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G7 en Biarritz, por Thierry Meyssan. El G7, que fue originalmente una ocasión para que los dirigentes occidentales pudieran ‎reunirse para tratar de entender sus puntos de vistas respectivos, se ha convertido en un ‎rejuego comunicacional. Lejos de exponer a puertas cerradas lo que piensan, los ‎invitados se han convertido en actores de un show mediático donde cada uno de ellos ‎trata de construirse la mejor imagen. Lo peor ha sido esta vez la sorpresa que el ‎presidente francés Emmanuel Macron preparó para los periodistas y contra su invitado ‎estadounidense. ‎

 

G7 en Biarritz

El presidente francés y su ex profesora de teatro, su esposa Brigitte Trogneux-Macron, habían ‎montado este G7 como una verdadera obra de teatro. Nadie puede negar la calidad de la puesta ‎en escena ni de las teatrales sorpresas que han marcado la reunión de Biarritz.

El presidente Macron protagonizó, justo antes de la cumbre, una breve intervención televisiva ‎ en la cual anunció varias iniciativas espectaculares y ‎se comprometió a presentar un balance durante la noche del 26 de agosto.

Durante los días anteriores al inicio de la cumbre, los medios de difusión europeos divulgaron ‎masivamente una campaña tendenciosa según la cual la selva amazónica ardía por los ‎cuatro costados debido a una serie de incendios forestales que pueden llegar a destruirla, lo cual privaría al planeta de oxígeno y ‎dispararía el cambio climático.

En realidad, lo que está quemándose no es la jungla sino zonas previamente deforestadas que los agricultores “limpian” mediante el fuego. ‎Además, sólo una pequeña parte del oxígeno de la atmósfera proviene de la región amazónica. ‎El hecho es que ciertos miembros del G7 pretenden poner en tela de juicio la autoridad de la ‎OTCA (Organización del Tratado de Cooperación Amazónica) con vistas a explotar las fabulosas ‎riquezas minerales de esa región así como sus valiosos recursos de utilidad para las ‎transnacionales farmacéuticas y sus maderas preciosas. De hecho, el propio Emmanuel Macron ‎ya autorizó la explotación de varias minas de oro en la Guayana Francesa por parte de un ‎consorcio franco-canadiense, sin importarle mucho los efectos que eso tendrá para la selva ‎amazónica y sus habitantes.

Por cierto, independientemente de la opinión que tengamos sobre el presidente brasileño Jair ‎Bolsonaro, hay que reconocer que tiene razón cuando denuncia la naturaleza colonialista de la ‎decisión de discutir la cuestión de la selva amazónica en el G7, sin la presencia de los países ‎sudamericanos cuyos territorios abarcan enormes porciones de la región amazónica. Las mentiras ‎de Emmanuel Macron no dejarán seguramente de tener graves consecuencias.

Otro tema particularmente importante es que el presidente francés dijo haber recibido un ‎‎«mandato» del G7 para negociar con Irán, lo cual era evidentemente imposible no sólo porque ‎el G7 no otorga mandatos sino porque Estados Unidos nunca delega tal prerrogativa a un tercer ‎país. La prensa internacional divulgó estúpidamente la tontería que había proferido el presidente ‎de Francia. Pero un exabrupto del presidente Trump obligó a Macron a reconocer implícitamente ‎su error. Después, invitó al ministro iraní de Exteriores a Biarritz, donde se reunió con él. ‎Imposible hacer algo más espectacular que eso. Pero lo hizo a costa de un insulto público a su ‎invitado estadounidense, Donald Trump, y de poner a sus demás invitados en una situación ‎embarazosa.

Los consejeros del presidente francés afirman que el presidente estadounidense estaba ‎de acuerdo. Pero, ¿de acuerdo con qué? El ministro iraní de Exteriores, Mohammad ‎Javad Zarif, no fue autorizado a entrar en el hotel donde se reunían los miembros del G7. Fue ‎recibido durante tres horas por su homólogo francés Jean-Yves Le Drian y por el ministro francés de ‎Finanzas, Bruno Lemaire, en la alcaldía de Biarritz. Para reunirse con ellos durante 30 minutos, Macron abandonó a sus invitados del G7 y su encuentro con el ministro iraní se desarrolló en presencia de consejeros ‎británicos y alemanes. Esta sorpresa teatral ciertamente no desbloqueará el enfrentamiento ‎entre Estados Unidos e Irán sino que probablemente hará que Washington se encierre aún más ‎en su posición contra Irán… y también contra Francia. Se trata del primer gran error ‎internacional de un Emmanuel Macron cuya tendencia sociópata ya se había manifestado desde ‎mucho antes de ser electo presidente de Francia. Cuando lo calificamos de sociópata ‎nos referimos a su demostrada tendencia a no sentirse sometido a ciertas normas sociales y a su ‎indiferencia generalizada por los derechos de los demás, “cualidades” a las que agrega un ‎comportamiento impulsivo.

El presidente Donald Trump considera el «discurso políticamente correcto» como síntoma del ‎control que la oligarquía globalista ejerce sobre su país. Según el Washington Post, Trump ‎no sentía el menor deseo de ir a perder su tiempo en Biarritz. Es evidente que la llegada ‎a Biarritz de un invitado-sorpresa que no era de su agrado tenía que convertir en cólera lo que ‎inicialmente era más bien hastío.. Los consejeros del presidente Macron aseguran que sus ‎encuentros bilaterales con Trump transcurrieron de maravilla. Los consejeros de Trump dicen ‎exactamente lo contrario. Según Kelly Ann Shaw, consejera de Trump, el presidente de ‎Estados Unidos quiere que la próxima reunión del G7 –a celebrarse en Estados Unidos, en 2020– ‎fije nuevos objetivos.

La Declaración Final de la cumbre de Biarritz es sólo un breve ‎catálogo de puntos de consenso entre los participantes. Todo el mundo podrá comprobar que, ‎a pesar de las muestras de autosatisfacción del presidente francés y de la veneración que ‎cierta prensa muestra por él, esa Declaración Final podía haberse escrito mucho antes de la cumbre… ‎porque no hay progreso en ninguno de los temas que aborda. ‎Nadie le ha torcido el brazo a nadie.

 

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Fuente:

Thierry Meyssan — G7 en Biarritz, sólo un circo mediático.

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