En este artículo, Brandon Smith, de Alt-Market, vuelve con un interesante análisis sobre por qué el reseteo económico global podría tratarse de una operación de bandera falsa. Todas las grandes guerras y por lo tanto el colapso económico son obras prediseñadas de ingeniería globalista. El sistema actual fue diseñado para fallar. Y, de ese fracaso, se pretende introducir —de manera abierta— el “orden” globalista previsto. Esta es la realidad que muchas personas simplemente no parecen captar. Incluso si están informados sobre la existencia de la agenda globalista, creen que los globalistas están tratando de proteger el sistema que existe, o proteger el llamado “Estado Profundo.” Pero este es un meme de propaganda que no describe el panorama general. El panorama general es, al mismo tiempo, mucho peor, y también más optimista. Cada vez más gente tiene conocimiento de las intenciones del “nuevo orden mundial”, por lo que la élite se ha visto obligada a implementarlo y comercializarlo bajo una cortina alternativa, como la idea de “un gran cambio social y económico” (aka GESARA). Hace unos años, el Fondo Monetario Internacional comenzó a difundir un meme para describir una crisis económica mundial sin decir la palabra “crisis.” La directora general Christine Lagarde y otros comenzaron a usar la frase “reseteo económico global” en referencia a una mayor centralización de la gestión económica y monetaria, todo ello a raíz de un tipo de crisis que se presentaría llena de ambigüedades. A lo que esta crisis realmente hacía referencia es al nuevo orden mundial, y esa fue una de las primeras veces que vimos a un oficial globalista insinuar que el cambio o “reseteo” en realidad se construiría sobre las cenizas del antiguo sistema mundial, en vez de que simplemente sea construido como una extensión del mismo. En el nuevo modelo, las naciones deberán ser administrados por una autoridad central para evitar que los gobiernos erróneos o los “bancos centrales deshonestos” alteren el equilibrio. El FMI y el CFR también se han referido al nuevo orden mundial como el “nuevo multilateralismo” o el “orden mundial multipolar.” En este teatro, Donald Trump es un agente de oposición controlada que desempeña el papel de “antiglobalista” mientras que al mismo tiempo apila su gabinete con las mismas élites con las que supuestamente está en guerra. Cada política económica y comercial que Trump ha iniciado en los últimos dos años ha servido como cortina de humo para la demolición controlada por los globalistas de la economía. El conflicto arancelario entre Estados Unidos y China se ha convertido en un excelente catalizador para el reseteo global. En este escenario, lo único que los globalistas no controlan es cómo los elementos del público reaccionarán a su agenda de reseteo. Y aquí es donde encontramos la esperanza. Ellos saben que un segmento despierto y consciente de la población podría aniquilarlos mañana con la motivación correcta, por eso continúan distrayéndonos con un enjambre de preocupaciones y calamidades. El propósito es distraer a las masas enfocándolas hacia los enemigos equivocados. El reseteo globalista está sobre nosotros y la narrativa del colapso se está escribiendo ante nuestros ojos. Sin embargo, el juego final no descansa en los globalistas, sino en los defensores de la libertad y la soberanía. O mantenemos nuestro punto de mira en el verdadero enemigo, o nos absorbemos en la vorágine y olvidamos quiénes somos y por qué estamos aquí. Si esto último ocurre, entonces el reseteo económico globalista quedará asegurado.

 

Cuando se discute el hecho de que los globalistas a menudo diseñan deliberadamente eventos de crisis económica, inevitablemente surgen ciertas preguntas. La pregunta principal es “¿Por qué las elites querrían arruinar un sistema que ya está trabajando en su favor…?” La respuesta es complicada en cierto modo porque hay múltiples factores que motivan a los globalistas a hacer lo que hacen. Sin embargo, antes de entrar en explicaciones, tenemos que entender que este tipo de pregunta está enraizada en suposiciones falsas, y no en la lógica. La primer suposición que suele existir entre la gente es que el sistema actual es el sistema globalista ideal.

Cuando estudiaba literatura globalista y documentos blancos, desde el Bravo Nuevo Mundo de Aldous Huxley, hasta el libro El nuevo orden mundial de HG Wells y su poco conocida película “Las cosas por venir”, o la colección de escritos de Manly P. Hall titulada “El ojo que todo lo ve”, Tragedia y esperanza de Carol Quigley, los documentos del Club de Roma, los documentos de Entre dos Edades de Zbigniew Brzezinski, los documentos de Good Morning World del ex director de la ONU Robert Muller, la Asamblea de un Nuevo Orden Mundial de Henry Kissinger, el FMI y la Agenda 2030 de la ONU, entre otros, noté que en casi todos los documentos sobre globalización publicados por el Consejo de Relaciones Exteriores está descrito un objetivo final bastante descarado.

Para resumir: Durante al menos el siglo pasado, los globalistas han estado buscando un verdadero sistema mundial que no sea encubierto, sino abierto. Quieren la aceptación pública consciente de un sistema económico global completamente centralizado, una moneda global única, un gobierno mundial y una religión mundial (aunque ese tema en particular requerirá un artículo completamente separado).

Para lograr un objetivo tan elevado y, en última instancia, destructivo, tendrían que crear ciclos continuos de falsa prosperidad seguidos por una catástrofe. Lo que significa que las grandes guerras y el colapso económico que es obra de su propia ingeniería son sus herramientas principales para condicionar a las masas a abandonar sus inclinaciones sociales y biológicas naturales hacia el individualismo y el tribalismo y abrazar la filosofía colectivista. Crearon el sistema actual como un medio para un fin. No es su ideal utópico; de hecho, el sistema actual fue diseñado para fallar. Y, en ese fracaso, se pretende introducir el “orden” globalista previsto. La dialéctica hegeliana describe esta estrategia como Problema, Reacción, Solución.

Esta es la realidad que muchas personas simplemente no parecen captar. Incluso si están informados sobre la existencia de la agenda globalista, creen que los globalistas están tratando de proteger el sistema que existe, o proteger el llamado “Estado Profundo.” Pero este es un meme de propaganda que no describe el panorama general. El panorama general es, al mismo tiempo, mucho peor, y también más optimista.

La verdad es que el viejo orden mundial del siglo pasado es una medida de sacrificio, como la etapa de refuerzo de un cohete al espacio que cae y se quema en la atmósfera una vez que se gasta. Si no se acepta que los globalistas crean y destruyen la realidad para crear oportunidades de ganancia, nunca se podrá comprender por qué los eventos actuales están tomando la forma que tienen.

En el discurso público, por supuesto, las élites han aprendido a moderar su lenguaje y la forma cómo describen su agenda. El conocimiento público, o al menos la conciencia general sobre el “nuevo orden mundial” está creciendo, por lo que se ven obligados a presentar la idea de un gran cambio social y económico de una manera que suena menos nefasta y es relativamente comercializable. También tienen una tendencia a insinuar eventos o advertir sobre desastres que están a punto de ocurrir; que son los desastres que están a punto de causar. Quizás esta es simplemente una forma de aislarse de la culpa una vez que comienza el sufrimiento.

Hace unos años, el Fondo Monetario Internacional comenzó a difundir un meme para describir una crisis económica mundial sin decir la palabra “crisis.” La directora general Christine Lagarde y otros comenzaron a usar la frase “reseteo económico global” en referencia a una mayor centralización de la gestión económica y monetaria, todo ello a raíz de un tipo de crisis que quedó en su mayor parte llena de ambiguedades. A lo que esta crisis realmente hacía referencia es al nuevo orden mundial (es una forma distinta de describirlo), y esa fue una de las primeras veces que vimos a un oficial globalista insinuar que el cambio o “reseteo” en realidad se construiría sobre las cenizas del antiguo sistema mundial, en vez de que simplemente sea construido como una extensión del mismo.

El mensaje de Lagarde fue esencialmente este:

La cooperación “colectiva” no solo se fomentará en el nuevo orden, sino que se requerirá la cooperación colectiva de todas las naciones hacia el mismo marco geopolítico y económico. Si esto no se logra, se sentirá un gran dolor fiscal y se producirá un “desbordamiento.”

Interpretación: Debido a la interdependencia forzada del globalismo, la crisis en un país podría causar un efecto dominó de la crisis en otros países; por lo tanto, todos los países y su comportamiento económico deben ser administrados por una autoridad central para evitar que los gobiernos erróneos o los “bancos centrales deshonestos” alteren el equilibrio.

El FMI y el CFR también se refieren a esto como el “nuevo multilateralismo” o el “orden mundial multipolar.”

Creo que la próxima etapa del reseteo económico comenzó en 2018 y 2019. En esta fase del teatro creado por los globalistas, vemos que el mundo se está desmoronando por la “falta de cooperación” de la que Lagarde y el CFR nos advirtieron en 2015. La guerra comercial se está convirtiendo rápidamente en una guerra económica mundial que atrae a múltiples naciones de ambos lados. Y este escenario solo beneficia a los globalistas, ya que proporciona una cobertura perfecta al iniciar una caída históricamente masiva de la ‘Burbuja de Todo’ que ellos han venido inflando durante los últimos diez años.

Como predije en mi artículo “La tercera guerra mundial será una guerra económica”, publicado en abril de 2018, el conflicto arancelario entre Estados Unidos y China se ha convertido en un excelente catalizador para el reseteo global. En mi artículo ‘América pierde cuando la guerra comercial se convierte en una guerra de divisas’, publicada en junio de 2018, declaré:

“Una pregunta que debe abordarse es cuánto durará la actual guerra comercial? Algunas personas afirman que las hostilidades económicas serán de corta duración, que los socios comerciales extranjeros capitularán rápidamente ante las demandas de la administración Trump y que cualquier represalia contra los aranceles será escasa e intrascendente. Si este es el caso y la guerra comercial avanza rápidamente, entonces estoy de acuerdo: se hará muy poco daño a la economía de los Estados Unidos más allá de lo que ya ha hecho la Reserva Federal.
Sin embargo, ¿qué pasa si no termina rápidamente? ¿Qué pasa si la guerra comercial se prolonga durante el resto del primer mandato de Trump? ¿Qué pasa si se desborda en un segundo mandato o en el régimen de un nuevo presidente en 2020? “Esto es exactamente lo que espero que suceda, y la razón por la que predigo que este será el caso se basa en las oportunidades que una guerra comercial tan prolongada brindará a los globalistas.”

El mundo económico tiene un período de atención muy corto, pero hace un año, en los medios alternativos, la guerra comercial estaba siendo tratada como una novedad —en particular por las porristas de Trump—, es decir, como un problema que se resolvería en cuestión de meses con un Trump victorioso. Hoy en día, esas mismas personas ahora son entusiastas vocales de la guerra comercial, agitan sus pompones y gritan mucho mientras caen completamente en la farsa. Mencionar el hecho de que la guerra comercial solo sirve como una distracción para que los globalistas puedan completar su agenda del reseteo económico no parece que los elimine.

Normalmente siguen uno de dos argumentos: Trump es un antiglobalista que está destruyendo el sistema del “Estado Profundo” y la guerra comercial es parte de su “juego de ajedrez 4D.” O, los globalistas no tienen suficiente control sobre el sistema actual para lograr el tipo de “conspiración” que describo aquí.

Primero, yendo solo por sus asociaciones, está claro que Donald Trump es un agente de oposición controlada que desempeña el papel de “antiglobalista” mientras que al mismo tiempo apila su gabinete con las mismas élites con las que supuestamente está en guerra. Como mencioné en numerosos artículos, Trump fue adquirido en la década de 1990 cuando fue salvado de una posible quiebra permanente por el agente bancario de los Rothschild, Wilber Ross. Trump convirtió a Ross en su Secretario de Comercio apenas ingresó a la Casa Blanca, y Ross es una de las figuras clave de la guerra comercial en desarrollo.

En este punto, tengo que decir que cualquiera que diga que Trump está “jugando ajedrez 4D” con las élites bancarias mientras está rodeado de ellas todos los días, debe estar clínicamente loco. Pues cada política económica y comercial que Trump ha iniciado en los últimos dos años ha servido como cortina de humo para la demolición controlada por los globalistas de la economía. A medida que el reseteo continúa en medio de la guerra comercial, Trump y, por extensión, todos los conservadores serán los culpables. Trump es un flautista de la suerte de los movimientos conservadores, por lo que siempre he dicho que cualquier intento de destituir a Trump (antes de que se complete el choque) fracasará. A los globalistas les sirve exactamente donde está.

En segundo lugar, existe un banco central globalista controlado en casi todas las naciones del mundo, incluidos países supuestamente antiglobalistas en el este, como Rusia y China. Todos estos bancos centrales están coordinados a través del Banco de Pagos Internacionales en Basilea, Suiza. Los globalistas dictan secretamente la política económica de casi todo el planeta. Pueden crear fácilmente un colapso económico cuando lo deseen. Esto es un hecho.

Sin embargo, lo que no controlan es cómo los elementos del público reaccionarán a su agenda de reseteo. Y aquí es donde encontramos la esperanza. Aún no tienen su “nuevo orden mundial”, por lo que tienen que recurrir a la elaboración de operaciones teatrales y psicológicas. Saben que un segmento despierto y consciente de la población podría aniquilarlos mañana con la motivación correcta, y así, continúan distrayéndonos con un enjambre de otras preocupaciones y calamidades.

El propósito de esto es distraer a las masas enfocándolas hacia los enemigos equivocados mientras ignoran a las élites organizadas y psicopáticas como la raíz de la amenaza para la humanidad. Se supone que debemos odiar a los rusos, u odiar a los chinos, u odiar a las personas de la izquierda, u odiar a las personas de la derecha, y así sucesivamente. Pero estos conflictos son solo síntomas de una enfermedad más profunda. El gran peligro es que el enfoque sobre los globalistas como un virus desaparecerá de la conciencia pública y los círculos conservadores a medida que la guerra comercial se convierta en una guerra mundial y el colapso económico se convierta en un dolor financiero.

El reseteo está sobre nosotros. La narrativa del colapso se está escribiendo ante nuestros ojos. Sin embargo, el juego final no descansa en los globalistas, sino en los defensores de la libertad y la soberanía. O mantenemos nuestro punto de mira en el verdadero enemigo, o nos absorbemos en la vorágine y olvidamos quiénes somos y por qué estamos aquí. Si esto último ocurre, entonces el reseteo económico globalista quedará asegurado.

 

Comienza el reseteo económico global a través de un colapso prediseñado

 

Fuente:

Brandon Smith / Alt Market — The Next Stage Of The Engineered Global Economic Reset Has Arrived.

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