. Li equivale exactamente a las ideas de Platón, o a las mónadas de Leibniz. Es coherente con la hipótesis que conduce a los descubrimientos científicos válidos relacionados con el ordenamiento legítimo fundamental del universo.

Leibniz dice:

El primer principio de los chinos se le llama Li, es decir, razón, o el fundamento de toda la naturaleza, la razón y sustancia más universal; no hay nada más grande ni mejor que el Li… No es que todos sean capaces de la divinidad en cuanto a su ser, y es el fundamento principal de todas las esencias que son y que pueden existir en el mundo, sino que es también el conjunto de la multiplicidad más perfecta, porque el ser de este principio contiene la esencia de las cosas como son en su estado germinal.

Así nosotros decimos, cuando enseñamos que las ideas, que los fundamentos primitivos, el prototipo de todas las esencias, está en Dios. Los chinos también atribuyen al Li todas los modos de perfección tan perfecta que no hay nada que añadir. Uno ha dicho todo. En consecuencia, ¿no podemos decir que el Li de los chinos es la sustancia soberana que nosotros veneramos bajo el nombre de Dios?

Chu Hsi dice: “Li es la integridad global que contiene todo, y que está contenida en todo”. Esto es lo que Nicolás de Cusa llama “quad liebert in quo liebert”, que en todo pequeño microcosmos, hay un germen de todo el universo. Todas las cosas creadas reflejan la legitimidad del microcosmos. Esto es obviamente una refutación plena al punto de vista materialista del mundo en la cultura china.

Chu afirma que “la mente siempre está en peligro de responder a la apariencia de las cosas materiales antes que a su esencia, sus principios. De este modo, la mente se nubla, arrastrada por los deseos egoístas y las fijaciones en las cosas en sí mismas, y se obscurece la pureza de la naturaleza original dada por Dios”. De esto es que habla Nicolás de Cusa.

“El hombre recibe la fuerza material, llamada qi, en la forma más clara, mientras que los animales la reciben en un estado turbio. Quien tiene la mente confusa no está muy lejos de los animales”, dice Chu. Nicolás de Cusa llama a tal persona “homo animalis”, el hombre bestia.

Chu también introdujo el gran aprendizaje para los adultos, la idea de que los adultos deben aprender durante toda su vida, que nunca deben dejar de aprender. La perfección continua, el aprendizaje de los principios de la hipótesis, no de los “hechos”.

Este bello período neoconfuciano terminó eventualmente en 1211, con la invasión de los mongoles y el establecimiento de la dinastía Mongol en 1279. Cien años más tarde, en 1368, se derrumbó la dinastía Mongol.

Hubo un resurgimiento confuciano en 1435, bajo la dinastía Ming, que dio lugar a la construcción de grandes proyectos, tales como canales. También floreció la escuela neoconfuciana de Cheng/Zhu, que casi dominó por entero a la corte, al sistema educativo y al sistema de evaluación del servicio civil, en especial en la segunda dinastía Ming (1402-24), bajo el emperador Yongle. Él fue quien trasladó la capital de Nanjing a Beijing y edificó el palacio en Beijing que en nuestros días se conoce como la “Ciudad prohibida”. La misma tradición neoconfuciana continuó bajo el emperador Xuan De, de 1425 a 1435.

Desafortunadamente, bajo Wang Yang-ming (1472-1529), hubo una subversión de la escuela de Cheng/Zhu y dominó el taoísmo. Hubo un debilitamiento del confucianismo, infligido especialmente por Wang Yang-ming.

Cuando los jesuitas llegaron a China a finales del siglo XVI, la tradición confuciana estaba seriamente dañada. Pero el emperador Shun Zi revivió la escuela Cheng/Zhu. Este emperador fue el que despertó el entusiasmo de Leibniz, quien llegó a decir que las matemáticas de Kangsi eran tales que si un emperador del otro lado de la Tierra podía tener las mismas ideas que él, entonces esa era la prueba de que existe un solo Dios.

 

 

La visión del doctor Sun Yat-sen

Posteriormente, el doctor Sun Yat-sen, fundador de la China moderna, de nuevo pondría de relieve la similitud entre la religión cristiana y el pensamiento clásico confuciano, y tuvo la misma idea de Leibniz de integrar el puente terrestre euroasiático.

Pero, al mismo tiempo, hubo una enorme campaña británica para influir en el pensamiento chino, utilizando a los empiristas británicos. Y la afinidad que se encuentra entre los viejos legalistas chinos, taoístas y budistas, y los empiristas británicos es, desde mi punto de vista, la razón por la que el siglo XX transcurrió de la manera en que lo hizo.[2] Por ejemplo, tuvimos en particular a Yan Fu, un académico que tradujo a todos los empiristas británicos. Él era muy hostil a las ideas judeo-cristianas y al confucianismo. Alababa al taoísmo, al budismo, a Montesquieu y a Darwin. Sus traducciones de esta gente constituyeron el principal material principal de los estudios de Mao, aprte de Carlos Marx y Lenin. Mao abiertamente adoptó el legalismo.

Por otro lado, Sun Yat-sen, como Leibniz, destacó la verdad subyacente tanto al cristianismo como al confucianismo. Él dirigió la revolución republicana en 1912, pero desafortunadamente no pudo consolidar un gobierno unificado; pudo establecer el gobierno solo en una pequeña parte del sur de China, mientras el resto del país permaneció bajo el mando de varios caudillos.

El doctor Sun denunció el famoso movimiento del 4 de mayo de 1919 por ser asestado contra China desde fuera, y como un gran peligro para la sobrevivencia de China, porque se basó en Rousseau y Mill. Al mismo tiempo, entre 1919 y 1921, Bertrand Russell y John Dewey daban clases tanto en Beijing como en Shangai. Estas fueron las influencias que condujeron al desarrollo inicial del movimiento maoísta, y Chen Duxiu, el fundador del Partido Comunista, estuvo muy influenciado por estas traducciones de Yan Fu.

En 1919, Sun Yat-sen hizo un llamado para el desarrollo internacional de China, y tenía propuestas muy detalladas para los ferrocarriles, la gestión del agua, la agricultura y la industria. Pero, estos planes no se pudieron realizar debido al Tratado de Versalles de mayo de 1919.

Hoy, el puente terrestre euroasiático está de nuevo en el orden del día y el gobierno chino es la principal fuerza que lo impulsa. Los chinos están progresando económicamente con mucha fuerza y han formulado un programa de manera muy consciente, no sólo pensando en China, sino en el mundo entero. Y debo decir que en mis conversaciones con representantes de la élite china en Beijing quedé realmente muy impactada positivamente.

Porque ellos dijeron: “¿Cuál será el significado de la civilización en el próximo siglo? La peor catástrofe que pudiera golpear al mundo es que todos persigan valores materiales. Si el materialismo occidental, como lo vemos ahora en Estados Unidos, Europa, Rusia y otros lugares, se extendiera sobre todo el globo, perderíamos el control sobre la civilización. Esta sería la peor catástrofe. Si todos se guiaran solo por la idea de cómo maximizar su propia ganancia personal, entonces se perdería el significado de la vida. El reto que tenemos enfrente en este momento es: ¿Cómo, frente a un colapso tanto en el Oeste como en el Este, podemos encontrar una solución?”

La ciencia y la tecnología no pueden seguir siendo el privilegio de un solo país. Deben llegar a ser del dominio del mundo entero. La ciencia y la tecnología occidental han incrementado la riqueza, pero Occidente se ha vuelto perezoso. La cultura occidental no tiene motivación, ni propósitos.

El chino dice: “Nosotros necesitamos una nueva civilización, que no deber ser de Oriente ni de Occidente. China tiene una cultura que duró miles de años. Una parte fue buena, otra parte fue mala. Lo mismo ocurre en Occidente. Tiene que haber una nueva cultura mundial, tenemos que integrarla. Tenemos que hacer algo que influya y cambie el curso de la historia”.

En China la gente piensa: “Sea bueno consigo mismo, luego tiene la capacidad para gobernar al país”. Esto es exactamente lo que Schiller dijo en sus Cartas sobre la educación estética del hombre, acerca de la idea estética del hombre. Schiller y Confucio realmente tienen mucho en común, porque ambos tienen el propósito de elevar al hombre a un nivel más alto de humanidad, para lograr un desarrollo armónico de todas sus habilidades morales e intelectuales, para llevar a la especie humana a la más alta humanidad, para lograr su autodeterminación por la libertad total, de modo que el hombre pueda alcanzar en sí mismo, a través de la coincidencia de todas las fuerzas contradictorias, esa tensión creativa que elimina cualquier clase de fuerza y que hace al hombre rea y verdaderamente, libre.

Y así Confucio dice: “Solo si se desarrolla la personalidad, entonces la casa estará en orden. Cuando la casa está en orden, solo entonces puede funcionar el Estado. Solo si funciona el Estado, se puede lograr la paz en el mundo”.

Queridos amigos, ¡construyamos ese mundo!

 

 

Notas de pie de página

[1] Ver, por ejemplo, “Toward the Ecumenical Unity of East and West: The Renaissances of Confucian China and Christian Europe”, en la revista Fidelio, Vol. II, No. 20, Verano de 1995.

[2] C.f. Michael Billington, “The Taoist Perversion of Twentieth-Century Science”, Fidelio, Vol. III, No. 3, Otoño de 1994.

Nota: sobre la escritura y la pronunciación de los caracteres chinos

A diferencia de las palabras en inglés o en español, las palabras chinas no se deletrean con letras que representan los sonidos hablados. En vez de esto, cada palabra se escribe como un ideograma (o carácter) que representa una idea. Se han concebido algunos sistemas para deletrear las palabras chinas en el alfabeto latino, usado en la mayor parte de Occidente. En este artículo, muchas palabras chinas se deletrean de acuerdo con el sistema pinyin adoptado por la República Popular de China en 1979, para reemplazar el sistema Wade-Giles desarrollado en Gran Bretaña en el siglo XIX. El uso del sistema pinyin hace que algunas palabras chinas que han sido familiares en formas más antiguas parezcan extrañas; sin embargo, este no cambia su pronunciación sino solo la forma en que se las deletrea en inglés o en español. Así, “Pekín” se convierte en “Beijing”, “Mao Tse-Tung” en “Mao Zedong”, “K’ang Hsi” en “Kangsi”, y los conceptos filosóficos que han aparecido en ediciones previas de Fidelio escritos como Jen y ch’i se convierten en Ren y qi. Se puede lograr una clara aproximación al usar los sonidos equivalentes del inglés para las consonantes pinyin, con estas excepciones: c se pronuncia ts cuando empieza una palabra; q se pronuncia ch; x se pronuncia sy (sh suave); z se pronuncia dz; y zh se pronuncia j.

 

 

Leibniz y la raíz de la 1ª integración euroasiática saboteada por el Vaticano jesuita

 

 

Fuente:

El legado confuciano de China en el mundo de hoy.

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