Hoy se sabe que lo que en Oriente Medio y otros partes del mundo parecía ser una ola de revoluciones espontáneas contra gobiernos autoritarios, en realidad se trata de un proyecto anglosajón para desestabilizar regiones concretas del planeta para destruir naciones y acabar con cualquier posibilidad de resistencia frente al imperialismo. Noam Chomsky, profesor emérito del MIT, analiza un artículo publicado por The New York Times que considera la evidencia más cínica y rotunda de que “los Estados Unidos son el Estado Terrorista Número Uno.” El artículo cita tres ejemplos de “ayuda encubierta” en Angola, Nicaragua y Cuba, cada uno de los cuales constituyó una operación terrorista masiva conducida por los EUA. Por su parte, el reconocido analista geopolítico Thierry Meyssan, afirma que los Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel también confeccionaron una «primavera» al estilo de las «primaveras árabes» en América Latina, para la cual intentarán desestabilizar a sus países a través de identidades locales, empezando por Venezuela.

 

Los EUA son el Estado Terrorista Número Uno, y están orgullosos de ello

En 2014, The new York Times publicó un polémico artículo titulado “Estudio de la CIA sobre riesgos en escenario de ayuda encubierta para asistir a rebeldes en Siria.” El artículo contiene un reporte de operaciones encubiertas recientes de los Estados Unidos, e incluso cita al Presidente Barack Obama reconociendo que solicitó a la CIA llevar a cabo el estudio para detectar casos de “financiamiento y provisión de armas a un grupo insurgente en un país que actualmente funciona bien.”

Noam Chomsky —profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT)— analizó el artículo y se refirió a él como una rotunda evidencia oficial de que “los Estados Unidos son el Estado Terrorista Número Uno, y están orgullosos de ello.”

Según el análisis de Chomsky, el primer párrafo del artículo publicado en The New York Times cita tres ejemplos rotundos de “ayuda encubierta”: Angola, Nicaragua y Cuba. Cada uno de esos casos constituyó una operación terrorista masiva conducida por los Estados Unidos de Norteamérica.

 

 

1.5 millones muertes en Angola y la región sudafricana

Angola fue invadida por Sudáfrica, que de acuerdo a Washington, se defendía de “uno de los más notorios grupos terroristas del mundo” —según el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela en 1988.

En ese tiempo la administración de Ronald Reagan se encontraba virtualmente sola apoyando el régimen del apartheid, incluso violando sanciones del congreso para incrementar el comercio con su aliado sudafricano. Washington se unió a Sudáfrica para proveer de apoyo crucial a la armada terrorista de Jonas Savimbi en Angola, y siguió haciéndolo incluso después que Sudáfrica retiró su apoyo y que Savimbi fue derrotado en una elección libre monitoreada. Según el embajador británico en Angola, Marrack Goulding, Savimbi fue un “monstruo cuya ambición de poder trajo miseria a su pueblo.”

Las consecuencias fueron terribles. En 1989, un sondeo de las Naciones Unidas estimó que las masacres sudafricanas acabaron con la vida de 1.5 millones de personas en países circundantes, más allá del problema que ocurría dentro de Sudáfrica. Las fuerzas de Cuba finalmente contuvieron a los agresores sudafricanos y los obligaron a retirarse de la ilegalmente ocupada Namibia. Los Estados Unidos continuó por su cuenta apoyando al “monstruo” Savimbi.

 

Llevar los terrores de la Tierra a Cuba

En Cuba, después de la fallida invasión a Bahía de Cochinos en 1961, el Presidente John F. Kennedy lanzó una campaña asesina y destructiva para llevar “los terrores de la Tierra” a Cuba —según dice el historiador Arthur Schlesinger (asociado de Kennedy) en su biografía semi-oficial de Robert Kennedy, a quien le fue asignada la responsabilidad de la guerra terrorista.

Las atrocidades contra Cuba fueron severas. El plan era llevar el terrorismo a un punto de culminación en octubre de 1962 para justificar la invasión norteamericana de la isla. Hoy es académicamente reconocido que esta fue una de las razones por las que el ministro ruso Nikita Khrushchev colocó misiles en Cuba iniciando así una crisis que estuvo a punto de convertirse en guerra nuclear. El secretario de defensa de los EUA, Robert McNamara, más tarde reconoció que si él hubiera sido un líder cubano, “probablemente habría esperado la invasión norteamericana.”

Los ataques terroristas de los Estados Unidos contra Cuba continuaron por más de 30 años, y sus consecuencias fueron duras. El número de víctimas, del que nunca se habló en los Estados Unidos, fue recopilado por primera vez en un estudio del académico canadiense Keith Bolender titulado: “Voces del otro lado: historial oral del terrorismo contra Cuba” (2010).

Las perdidas de la guerra terrorista fueron amplificadas por un embargo abrumador, que aún sigue vigente desafiando al mundo. En octubre de 2014 las Naciones Unidas endosaron, por vigésimo tercera ocasión, “la necesidad de terminar con el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba.” El voto fue de 188 a favor, 2 votos de contra (Estados Unidos e Israel), y tres abstinencias de islas del Pacífico que dependen de los Estados Unidos.

Según ABC News, hoy en día hay sectores en los Estados Unidos que se oponen al embargo pues “ya no es útil” (Hillary Clinton, en «Hard Choices”). El académico francés, Salim Lamrani, ha valorado los costos del embargo a Cuba en su libro “La Guerra Económica contra Cuba.”

 

Nicaragua, El Salvador y Centroamérica

El caso de Nicaragua fue también abrumador. La guerra terrorista del Presidente Ronald Reagan en Nicaragua fue condenada por la Corte Mundial, que ordenó a los Estados Unidos terminar “su uso ilegal de la fuerza” y pagar los daños causados.

Washington respondió con una escalada en el conflicto vetando una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 1986 que llamaba a todos los estados —pero especialmente a los Estados Unidos— a respetar la ley internacional.

Otro ejemplo de terrorismo fue el asesinato de seis curas jesuitas en El Salvador por parte de una unidad terrorista de la armada salvadoreña entrenada y armada por los Estados Unidos. Bajo órdenes de altos rangos del ejército, los soldados irrumpieron en la universidad jesuita para asesinar a los sacerdotes y a cualquier testigo —incluyendo a la ama de llaves y a su hija.

Este evento culminó con las guerras terroristas de los Estados Unidos en América Central en los 1980s, aunque las consecuencias todavía aparecen en los periódicos como reportajes sobre “inmigrantes ilegales” cruzando la frontera de los Estados Unidos a riesgo de ser deportados si es que sobreviven o ser deportados a sus países de origen arruinados por los Estados Unidos años atrás.

 

Desestabilización de Siria y Medio Oriente

Washington es el campeón mundial en generación de terrorismo. El ex-analista de la CIA, Paul Pillar, ha advertido sobre el “impacto en la generación de resentimiento a través de bombardeos de los Estados Unidos” en Siria, que seguramente inducirá a las organizaciones yihadistas Jabhat al-Nusra y el Estado Islámico a buscar “reparar los daños infringidos por los Estados Unidos y su intervención, a la que consideran una guerra contra el Islam.”

Por ahora esta es la consecuencia mejor conocida de las operaciones que han ayudado a esparcir el yihadismo desde una esquina de Afganistán hasta gran parte del mundo. La más temeraria manifestación actual del yihadismo es el Estado Islámico, o ISIS, que estableció su califato asesino en vastas regiones de Irak y Siria.

Pero la desestabilización de Medio Oriente ya había sido planeada desde hace mucho tiempo. Mahdi Darius Nazemroaya, autor e investigador del Centro de Investigación sobre Gobalización (Global Research), afirma en un artículo titulado “Planes para rediseñar el Medio Oriente: El Proyecto para un Nuevo Medio Oriente” que los intentos deliberados para desestabilizar y crear conflicto entre los diversos grupos etno-culturales y religiosos en Oriente Medio han sido sistemáticos y de hecho son parte de una agenda de inteligencia encubierta cuidadosamente diseñada. Muchos gobiernos de Oriente Medio, como el de Arabia Saudita, están asistiendo a Washington para fomentar divisiones entre poblaciones de Oriente Medio. El objetivo final es debilitar los movimientos de resistencia contra la ocupación extranjera mediante una estrategia de “dividir para conquistar” que sirve a los intereses de los Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel.

 


En 2015, Global Research publicó un análisis histórico que muestra evidencias de que el gobierno de los Estados Unidos —y Obama en particular— son responsables de la guerra en Siria y los resultados de esa guerra, ya que la administración de Obama aprobó planes diseñados por la CIA hace 65 años para intervenir Siria.

Entre las evidencias destaca un documento de 1983 que revela como ningún otro los planes de la CIA para destruir Siria que se han cumplido casi como un presagio de la actual crisis.

“Un plan de acción contenido en un documento likeado de la CIA revela casi como un presagio profético la crisis actual en Siria. El documento data de la época el reino de Bashar al-Assad Padre en los 1980s, cuando el Estado Profundo de Washington ya planeaba su incorporación para destruir Siria, destituyendo a su líder en favor de otro que se ajustara a las demandas de los Estados Unidos, rompiendo vínculos con su principal proveedor de armas: Rusia, y arreglando el camino para construir un oleoducto de petróleo y gas a petición de Washington.”

CIA Syria Pipelines by zerohedge on Scribd

 

¿Hacia una ‘primavera latina’?

Según el reconocido analista geopolítico francés Thierry Meyssan, Estados Unidos y Gran Bretaña están replicando una «primavera» al estilo de las «primaveras árabes» en América Latina. Hoy se sabe que lo que en Oriente Medio y otras partes del mundo parecía ser una ola de revoluciones espontáneas contra gobiernos autoritarios, en realidad se trata de un proyecto anglosajón para desestabilizar regiones concretas del mundo.

En Oriente Medio se usaron argumentos religiosos para enemistar a los pueblos, pero como Latinoamérica prácticamente comparte la misma religión, intentarán desestabilizar a sus países a través de identidades locales. Pero la meta es exactamente la misma: destruir las naciones para acabar con cualquier posibilidad de resistencia nacional frente al imperialismo.

Según Meyssan todo empezó con un decreto del presidente Obama, emitido el 9 de marzo de 2015, en el que declaró un estado de emergencia “ante la extraordinaria amenaza que la situación en Venezuela supuestamente representaba para Estados Unidos.”

La hipótesis de Meyssan es que los anglosajones están preparando una nueva ola de seudo revoluciones en Latinoamérica. “En el mundo árabe en general, y en el caso de Siria en particular, necesitaron ocho años para iniciar las acciones. Pero numerosos elementos hacen pensar que necesitarán menos tiempo para emprender un programa de destrucción en Latinoamérica” —afirma Thierry Meyssan.

Según él, los tres principales Estados latinoamericanos —Brasil, México y Venezuela— están siendo desestabilizados al mismo tiempo. Lo que parece indicar que los neoconservadores estadounidenses, previendo un posible restablecimiento de la paz en Siria, estarían acelerando la concreción de su agenda de destrucción en Latinoamérica.

 


Fuentes:

1. Noam Chomsky – The Leading Terrorist State.

2. Plans for Redrawing the Middle East: The Project for a “New Middle East”

3. Timeline of CIA Interventions in Syria.

4. 1983 CIA Document Reveals Plan To Destroy Syria, Foreshadows Current Crisis.

5. Thierry Meyssan – ¿Hacia una «primavera latina»?

 

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