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Continuamos con la publicación de la precuela al libro Pensar con el Corazón, del catedrático y teólogo Carlos Enrique Delfino, que Vida Coherente lanzará en el último trimestre de 2019. En el segundo capítulo, titulado “El extranjero-extaño”, Carlos Delfino aborda el tema del falso ego, que no existe, y que es el “extranjero-extraño” culpable de todos los males en nuestras vidas.

 

Según la neurociencia de vanguardia en Alemania, ¡el ego no existe! No tiene lugar alguno en el cerebro, no hay lóbulo, ni región, ni núcleo, ni algo donde se pueda decir que el cerebro lo almacena. Por lo tanto, el ego se define como:

“Una frágil entidad ilusoria, una construcción irreal de todo el cerebro que pretende convencernos de una autonomía que tampoco existe” (4).

El ego es el “extranjero-extraño”, culpable de todos los males en nuestras vidas.

 

¿Se puede escapar del caos?

Así que la mala noticia es que fuimos alterados para ser esclavos, pero la gran buena noticia es que sí hay solución. Y aunque nos parezca un largo proceso desde el punto de vista de la percepción del tiempo en esta frecuencia de realidad, este proceso es en verdad solo un parpadeo de la eternidad.

Hay salida y solución, y no falta mucho para que empiece la verdadera historia del Ser Humano. Hasta el momento lo que hubo fue la historia del esclavo humano sin mente propia, la historia de nuestros egos.

Hemos insistido hasta el cansancio que la raza humana fue intervenida en algún momento de la prehistoria, antes de la comprobada “gran catástrofe”. Y seguimos insistiendo en ello porque en Vida Coherente llevamos años investigando, mediante esa hipótesis, de dónde surgió el origen de todo lo que parece injusto para nuestra especie.

Somos seres intervenidos por un fin específico, así que veremos hasta dónde llega este proceso, cómo nos afectó a través de nuestra incoherente historia de conflictos y peleas que se prolonga hasta nuestros días y que continuará si no hacemos algo.

 

¿Qué son las ‘frecuencias de realidad?

Generalmente se habla de once dimensiones, aunque nosotros preferimos usar el nombre “frecuencia de realidad.” El concepto de dimensiones fue “robado” de la física teórica. Y que “sean once” corresponde a una teoría de supercuerdas específica, que se conoce como teoría “M” y fue propuesta como una “teoría del todo”, que según quienes la sustentan, unifica las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza.

La teoría “M” fue creada en 1995 por Edward Witten. Su propuesta combinaba las cinco teorías de supercuerdas que ya existían y la supergravedad en once dimensiones universales, diez espaciales y una temporal. Ese “robo” fue otro intento de mistificar lo ya estudiado. De ese modo aparecieron, una vez más, los inútiles misterios tan atractivos que no solucionan nada, la forma moderna del sistema para distraer a la gente.

Por ello, para nuestro cerebro programado es mucho más intuitivo imaginar el Universo como una cebolla, donde cada una de sus capas es una frecuencia de realidad con características propias. Vivimos en una frecuencia de realidad intervenida, por lo que nuestra vida aquí es mucho más “densa” que en otras frecuencias. Estamos en un sistema alejado del equilibrio, muy próximos al caos total. Y la palabra “densidad” es mucho más correcta que la de “dimensión para referirse a las frecuencias de realidad.

 

‘Los predadores nos dieron su mente’

Aclarado el punto, voy a compartir una sincronicidad. Apenas llegué a vivir México, leí toda la obra de Carlos Castaneda (2). Es un gran escritor, pero jamás se me ocurriría usarlo de referencia para fundamentar algo, pues su obra entrelaza el género de la novela con el chamanismo etnográfico, volviéndola confusa, con verdades a medias y muchas mentiras.

En uno de sus libros, “El lado activo del infinito”, Castaneda pone el asunto de la gran intervención de la raza humana en boca del chamán Don Juan, quien advierte que la intervención generó algo que no nos pertenece: el ego.

En un pasaje del libro, como en casi toda la obra, el antropólogo Carlos Castaneda conversa con el chamán Don Juan, quien le cuenta al científico algo que le enferma:

“¡Nos dieron su mente! ¿Me escuchas? Los predadores nos dieron su mente, que se vuelve nuestra mente. La mente del predador es barroca, contradictoria, mórbida, llena de miedo a ser descubierta en cualquier momento.” (3)

 

Debo decir que esa es la descripción más cercana a la realidad que he leído sobre el tema. Y sin ponerlo en duda, se trata también de la mejor descripción que he leído sobre el ego.

Los “predadores” son la raza que nos intervino, con la intervención nos dieron su mente, que es mórbida y llena de miedo. Nos esclavizaron en “humaneros”, como si fueran gallineros, pues somos su alimento energético. Fabricamos su alimento, es decir que se alimentan gracias a nuestra energía mecánica de trabajo duro.

No son en absoluto “interdimensionales.” Están en la misma frecuencia de realidad que nosotros, bajo la forma de humanos comunes. Los antiguos chamanes les llamaban “voladores”, obviamente porque llegaron aquí en naves espaciales.

La sincronicidad radica en que esta historia que se pierde en las brumas del tiempo de los chamanes yaqui del norte de México, hace directa alusión al ‘SETI biológico.’ Es decir, al código genético numérico insertado en nuestro ADN, que encontró la ciencia en 2013.

El ego es, literalmente, otra mente que no nos pertenece, es el “Extranjero-Extraño”, el causante de todos nuestros males. Pero atención: no puede con la conciencia, no puede con el alma, no tiene el poder de cambiar nuestra esencia. Y es por allí que podemos salir de su dominio.

 

Notas

1. Francisco J. Rubia Vila es profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid. Cuenta con una amplia formación en neurofisiología alemana. Sobre las ilusiones del ego.

2. Carlos César Salvador Arana Castañeda (Cajamarca, Perú, 1925 — Los Ángeles, California, 1998), fue un antropólogo y escritor peruano nacionalizado estadounidense. En escasas ocasiones hablaba acerca de su obra o de sí mismo en público. Su obra ha sido objeto de mucha controversia.

3. Carlos Castaneda. El lado oculto del infinito, Ediciones B, S.A., Barcelona, 1999, página 279.

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