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La inteligencia británica guía el impulso neoconservador de EEUU para activar una nueva ‘Guerra de los Treinta Años’ en Eurasia

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Durante la Administración Carter, Bernard Lewis fue el arquitecto de la política del “Arco de la Crisis” del lunático Zbigniew Brzezinski, que fomentaba las insurrecciones fundamentalistas de la Hermandad Musulmana a lo largo de la franja sur de la Unión Soviética. El fomento planificado de las provocaciones bélicas islamistas radicales fue conocido, en su momento, como “el Plan Bernard Lewis”. Para decirlo sin rodeos: El operador principal de la inteligencia británica, Lewis, acaecido en 2018, fue la mano que guió el todavía vigente impulso neoconservador de Estados Unidos para activar una nueva “Guerra de los Treinta Años” en Eurasia.

Este artículo aparece en el número del 30 de noviembre de 2001 de Executive Intelligence Review.

 

 

Por Scott Thompson y Jeffrey Steinberg

El 19 de noviembre, el octogenario orientalista británico Bernard Lewis escribió en las páginas de la revista New Yorker una elaborada apología de Osama bin Laden, un ferviente discurso sobre la inevitabilidad del “choque de civilizaciones”. Bajo el título “La rebelión del Islam”, Lewis mintió diciendo que la aparición del “terrorismo islámico” en las últimas décadas, es completamente coherente con la corriente principal del Islam, que está comprometida con el sometimiento de los infieles a la ley islámica. Repasó 14 páginas de una historia fracturada de cuento de hadas del islam, citando la cinta de vídeo de Bin Laden del 7 de octubre de 2001, en la que el expatriado saudí hablaba de la “humillación y desgracia del islam… durante más de 80 años”, en referencia al aplastamiento del Imperio Otomano por Gran Bretaña y Francia en 1918. Lewis inventó una tradición de yihad, “legada a los musulmanes por el Profeta”:

“En principio”, explicó Lewis, “el mundo estaba dividido en dos casas: la Casa del Islam, en la que gobernaba un gobierno musulmán y prevalecía la ley musulmana, y la Casa de la Guerra, el resto del mundo, todavía habitado y, lo que es más importante, gobernado por infieles. Entre las dos, debía haber un estado de guerra perpetuo hasta que el mundo entero abrazara el Islam o se sometiera al gobierno del estado musulmán”. Entre todos los diferentes “infieles” que gobernaban la Casa de la Guerra, afirmó Lewis, el cristianismo fue señalado como “su principal rival en la lucha por la dominación del mundo”. Lewis citó lemas pintados en las paredes de la Cúpula de la Roca de Jerusalén desde el siglo VII, atacando al cristianismo.

A continuación, Lewis afirmó que la evolución del terrorismo islámico moderno, concretamente el terrorismo de Al Qaeda, tenía una larga y orgullosa historia dentro del Islam, que se remonta al culto de los asesinos de los siglos XI-XIII. (Lewis escribió un libro en 1967, The Assassins, en el que ensalza las virtudes de esta sociedad secreta). También identificó a Arabia Saudí y Egipto como dos regímenes legítimamente señalados por los yihadistas islámicos, por su corrupción por el “modernismo”.

Concluyó, ominosamente: “Para Osama bin Laden, 2001 marca la reanudación de la guerra por el dominio religioso del mundo, que comenzó en el siglo VII…. Si Bin Laden puede persuadir al mundo del Islam para que acepte sus puntos de vista y su liderazgo, se avecina una larga y amarga lucha, y no sólo para Estados Unidos. Tarde o temprano, Al Qaeda y los grupos afines chocarán con los demás vecinos del Islam -Rusia, China, India-, que pueden mostrarse menos aprensivos que los estadounidenses a la hora de utilizar su poder contra los musulmanes y sus santidades. Si Bin Laden acierta en sus cálculos y tiene éxito en su guerra, al mundo le espera un oscuro futuro, especialmente a la parte que abraza el Islam.”

 

Plan Bernard Lewis, toma II

Desde los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono, no es de extrañar que Lewis haya reaparecido en numerosos lugares. Después de todo, el mandarín de la Oficina Árabe Británica, de 85 años de edad, ha sido el hombre clave de Londres en Estados Unidos desde 1974, cuando fue destinado al puesto de avanzada de H.G. Wells en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, para asegurar la conformidad estadounidense con las manipulaciones geopolíticas británicas en Oriente Medio, el Cáucaso, la cuenca del Caspio y Asia Central.

Para decirlo sin rodeos: El operador principal de la inteligencia británica, Lewis, es la mano que guía el actual impulso neoconservador de Estados Unidos para una nueva “Guerra de los Treinta Años” en Eurasia. Este impulso está en el corazón del actual intento de golpe de Estado contra la Administración de George W. Bush, que comenzó con los ataques de guerra irregular del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York y Washington.

La llegada de Lewis a Princeton, después de formar parte del profesorado de la facultad de Oriente Medio y África de la Universidad de Londres (depositaria de los archivos originales de la Casa de la India, que durante mucho tiempo se denominó oficialmente Departamento Colonial), coincidió con el fomento de la guerra civil en Líbano por parte del entonces Secretario de Estado Henry A. Kissinger. Esta persiste hasta nuestros días y sirvió de laboratorio para la posterior “revolución islámica” en Irán.

Lewis no es un simple charlatán británico. Tras obtener su doctorado en historia del Islam en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, se incorporó al cuerpo docente de la universidad en 1938. Entre 1940 y 1945, Lewis estuvo, según sus propias palabras, “ocupado en otras cosas”, como oficial de la Inteligencia Militar británica en tiempos de guerra, más tarde destinado al Ministerio de Asuntos Exteriores británico. A día de hoy, Lewis sigue sin hablar de sus “compromisos” en tiempos de guerra.

Desde que llegó a Princeton, Lewis ha sido el responsable demostrable de todas las locuras estratégicas en las que Estados Unidos se ha visto envuelto en Asia Menor. El “método de su locura” wellsiano ha sido el persistente impulso para eliminar el sistema de estados-nación, y lanzar guerras asesinas que se extienden por toda la región euroasiática.

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* Durante la Administración Carter, Lewis fue el arquitecto de la política del “Arco de la Crisis” del loco Zbigniew Brzezinski, consistente en fomentar las insurrecciones fundamentalistas de la Hermandad Musulmana a lo largo de todo el sur de la Unión Soviética. El fomento planificado de las provocaciones bélicas islamistas radicales fue conocido, en su momento, como “el Plan Bernard Lewis”. Entre los frutos de esta colusión Lewis-Brzezinski: la “revolución islámica” del ayatolá Jomeini en Irán, en febrero de 1979, que derrocó al Sha y devolvió al otrora orgulloso centro del Renacimiento Islámico a una era oscura de 20 años; y la guerra de Afganistán de 1979-1988, provocada por el lanzamiento en julio de 1979 del apoyo encubierto de Brzezinski a los “Contras” muyahidines afganos dentro de Afganistán, seis meses antes de la invasión del Ejército Rojo soviético en Nochebuena.

Ya en 1960, en un extenso estudio que preparó para el Royal Institute for International Affairs, bajo el título The Emergence of Modern Turkey, Lewis polemizó contra el legado modernizador y constructor de naciones de Mustafa Kemal Ataturk en Turquía. En su lugar, abogaba por el resurgimiento de un Imperio Otomano que pudiera utilizarse como ariete geopolítico británico contra Rusia y contra los Estados árabes del Golfo Pérsico, en alianza con Israel.

* Fue Bernard Lewis quien lanzó el bulo del “choque de civilizaciones”, en un artículo de Atlantic Monthly de septiembre de 1990 sobre “Las raíces de la ira musulmana”, que apareció tres años antes de que el clon de Brzezinski, Samuel Huntington, publicara su diatriba de Foreign Affairs, “El choque de civilizaciones”. El artículo de Huntington, y su posterior libro sobre el mismo tema, eran caricaturas del fraude histórico orientalista británico más sofisticado de Lewis, que describía al Islam como una guerra de 14 siglos contra el cristianismo. Huntington reconoció que el artículo de Lewis de 1990 acuñó el término “Choque de Civilizaciones”.

* En 1992, tras la Guerra del Golfo Pérsico, Lewis celebró en las páginas de Foreign Affairs, del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York, que la era del Estado-nación en Oriente Medio había llegado a un final sin gloria, y que toda la región debía esperar pasar por un prolongado período de “libanización”, es decir, de degeneración en violencia y caos fratricidas y parroquiales.

“El eclipse del panarabismo”, escribió, “ha dejado al fundamentalismo islámico como la alternativa más atractiva para todos aquellos que sienten que tiene que haber algo mejor, más verdadero y más esperanzador que las tiranías ineptas de sus gobernantes y las ideologías en bancarrota que les han endilgado desde el exterior”. Los islamistas representan “una red fuera del control del Estado…. Cuanto más opresivo es el régimen, mayor es la ayuda que presta a los fundamentalistas al eliminar a los opositores que compiten con él”.

Concluyó el artículo de Foreign Affairs pronosticando la “libanización” de toda la región, salvo Israel: “La mayoría de los Estados de Oriente Medio… son de construcción reciente y artificial y son vulnerables a un proceso de este tipo. Si el poder central se debilita lo suficiente, no hay una verdadera sociedad civil que mantenga unida la política, ni un verdadero sentido de identidad nacional común o de lealtad primordial al Estado-nación. El Estado se desintegra entonces -como ocurrió en el Líbano- en un caos de disputas, peleas, sectas, tribus, regiones y partidos”.

* En 1998, fue Lewis quien catapultó a Osama bin Laden a la fama con un artículo de noviembre/diciembre de Foreign Affairs, legitimando a la oveja negra saudí como un serio defensor de la corriente principal del Islam militante. El artículo de Lewis, “License To Kill: Osama bin Laden’s Declaration Of Jihad”, se deshizo en elogios hacia bin Laden, declarando que su “Declaración de la Yihad contra los judíos y los cruzados” era “una magnífica pieza de prosa árabe elocuente, a veces incluso poética… que revela una versión de la historia que la mayoría de los occidentales encontrarán desconocida”.

 

Atrapado en el acto

Osama bin Laden lanzó su llamamiento a la yihad en 1998 el 23 de febrero de ese año, seis meses antes de los atentados con camiones bomba contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia. Al día siguiente, la firma de Bernard Lewis aparecía en una Carta Abierta al Presidente Bill Clinton, de amplia difusión, publicada por una entidad inédita llamada Comité para la Paz y la Seguridad en el Golfo, en la que se exigía al gobierno de Estados Unidos que apoyara plenamente una campaña militar para derrocar a Saddam Hussein. La Carta Abierta pedía que se bombardeara Irak y que Estados Unidos prestara un agresivo apoyo financiero y militar al Congreso Nacional Iraquí, otra pseudopandilla corrupta e inepta de la “Contra”, creada por elementos de inteligencia estadounidenses y británicos, y con sede en Londres.

Además de Bernard Lewis, la Carta Abierta fue respaldada por el ex diputado estadounidense Steven Solarz (demócrata por Nueva York), el notorio propagandista y espía anglo-israelí Richard Perle, el criminal convicto de Irán-Contra Elliott Abrams, el compañero de viaje de Jonathan Pollard Steven Bryen, Frank Gaffney, el editor de New Republic y mentor de Al Gore Martin Peretz, Paul Wolfowitz, el director de investigación del Washington Institute for Near East Policy (WINEP) David Wurmser, y Dov Zakheim.

La alianza pública de Lewis en ese momento con las principales luces del aparato “Mega” -que ahora está librando una guerra sin cuartel contra los esfuerzos de la Administración Bush para encajonar al loco israelí Ariel Sharon- es digna de mención, pero no sorprendente. Lewis es considerado un león dentro de Israel y por el lobby israelí en Estados Unidos como un gigante geopolítico. El 19 de febrero de 1996, Lewis fue agasajado en Jerusalén, donde pronunció el noveno “Discurso de Jerusalén” anual del B’nai B’rith World Center sobre “Oriente Medio hacia el año 2000”. Su hijo, Michael Lewis, es el director de la “sección de investigación de la oposición” supersecreta del Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí. Esta es una de las fuentes más importantes de propaganda y desinformación, que actualmente satura el Congreso y los medios de comunicación estadounidenses con gritos de guerra precisamente para el Choque de Civilizaciones que Bernard Lewis ha estado promoviendo durante décadas.

 

La Hermandad Musulmana como fuerza de tareas de MI6 y de la CIA

 

Fuente:

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Scott Thompson and Jeffrey Steinberg: British Svengali Behind Clash of Civilizations, en Executive Intelligence Review; 30 de noviembre de 2001.

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