El analista Thierry Meyssan señala que todos los problemas internacionales están en suspenso, en espera de las elecciones legislativas estadounidenses. Los partidarios del antiguo orden internacional apuestan por un cambio de mayoría en el Congreso de Estados Unidos y una rápida destitución del presidente Trump. Si el inquilino de la Casa Blanca logra mantenerse en ella, los promotores de la guerra contra Siria tendrán que admitir su derrota y buscar otros campos de batalla. Pero si Trump pierde la elección, el Reino Unido reactivará de inmediato el conflicto en Siria. En cuanto a la amenaza por parte de un ministro estadounidense sobre un bloqueo naval contra Rusia, el especialista en temas militares, Valentin Vasilescu, ha dicho que esa posibilidad no existe, pues el principio de las grandes unidades ya no funciona en el campo de batalla, ni con el despliegue de portaviones, ni tampoco con tanques.

 

La victoria de Siria y Rusia y el cambio de posición de Estados Unidos

El derribo de un avión militar ruso Ilushin-20, el 17 de septiembre de 2018, dio a Rusia la posibilidad de poner fin a esta prolongada guerra y de ponerse de acuerdo con la Casa Blanca en contra de los demás agresores. Se trata de una repetición, a menor escala, de la reacción común de la Unión Soviética y Estados Unidos durante la crisis de Suez, en 1956.

No sólo Moscú acaba de entregar al Ejército Árabe Sirio varias baterías de misiles antiaéreos S-300 sino que además ha desplegado todo un sistema de vigilancia integral automatizada del espacio aéreo. Cuando este dispositivo entre en operaciones y los oficiales sirios hayan recibido la formación necesaria para utilizarlo, en 3 meses como máximo, las fuerzas aéreas de las potencias occidentales ya no podrán seguir sobrevolando Siria sin autorización del gobierno de Damasco.

El presidente Trump había anunciado de antemano que pensaba retirar las tropas estadounidenses presentes en Siria. Pero la presión del Pentágono lo hizo cambiar de posición. Acordó entonces con sus generales mantener la presión sobre Damasco mientras Estados Unidos esté excluido de las negociaciones de paz de Sochi.

El despliegue del nuevo armamento ruso –probablemente con el previo acuerdo de la Casa Blanca– dio al presidente Trump la posibilidad de obligar el Pentagono a retroceder. El Pentágono retiraría entonces las fuerzas estadounidenses pero mantendría a sus mercenarios locales –los kurdos y árabes de las llamadas «Fuerzas Democráticas Sirias» (FDS).

El ministro de Exteriores de la República Árabe Siria, Walid el-Mouallem, exigió desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU la retirada inmediata e incondicional de las fuerzas extranjeras que Estados Unidos, Francia y Turquía mantienen ilegalmente en suelo sirio.

Si Estados Unidos se retira, Francia y Turquía no podrán mantenerse en suelo sirio. La aviación de Israel tampoco podrá seguir sobrevolando y bombardeando el territorio de la República Árabe Siria. Y el Reino Unido ya se replegó.

Pero Tel Aviv, París y Ankara aún abrigan la esperanza de que el presidente Trump pierda las elecciones legislativas del 6 de noviembre y que un Congreso con mayoría demócrata lo destituya. Así que están esperando el resultado de ese fatídico escrutinio antes de decidir qué hacer.

Si Donald Trump gana las elecciones legislativas y se mantiene la mayoría republicana en el Congreso estadounidense, aparecerá otra interrogante. Si las potencias occidentales se ven obligadas a renunciar a la guerra en Siria, ¿dónde van continuar a su guerra sin fin?

Si hay una realidad en la que concuerdan todos los expertos es que la clase dirigente occidental se ha vuelto tan engreída y revanchista que no puede aceptar verse relegada a un papel de segundo nivel por las nuevas potencias asiáticas.

Lo sabio sería que, al ver que han perdido la guerra, los agresores se retiren. Pero la predisposición intelectual de los occidentales les impide hacerlo. La guerra no terminará en esta parte del mundo hasta que hayan encontrado un motivo de conflicto en otra parte.

Sólo el Reino Unido ha previsto su respuesta. Ya es evidente que aunque Londres mantiene su presión diplomática sobre Siria a través del «Pequeño Grupo» (Small Group), su atención ya está centrada en la reactivación del «Gran Juego», que enfrentó la Corona británica con el imperio del Zar a lo largo de todo el siglo XIX. Después de haber inventado el «Caso Skripal», siguiendo el modelo de la «Carta de Zinoviev» –conocida también como el “Telegrama de Zinoviev”–, Londres acaba de sorprender in fraganti a la inteligencia exterior rusa cuando esta trataba de descubrir lo que se tramaba contra su país tras las paredes de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ).

El «Gran Juego» es una doctrina geopolítica que no depende de los acontecimientos que utiliza como pretexto. Fue la estrategia del Imperio británico y el Reino Unido vuelve a ella como consecuencia del Brexit y de la política de «Global Britain». Como en el siglo XIX, esta configuración anti-rusa se verá acompañada en definitiva por una rivalidad exacerbada entre Londres y París. Por el contrario, un fracaso de Theresa May, un retroceso del Brexit y el mantenimiento del Reino Unido en la Unión Europea anularían todas esas variantes.

Si bien Francia se plantea ahora abandonar el Medio Oriente para concentrarse en el Sahel, la posición de Estados Unidos es mucho más problemática. A partir del 11 de septiembre de 2001, el Pentágono ha venido gozando de cierta autonomía.

Los comandantes de los 10 Mandos Unificados de Combate de las fuerzas armadas estadounidenses no pueden recibir órdenes del jefe del Estado Mayor Conjunto sino sólo del secretario de Defensa. Con el tiempo, esos diez comandantes se han convertido en verdaderos “virreyes” del Imperio estadounidense, con prerrogativas que no están dispuestos a dejarse quitar por el presidente Trump. Algunos, como el comandante del US SouthCom, designado en Latinoamérica como el “Comando Sur”, pretenden seguir adelante con la estrategia del almirante Cebrowski, a pesar de las órdenes de la Casa Blanca.

Subsisten, por consiguiente, muchas fuentes de incertidumbre. Lo único seguro es lo sucedido con Daesh. Durante 3 años, las potencias occidentales dijeron luchar contra ese grupo terrorista… mientras le enviaban armas. Hoy en día, Trump ha ordenado poner fin al experimento tendiente a crear el Estado abiertamente terrorista que fue el Califato de Daesh, y las fuerzas armadas de Siria, con la importante contribución de Rusia, han logrado rechazar a los yihadistas. Las potencias occidentales no quieren que sus otrora entrañables «rebeldes moderados», a los que ahora califican de «terroristas», se replieguen hacia Occidente. O sea, aunque no lo digan, quieren verlos morir en Siria.

Las próximas elecciones legislativas estadounidenses dirán si la guerra se mantiene en Siria o si se desplaza hacia otro campo de batalla.

 

 

Fuentes:

Red Voltaire / Thierry Meyssan — Relaciones internacionales. ¿Qué tempestad pudiera sobrevenir después de la calma?

Red Voltaire / Valentin Vasilescu — ¿Puede Estados Unidos instaurar un bloqueo naval contra Rusia?

 

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