Prepárense, amigos, porque el gobierno estadounidense se ha embarcado en una campaña diabólica para crear una nación de sospechosos y paranoicos que vivan encerrados y sintiéndose amenazados por una base de datos nacional masiva de ADN que podría implicarlos, en cualquier momento, en un crimen que no cometieron. Como informa el New York Times: “El futuro de ciencia ficción, en el que la policía puede identificar rápidamente a asesinos y ladrones de latas de refresco, ha llegado. En 2017, el presidente Trump promulgó la Ley Rapid DNA, que, a partir de este año, permitirá que las estaciones de reserva policiales aprobadas en varios estados conecten sus máquinas Rapid DNA a Codis, la base de datos nacional de ADN. Por lo que se espera que las huellas genéticas se vuelvan rutinarias.” Antes de que fuese promulgada por Trump, el Congreso aprobó esta legislación que permite a la policía recopilar y analizar el ADN inmediatamente después de arrestar a un sospechoso. Por su parte, los tribunales dictaminaron que la policía puede tomar muestras rutinarias de ADN de personas arrestadas que aún no han sido declaradas culpables de un delito, y las agencias de policía locales se mueren de ganas de adquirir cuanto antes este nuevo artilugio de lucha contra el crimen. Como explica la periodista Heather Murphy: “A medida que las agencias policiales construyen sus bases de datos locales de ADN, están recolectando ADN no solo de personas acusadas de delitos graves sino también y cada vez más, de personas consideradas sospechosas —que quizá estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado— cuya identidad genética quedará vinculada permanentemente a bases de datos criminales.” Todas las películas de ciencia ficción distópicas que hemos visto de pronto se están convirtiendo en una peligrosa trifecta entre ciencia, tecnología y un gobierno que quiere ser omnipotente, omnisciente y todopoderoso. Al intervenir teléfonos y conversaciones en internet, el gobierno sabe lo que decimos. Al enviar correos electrónicos y escribir publicaciones en Facebook o a través de aplicaciones de mensajería, el gobierno sabe lo que escribimos. Al monitorear nuestros movimientos con el uso de lectores de matrículas, cámaras de vigilancia y otros dispositivos de rastreo, el gobierno sabe a dónde vamos. Conociendo y analizando lo que leemos, a dónde vamos y lo que decimos, el gobierno pronto podrá predecir lo que haremos. Al mapear las sinapsis en nuestro cerebro, los científicos y el gobierno, pronto tendrán acceso a nuestros recuerdos también. Y al acceder a nuestro ADN, el gobierno pronto sabrá todo lo que aún no sabe de nosotros, como nuestro entorno familiar, ascendencia, aspecto, historial de salud, inclinación a seguir órdenes o ser autosuficiente, etc. Ninguna de estas tecnologías es infalible y tampoco inmune a la manipulación, piratería o sesgo del usuario. Ni tampoco al mal uso de agentes y gobiernos corruptos, como es el caso de los Estados Unidos. Por eso es que estas tecnologías se están convirtiendo en una herramienta del Estado para anular los derechos a la privacidad que contempla la Constitución, así como para la prohibición de búsquedas y confiscaciones injustificadas. Habiendo utilizado ya la tecnología de vigilancia para hacer que toda la población estadounidense sospeche de amenazas potenciales, la tecnología de ADN en manos del gobierno completará nuestra transición a una sociedad paranoica de sospechosos en la que todos viviremos esperando el momento de ser culpados por haber cometido cualquier crimen. Ya no podemos considerarnos “inocentes hasta que se demuestre lo contrario.” Ahora todos seremos sospechosos en una alineación de ADN hasta que las circunstancias, la ciencia y el Estado establezcan lo contrario. Por supuesto, habrá quienes señalarán los usos positivos del ADN en la justicia penal, como en casos en que se usa para absolver a alguien de un crimen que no cometió. Y es que tampoco se pueden negar sus fines benéficos. Sin embargo, el peligro seguirá siendo el mismo de toda la historia pues se basa en el control de los estados por parte de élites corruptas. Como advierte el científico Dan Frumkin: “Las escenas del crimen pueden diseñarse con ADN fabricado.” Además, como ocurre con las imágenes de cámara corporal y todas las demás tecnologías consideradas “de control” que están a merced de los típicos abusos de gobiernos y corporaciones corruptas, el uso de la recolección de ADN para efectos de justicia penal forma parte de un escenario orwelliano en el que cada vez contaremos con menos capacidad de defendernos y manifestarnos contra irregularidades, hackeos, y la cada vez más grande tiranía y corrupción del Estado y las corporaciones que controlan el mundo. Hasta el momento, los 50 estados de EE.UU. ya cuentan con bases de datos de ADN y están registrando bebés recién nacidos. Lo que esto significa para aquellos que nacen hoy es la inclusión en una base de datos del gobierno que contiene información íntima acerca de quiénes son, su ascendencia y lo que les espera en el futuro, incluidas sus inclinaciones a ser seguidores, líderes o alborotadores. Para el resto de nosotros, es solo una cuestión de tiempo antes de que el gobierno se apodere de nuestro ADN, ya sea a través de servicios de genealogía en linea, programas obligatorios llevados a cabo en conexión con las autoridades policiales y corporativas de Estados Unidos y los países que le imitan, o incluso recopilándola de la basura afuera de nuestro hogares. Y es que con la inteligencia artificial en manos de las élites, la probabilidad de que nuestros gobiernos actúen ilegalmente y sin ética ya no es una cuestión de “cómo” ni “por qué”, sino de “cuándo.”

 

La Ley de ADN rápido firmada por Donald Trump

“A medida que más y más datos fluyan de su cuerpo y cerebro a las máquinas inteligentes a través de los sensores biométricos, será más fácil para las corporaciones y las agencias gubernamentales conocerlo, manipularlo y tomar decisiones en su nombre. Aún más importante, podrían descifrar los mecanismos profundos de todos los cuerpos y cerebros, y así ganar el poder para diseñar la vida. Si queremos evitar que una pequeña élite monopolice tales poderes divinos, y si queremos evitar que la humanidad se divida en castas biológicas, la pregunta clave es: ¿quién posee los datos? ¿Los datos sobre su ADN, su cerebro y su vida le pertenecen a usted, al gobierno, a una corporación o al colectivo humano?” — Profesor Yuval Noah Harari

El tío Sam te quiere.

Corrección: El tío Sam quiere tu ADN.

De hecho, si el gobierno de los Estados Unidos pone sus manos en tu ADN, te mantendrá cautivo entre sus garras.

Prepárense, amigos, porque el gobierno estadounidense, ayudado por el Congreso (que aprobó una legislación que permite a la policía recopilar y analizar el ADN inmediatamente después de arrestar a un sospechoso), por el Presidente Trump (quien promulgó la Ley de ADN rápido), por los tribunales (que han dictaminado que la policía puede tomar muestras rutinarias de ADN de personas arrestadas que aún no han sido declaradas culpables de un delito), y por las agencias de policía locales (que se mueren de ganas de adquirir este nuevo artilugio de lucha contra el crimen) se están embarcando en una campaña diabólica para crear una nación de sospechosos y paranoicos encerrados y amenazados por una base de datos nacional masiva de ADN.

Como informa el New York Times:

“El futuro de la ciencia ficción, en el que la policía puede identificar rápidamente a asesinos y ladrones de las latas de refresco, ha llegado. En 2017, el presidente Trump promulgó la Ley Rapid DNA, que, a partir de este año, permitirá que las estaciones de reserva policiales aprobadas en varios estados conecten sus máquinas Rapid DNA a Codis, la base de datos nacional de ADN. Se espera que las huellas genéticas se vuelvan tan rutinarias.”

 

Las ‘cajas mágicas’ portátiles Rapid DNA y otras tecnologías para el espionaje

Conocidas como “cajas mágicas”, estas máquinas Rapid DNA son portátiles, del tamaño de una impresora de escritorio, no están reguladas, y son tan infalibles y rápidas que pueden producir perfiles de ADN en menos de dos horas, permitiendo a la policía continuar su cacería en caso de identificar cualquier indicio de mala conducta verificable en el ADN.

Como explica la periodista Heather Murphy: “A medida que las agencias policiales construyen sus bases de datos locales de ADN, están recolectando ADN no solo de personas acusadas de delitos graves sino también, cada vez más, de personas consideradas sospechosas, vinculando permanentemente sus identidades genéticas con bases de datos criminales.”

Todas las películas de ciencia ficción distópicas que hemos visto de pronto se están convirtiendo en una peligrosa trifecta entre ciencia, tecnología y un gobierno que quiere ser omnipotente, omnisciente y todopoderoso.

 

El Estado sabrá lo que estás haciendo, lo que hiciste y lo que vas a hacer

Al intervenir tus teléfonos y tus conversaciones en internet, el gobierno sabe lo que dices. Al enviar correos electrónicos y escribir publicaciones en Facebook o a través de aplicaciones de mensajería, el gobierno también sabe lo que escribes.

Al monitorear tus movimientos con el uso de lectores de matrículas, cámaras de vigilancia y otros dispositivos de rastreo, el gobierno sabe a dónde vas.

Sabiendo y analizando lo que lees, a dónde vas y lo que dices, el gobierno puede predecir lo que harás.

Al mapear las sinapsis en tu cerebro, los científicos, y a su vez, el gobierno, pronto tendrán acceso a tus recuerdos.

Y al acceder a tu ADN, el gobierno pronto sabrá todo lo que aún no sabe de ti, como tu cuadro familiar, tu ascendencia, tu aspecto, tu historial de salud, tu inclinación a seguir órdenes o ser autosuficiente, etc.

Ninguna de estas tecnologías es infalible y tampoco inmune a la manipulación, piratería o sesgo del usuario. Ni tampoco al mal uso de agentes y gobiernos corruptos, como es el caso de los Estados Unidos. Por eso es que estas tecnologías se están convirtiendo en una herramienta del gobierno para anular los derechos a la privacidad que contempla la Constitución, así como a la prohibición de búsquedas y confiscaciones injustificadas.

 

La polémica sobre el uso de ADN para identificar individuos y ‘resolver’ delitos

La cuestionable adquisición y uso de ADN por parte del gobierno para identificar individuos y “resolver” delitos ha sido objeto de un escrutinio particular en los últimos años.

Hasta hace poco, el gobierno tenía que observar al menos algunas restricciones básicas sobre cuándo, dónde y cómo podía acceder al ADN de alguien. Todo esto se ha visto afectado por varios fallos de la Corte Suprema de EE.UU. que allanan el camino para búsquedas sin sospecha y que anuncian la pérdida de privacidad a nivel celular.

Resulta difícil tratar de proteger nuestra privacidad mientras el estado policial se empeña en invadir nuestras libertades como sea necesario “para la seguridad.”

Un fallo de la Corte Suprema en Maryland, en 2013, en el caso Maryland v. King, que involucró la toma pruebas de ADN, llevó al juez Antonin Scalia a decir lo siguiente:

“Resolver crímenes no resueltos es un objetivo noble, pero… dudo que los orgullosos hombres que escribieron la carta de nuestras libertades hayan estado muy dispuestos a permitir que se les inspeccionara la boca a ellos mismos.”

La decisión del Tribunal de dejar en pie la decisión del Tribunal de Apelaciones de Maryland en Raynor v. Maryland, que esencialmente determinó que las personas no tienen derecho a la privacidad cuando se trata de su ADN, hizo a los estadounidenses aún más vulnerables al acceso y análisis por parte del gobierno almacenando su ADN sin su conocimiento o permiso.

Aunque Glenn Raynor, un presunto violador, aceptó voluntariamente ser interrogado por la policía, se negó a proporcionarles una muestra de ADN. La policía simplemente limpió la silla en la que Raynor había estado sentado y tomó lo que este se negó a proporcionar voluntariamente. El ADN de Raynor era compatible, y el sospechoso se convirtió en un convicto.

Como advirtió acertadamente la defensa de Raynor en el Tribunal de Apelaciones de Maryland:

“Una persona que desee mantener privado su perfil de ADN, debe asegurarse de atender sus asuntos públicos vestido en un traje hermético… La decisión de la mayoría, en este caso, significa que una persona que quiera cuidar su privacidad deberá abstenerse de votar, de obtener una licencia de conducir, o incluso de participar en un jurado como este sin verse obligado a exponer su material genético para la recopilación y codificación del estado.”

Mientras que la tecnología de huellas dactilares ha jugado un papel decisivo para la policía en su capacidad de “resolver” casos, las agencias de aplicación de la ley ahora consideran que la tecnología de ADN es “la varita mágica en la resolución de delitos.”

Y a la policía le gusta referirse a esta tecnología como si fuera la “huella digital moderna.” Sin embargo, a diferencia de una huella digital, una huella de ADN revela todo acerca de “quiénes somos, de dónde venimos y quiénes seremos.”

 

Los 50 estados de EE.UU. ya cuentan con bases de datos de ADN y están registrando bebés recién nacidos

Los 50 estados ahora mantienen sus propias bases de datos de ADN, aunque los protocolos de recolección difieren de estado a estado. Cada vez más, muchos de los datos de los bancos de datos locales se están cargando en CODIS (Sistema de Índice de ADN Combinado), la base de datos de ADN masiva del FBI, que se ha convertido en una forma de facto para identificar y rastrear a los estadounidenses desde el nacimiento hasta la muerte.

Incluso los hospitales se han involucrado en el juego al tomar y almacenar el ADN de los bebés recién nacidos, a menudo sin el conocimiento o consentimiento de sus padres. Es parte del examen genético obligatorio del gobierno para los recién nacidos. Sin embargo, en muchos estados, el ADN se almacena indefinidamente.

Lo que esto significa para aquellos que nacen hoy es la inclusión en una base de datos del gobierno que contiene información íntima acerca de quiénes son, su ascendencia y lo que les espera en el futuro, incluidas sus inclinaciones a ser seguidores, líderes o alborotadores.

Para el resto de nosotros, es solo una cuestión de tiempo antes de que el gobierno se apodere de nuestro ADN, ya sea a través de programas obligatorios llevados a cabo en conexión con las autoridades policiales y corporativas de Estados Unidos, accediendo sin autorización a nuestro ADN familiar compartido con servicios genológicos como Ancestry y 23andMe, o a través de la colección de nuestro ADN “cobertizo” o “táctil.”

Todas esas fascinantes búsquedas genéticas ancestrales que permiten rastrear nuestro árbol genealógico también pueden usarse en nuestra contra y la de nuestros seres queridos. Como explica la profesora de derecho Elizabeth Joh:

“Cuando subes tu ADN, potencialmente te estás convirtiendo en un informante genético del resto de tu familia.”

Si bien gran parte del debate público, los esfuerzos legislativos y los desafíos legales en los últimos años se han centrado en los protocolos que rodean cuando la policía puede recopilar legalmente el ADN de un sospechoso (con o sin una orden de registro y si fue arrestado o condenado), la cuestión de cómo manejar El ADN “desprendido” o “táctil” se ha impuesto en gran parte sin mucho debate u oposición.

Sin embargo, como señala la científica Leslie A. Pray:

“Todos derramamos ADN, dejando rastros de nuestra identidad prácticamente en todos los lugares a los que vamos. Los científicos forenses utilizan el ADN que se deja en las colillas de cigarrillos, teléfonos, manijas, teclados, tazas y muchos otros objetos, sin mencionar el contenido genético que se encuentra en las gotas de líquido corporal, como la sangre y el semen. De hecho, la basura que dejamos para recoger en la acera es una posible mina de oro para extraer este tipo de material. Todo este “ADN abandonado” es gratuito y accesible para que los investigadores de la policía local lo tomen con la esperanza de resolver casos sin solución. O, si el escenario futuro que se muestra al comienzo de este artículo es una indicación, el ADN derramado también es gratuito para su inclusión en un banco de datos de ADN secreto y universal.”

Lo que esto significa es que si tiene la mala suerte de dejar las huellas de su ADN en cualquier lugar donde se haya cometido un delito, usted ya tiene un archivo en alguna base de datos estatal o federal, aunque puede ser un archivo sin nombre.

Como informa la revista Forensic, “a medida que los agentes se han vuelto más conscientes del potencial del ADN táctil, lo están utilizando cada vez más. Desafortunadamente, algunos policías no han sido lo suficientemente selectivos cuando procesan escenas del crimen. En su lugar, han procesado cualquier cosa o todo en la escena, enviando 150 ó más muestras para su análisis.”

Incluso las viejas muestras tomadas de escenas del crimen y casos “congelados” están siendo desenterradas y extraídas para elaborar perfiles de ADN.

Hoy en día, con la ayuda de la robótica y la automatización, el procesamiento, análisis e informes de ADN esta tarea lleva mucho menos tiempo y puede brindar todo tipo de información, incluso el color de los ojos de una persona y sus parientes. Increíblemente, hay una compañía que se especializa en la creación de “fotos policiales” para policías basadas en muestras de ADN de “sospechosos” desconocidos, que luego se comparan con personas con perfiles genéticos similares.

 

Sospechosos hasta que la tecnología establezca lo contrario

Si aún no has conectado los puntos, déjame señalar el camino.

Habiendo utilizado ya la tecnología de vigilancia para hacer que toda la población estadounidense sospeche de potenciales sospechosos, la tecnología de ADN en manos del gobierno completará nuestra transición a una sociedad esquizofrénica de sospechosos en la que todos viviremos esperando el momento de ser culpados por haber cometido cualquier crimen.

Ya no podemos considerarnos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Ahora todos somos sospechosos en una alineación de ADN hasta que las circunstancias y la ciencia digan lo contrario. O hasta que el estado se los permita.

Por supuesto, habrá quienes señalarán los usos positivos del ADN en la justicia penal, como en casos en que se usa para absolver a alguien de un crimen que no cometió. No se pueden negar sus fines beneficiosos específicos.

Sin embargo, como ocurre con las imágenes de cámara corporal y todas las demás tecnologías consideradas “de control” que están a merced de los típicos abusos de gobiernos corruptos, el uso de la recolección y uso de ADN para efectos de justicia penal representa un escenario orwelliano en el que contaremos con poca o ninguna defensa contra irregularidades, hackeos, y la cada vez más grande tiranía y corrupción del Estado y las corporaciones que controlan la tecnología.

A finde cuentas, el peligro sigue siendo el mismo de toda la historia y se basa en el control de los estados por parte de élites corruptas. Como advierte el científico Dan Frumkin:

“Las escenas del crimen pueden diseñarse con ADN fabricado.”

Ahora bien, si usted es el tipo de persona que cree en Santa Claus y en la integridad del gobierno y se niega a creer que este alguna vez haría algo ilegal o inmoral, entonces la posibilidad de que los funcionarios del gobierno, especialmente la policía, utilicen muestras de ADN falsas para influir en el resultado de un caso podría parecerle extravagante. Sin embargo, como lo demuestra la historia, y como John W. Whitehead ha expuesto en su libro La guerra de los EE.UU. contra los estadounidenses, “la probabilidad de que nuestro gobierno actúe de una manera que no solo sea ilegal sino también inmoral desafortunadamente no es una cuestión de “cómo” ni “por qué” sino una cuestión de “cuándo.”

 

KAIROS, la computadora de DARPA que sabrá lo que vas a hacer… ¡antes de hacerlo!

 

Fuentes:

The Rutherford Insitute — Uncle Sam Wants Your DNA: The FBI’s Diabolical Plan to Create a Nation of Suspects.

Mente Alternativa — Kairos, la computadora de DARPA que sabrá lo que vas a hacer… ¡antes de hacerlo!

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