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La nueva Guerra Fría de EEUU contra Rusia y China llega al ciberespacio y el espacio sideral

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Por Alfredo Jalife Rahme

Estalla la ciberguerra contra Rusia y China

EEUU se olvida de sus intrusiones cibernéticas operadas por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional al desatar su ciberguerra mediante una retaliación ‘clandestina’ con la que amenaza el Consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan.

El pretexto serían los dos ciberataques a Solar Winds, que atribuye sin evidencias a Rusia, y a Microsoft, que culpa a China.

En su reciente edición dominical, The New York Times, en un extenso artículo de tres de sus reporteros —David Sanger, Julian Barnes y Nicole Perlroth—, asevera que “EEUU prepara sus represalias contra Rusia” mientras “confronta el hackeo de China” —cuyo subtítulo es muy pugnaz: “la proliferación de ciberataques por los rivales constituye un desafío a la Administración Biden, que busca disuadir las intrusiones en los sistemas corporativos y del gobierno”— con base en los aseveración del Consejero en Seguridad Nacional, Jake Sullivan, y otro grupo de funcionarios de la Casa Blanca que se mantienen en el anonimato.

Días antes al ominoso artículo, el mismo Sullivan había afirmado en una entrevista “que un conjunto de medidas que son entendidas por los rusos, pero que pueden no ser visibles al mundo en general, son actualmente quizá las medidas más efectivas en términos de esclarecer lo que EEUU cree que está dentro y fuera de los límites y lo que estamos preparados a hacer en respuesta”.

Pues esta frase tan hierática que supuestamente no es fácil de entender para la mayoría del género humano, delimita las nuevas líneas rojas que define en forma unilateral la Administración Biden y ahora considera que han sido traspasadas por lo que decidió tomar represalias.

Lo perturbador radica en que los ataques reportados contra el software SolarWinds se tomaron con base a los controvertidos servicios de espionaje de EEUU que suelen ser muy mendaces para avanzar los designios de su irredentista agenda bélica.

Llama la atención que The New York Times comenta que “desde el primer día de la nueva Administración” Sullivan haya confesado que preparaba represalias.

En forma ominosa, The New York Times advierte “que la Administración Biden tiene planes para replicar con una serie de acciones clandestinas en todas las redes de Rusia”.

No existe mucha claridad sobre el ataque a SolarWinds, —que sirve para manejar la infraestructura de la Tecnología de la Información, así como redes y sistemas— que supuestamente sufrió un ataque en 2020 que fue expuesto en forma extraña hasta diciembre de ese año con 40 víctimas cibernéticas de su plataforma Orion. El hackeo alcanzó a otros 7 países: Canadá, México, Bélgica, España, Reino Unido, Israel y Emiratos Árabes Unidos.

El sector gubernamental de EEUU fue mínimamente afectado, según Brad Smith, mandamás de Microsoft, quien exclamó que se trataba del “más extenso y más sofisticado ataque que el mundo jamás haya visto”.

En diciembre de 2020, el entonces polémico fiscal General, William Barr, afirmó “creer” que el hackeo de SolarWinds fue perpetrado por Rusia contradiciendo al todavía presidente Trump. quien sentenció que “tal hackeo es mayor en los medios de fake news”, llegando hasta a insinuar que SolarWinds participó en el fraude electoral de la elección presidencial.

Cabe señalar que las tres agencias —cada una con sus intereses propios— que supuestamente protegen a EEUU de los ciberataques —CISA (Cybersecurity and Infrastructure Security Agency), el FBI y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional— conformaron un comando conjunto para investigar el hackeo de SolarWinds, con sede en Austin (Texas).

Pareciera exagerado librar una ciberguerra de EEUU contra Rusia y China debido al hackeo de SolarWinds, cuyos ingresos no alcanzaron los 1.000 millones de dólares hace 2 años y que ostenta una relativa raquítica capitalización de mercado de 5.100 millones de dólares. Cabe señalar que entre sus 10 principales tenedores institucionales aparecen los 2 gigabancos Vanguard y BlackRock, además del polémico Neuberger Berman Investment Advisers. Al menos que se trate de un nodo cibernético muy estratégico que paralice centros neurálgicos.

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SolarWinds trae varios escándalos a cuestas incluyendo demandas judiciales por sus fallas en materia de seguridad y su derrumbe bursátil.

No se puede soslayar que desde 2018, por orden de la Administración Trump, el Cibercomando de EEUU tiene la “autoridad” de conducir batallas en el ciberespacio “cercanas a una guerra (short-of-war)” sin autorización explícita de la Presidencia.

El portavoz del presidente ruso, Dmitri Peskov, señaló la “extrema preocupación” a la ciberguerra de The New York Times contra Rusia: “Es una información alarmante, ya que un medio estadounidense bastante fidedigno no solo admite, sino que anuncia la posibilidad de tales ciberataques”.

El Consejero de Seguridad Nacional Sullivan y sus corifeos en la Casa Blanca arremetieron contra China afirmando que su “principal directorio de seguridad” perpetró un ataque a 30.000 computadoras del gobierno y de las corporaciones de EEUU que arrojaron 60.000 cibervíctimas a principios de marzo, aprovechándose de la vulnerabilidad de un programa de correo electrónico de Microsoft.

Entre sus víctimas se encuentran agencias federales de EEUU que incluyen al Pentágono, la NASA y el Departamento de Justicia.

La viceconsejera para las ciber y emergentes tecnologías en Seguridad Nacional, la israelí-estadunidense Anne Neuberger, está a cargo de sopesar el “impacto a la intrusión de los correos electrónicos de Microsoft”.

¿Tendrá algo que ver Anne Neuberger con Neuberger Berman Investment, una de las principales tenedoras de acciones de SolarWinds?

Chen Shasha, del portal chino Global Times, elabora que la “ciberseguridad se ha vuelto la nueva arma de EEUU contra China y Rusia”. Shasha cita a Wang Yiwei, director del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad Renmin de China, “EEUU está jugando la carta del ciberataque para mover la lucha ideológica a la ciberseguridad y busca monopolizar al mundo” cuando “Rusia y China han roto la hegemonía de EEUU en el cibermundo con sus avanzados desarrollos tecnológicos”.

A su juicio, Washington teme la “amenaza potencial” en el ciberespacio y en las finanzas (con la divisa digital china).

Al final del día, EEUU busca una justificación para “construir una cadena global de suministro en la era post-COVID-19 que excluya a China y a Rusia, controlar a sus aliados en tecnología y liderar el mundo”.

El mayor problema es que las imputaciones de EEUU carecen de evidencia y han politizado el tema de la ciberseguridad librando su fantasiosa guerra de propaganda.

Andy Greenberg, del portal tecnológico Wired, enuncia que “las represalias contra Rusia no son la respuesta adecuada”, ya que “será muy difícil señalar la línea específica que cruzó el Kremlin y que EEUU no haya cruzado antes”.

La lista es larga sobre las intrusiones de la CIA: desde los implantes de la Agencia de Seguridad Nacional en el hardware de Cisco, según las estrujantes revelaciones de Edward Snowden, hasta el control secreto de encriptación suizo de la firma Crypto AG.

Ante todo, habrá que mostrar las evidencias de los supuestos ataques de Rusia y China para luego ponderar las famosas líneas rojas de retaliación que debe ser proporcional, como la guerra justa de San Agustín, ya que de otra manera el autónomo Cibercomando puede incurrir en una tercera guerra mundial sin la autorización del presidente y sin el conocimiento del restante de la población planetaria.

Lo óptimo deseable sería la colaboración en ciberseguridad de EEUU con Rusia y China, en lugar de incurrir en una retaliación sin pruebas fehacientes ni árbitro alguno en este nuevo campo de batalla de las tres superpotencias.

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La nueva Guerra Fría alcanzó ya el ciberespacio y el espacio sideral.

 

 

Impactante cooperación de Rusia y China para explorar la luna: un G-2 en el espacio

Pese la llegada coreográfica de Biden, se impone más la postura estratégica del Pentágono, que considera a Rusia y a China como sus principales rivales.

EU ha llevado ahora su nueva guerra fría –sea con Obama, sea con Trump, sea con Biden– al espacio sideral y a la sensible ciberseguridad (https://bit.ly/3eCLoom).

EU padece la clásica trampa de Tucídides –cuando el previo hegemón decadente busca impedir el ascenso del nuevo hegemón ascendente–, lo que ha orillado a profundizar la asociación estratégica de Rusia y China, a mi juicio, el peor error geoestratégico cometido por Obama y agudizado por Trump.

El asombroso descenso tecnológico del robot Perseverance en Marte (https://bit.ly/3voTC9i) acicateó la exploración lunar conjunta de China y Rusia.

El editorial de Global Times, portal oficioso chino, exalta y exulta que Rusia acumuló una rica experiencia en la exploración lunar durante la era de la URSS, y ha desarrollado una poderosa tecnología espacial cuando “China y Rusia poseen las necesarias condiciones políticas de estabilidad (¡megasic!) para una cooperación de largo plazo (https://bit.ly/2OuYWaz)”. Es evidente que el portal chino alude al presente caos político imperante en EU y asevera que tal cooperación fortalecerá a su vez la mutua confianza estratégica bilateral y promoverá la cooperación integral (sic) en varios campos –que naturalmente implican el ámbito militar.

Global Times prevé que en el largo plazo, la mayor (sic) parte de los recursos necesarios para el desarrollo humano provendrán del espacio sideral, cuando habrá muchos negocios en la industria espacial y las generaciones futuras vislumbrarán cambios maravillosos en este campo.

Por cierto, el año pasado China se convirtió en el primer país durante cuatro décadas en traer rocas de la Luna (https://bit.ly/3eHmunD).

El portal chino asienta que la cooperación de Rusia y China en el espacio generará un ejemplo positivo con implicaciones políticas (sic) cuando los límites invisibles (sic) entre Oriente y Occidente serán resquebrajados, lo cual dependerá de la forma en que EU reaccione e interactúe.

La proyectada Estación de Investigación Internacional Lunar (ILRS, por sus siglas en inglés) de Rusia y China se asentará en el polo sur de la luna (https://bit.ly/3eELlbs): iniciará con una fase robótica y seguirá una “presencia humana (https://bit.ly/3thSqCO)” a partir de 2040.

Otro error estratégico de EU, ahora con Biden, es alejar a Rusia de su previa colaboración con la NASA para ahora intimar más con China (https://nbcnews.to/2Q3ulS3).

El feroz Director espacial de la Agencia Espacial Rusa Roscosmos, Dmitry Rogozin, expuso que el binomio espacial está abierto (sic) a todos los países, con particular imán a Francia, Alemania e Italia.

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Cabe señalar que Rusia fue el socio fundador de la Estación Internacional en el Espacio (ISS, por sus siglas en inglés) con EU: laboratorio científico orbital que lleva 20 años de ocupación humana continua, en el que no participó China (https://cnn.it/38DVWzB).

EU comparte en forma asimétrica el programa Artemis con la Agencia Espacial Europea (AEE), que juega un papel muy menor: quienes acaban de formalizar la asociación Gateway (https://go.nasa.gov/3rXwe0s).

rogozin ha sido muy crítico de la inaceptable militarización de la luna por el Pentágono, cuando la cooperación de Rusia y China es meramente de carácter civil (https://bit.ly/3lf9S8m). En forma paradójica, también el programa Artemis con la AEE, que excluye a Rusia y China, es también de carácter civil.

¿Desea ganar el Pentágono su guerra hegemónica en el espacio sideral que está perdiendo en el planeta Tierra frente a la asociación de Rusia y China que cada vez más parece un incipiente G-2?

Uno de los principales sellos de la guerra fría entre EU y la ex URSS fue la carrera en el espacio. Ahora la nueva guerra fría de EU contra el G-2 de Rusia y China se vuelve a escenificar en el espacio sideral, que pretende ser militarizado por EU, sumado a la terrenal guerra de la ciberseguridad.

 

Fuentes:

Alfredo Jalife Rahme: Estalla la ciberguerra contra Rusia y China; en Sputnik, 12.03.2021.

Alfredo Jalife Rahme: Impactante cooperación de Rusia y China para explorar la luna: un G-2 en el espacio; en La Jornada, 14 de marzo de 2021.

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