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El 17 de octubre, por más de cuatro horas, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador guardó silencio mientras se desarrollaba en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, una de las peores crisis de seguridad de los últimos años en México. Y no era para menos el silencio. En los hechos, ante una clara incapacidad para ya no digamos repeler, sino siquiera enfrentar la capacidad de fuego de los sicarios del cártel de Sinaloa, las autoridades claudicaron ante los criminales, en lo que será recordado como el día que el narco humilló al Estado mexicano. Y lo peor es que ya no sólo se trató de una guerra entre el narco y la autoridad, sino que hemos visto cómo el narco usó el terrorismo literal como herramienta para lograr su objetivo.

La batalla, que según fuentes duró al menos 11 horas, se desencadenó debido a la presunta detención de Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante convicto “Chapo” Guzmán Loera. La detención del hijo del capo provocó una situación de terror: Culiacán se convirtió en zona de guerra. Balaceras con armas largas del más alto calibre, vehículos incendiados, reos liberados de un reclusorio y sicarios armados hasta los dientes recorriendo las calles fueron la respuesta del crimen organizado, que por las bandas de radio amenazaban con ocasionar una matanza si no les entregaban a Ovidio Guzmán.

Y entonces sucedió lo increíble. Por la noche de este jueves, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, salió a leer un comunicado que en primera instancia sonaba a estar mal redactado por confuso, pero que después evidenció ser una aceptación tácita de la derrota del Estado ante los delincuentes: “con el propósito de salvaguardar el bien superior de la integridad y tranquilidad de la sociedad culiacanense, los funcionarios del gabinete de seguridad acordamos suspender dichas acciones”, leyó Durazo. La críptica declaración sería aclarada poco después: el Gobierno de México decidió liberar a Ovidio Guzmán López para detener la escalada de violencia a la que las fuerzas del orden del Estado fueron incapaces de siquiera hacer frente.

De manera vergonzosa, cobarde incluso, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se puso así de rodillas ante la delincuencia organizada a causa de una nula, torpe, fallida y demagógica estrategia de seguridad, cuyas consecuencias sientan un precedente terrible, ominoso, que pone en peligro la viabilidad del Estado mismo.

guardia nacional culiacan

Una fuente alternativa muy verosímil dijo que las autoridades “saben perfectamente cómo hacer cuando en verdad quieren agarrar a alguien, usan tácticas muy sorpresivas y están preparados para todos los escenarios y con muchos refuerzos, nada parecido a lo que hicieron. Eligieron el lugar justo cerca de donde ellos tienen todo su equipo, por eso sus refuerzos atendieron el llamado de inmediato y con mucha más eficacia que el gobierno.”

Por lo que si algo ha quedado claro es que el Estado Profundo mexicano (controlado por el Estado Profundo internacional compuesto por el Imperio Británico, el Vaticano y los linajes de la nobleza negra internacional) no sólo apoyó a los narcos, sino que también manufacturó la operación para crear focos de violencia, atemorizar y disgregar a la comunidad a través del terrorismo para dar así herramientas al Estado para aumentar el aparato coercitivo. Pues estructuralmente, los acontecimientos registrados cumplen con todas las características de la estrategia ancestral de conquista del imperio: “dividir para conquistar”.

 

Versión alternativa de los hechos

A continuación reproducimos una versión alternativa y muy verosímil de los hechos, citada y divulgada por una fuente confidencial del analista Alfredo Jalife-Rahme:

“A la 1:30 pm Ovidio Guzmán (hijo del Chapo Guzmán) estaba comiendo en una carreta de mariscos en la colonia Tierra Blanca junto a 8 de su equipo más su esposa. En dicha carreta había 5 familias más con varios niños. Llegó un equipo militar ‘disque especializado’ de unos 50 elementos vestidos de civil y cerraron las calles y lo acorralaron en dicho negocio pidiéndole se entregara sin poner resistencia. Cuentan los otros clientes que él gritaba, ‘¡no disparen, yo soy hombre no cobarde, hay familias y niños, no voy a poner resistencia!’ Entonces se entrega al equipo y se lo llevan resguardado hacia la fiscalía que se encuentra a unos 6 km de dicho establecimiento. En cuanto se lo llevan, se van detrás sus escoltas y pidiendo refuerzos a su gente. En pocos minutos se llena de gente de los Guzmán afuera de la fiscalía y tratan de negociar y se resguardan con el detenido en una sala blindada mientras también esperan los refuerzos militares, y ahí se desata una balacera afuera de la fiscalía que está situada en pleno desarrollo tres Ríos que es ahora casi el corazón de Culiacán pues está rodeado de plazas, restaurantes, negocios, escuelas, etc.

Al ver que no estaba resultando la liberación se van a una colonia donde viven puras familias de militares y amurallan el lugar con pura gente de Guzmán y ponen a todos los reos, familias con todo y niños alrededor de dos pipas de gasolina y comienzan a amenazar que si se llevan a Ovidio van a quemar a todos.

guerra en mexico

Se dan cuenta que vienen apoyos militares de varios lados por carretera y comienza la guerra. Piden refuerzos los Guzmán a toda su gente local y de las serranías cercanas y a la gente del Azul, del Mayo, los Limones, los Leones, los Avendaño, los Fernández, los Isidros, los Herrera, Payanes, Quinteros, y otros tantos más que tienen sus propios equipos armados y gente y comienzan a cerrar las entradas a Culiacán y las vialidades importantes de la ciudad quemando camiones, trailers y pipas, y todos los punteros que andan en motos comienzan a asaltar por toda la ciudad a los que andan en camionetas y los dejaban ir caminando.

En ese lapso de 4 horas hubo más de 30 enfrentamientos con soldados y estatales en diferentes puntos de la ciudad. Y el ejército ya difícilmente podría llegar a la fiscalía a llevarse a Ovidio pues todo el edificio de la fiscalía estaba acorazado con su gente.

Narco humilló al Estado mexicano

Como fue a las horas de pleno tráfico ciudadano, la sociedad estaba resguardada donde le tocó estar en el momento que se desataron las balaceras, y las líneas de teléfono saturadas pues todos en el lugar que les tocó estar andaban averiguando dónde estaban sus familiares y como todos coincidían en que cerca escuchaban balazos porque fue literal en casi toda la ciudad, pues hubo caos y psicosis total.

Total llegaron refuerzos aéreos y más de 15 helicópteros volaban por la ciudad disparando donde veían claramente que había convoys de sicarios en ciertos puntos, pero no tardaron mucho en irse pues tumbaron un helicóptero con un misil a la altura del poblado El Diez.

Fue ahí cuando decidieron liberar a Ovidio y como se lo llevaba su gente a resguardar a algún lugar seguro para ellos, de nuevo comenzaron balaceras por toda la ciudad ya nomás para distraer la dirección de hacia donde se lo llevaban, todavía a media noche se seguían escuchando balaceras en puntos diferentes de la ciudad. La balacera duró alrededor de 11 horas con dos momentos de intensidad, el primero cuando rodearon la fiscalía y cerraron puentes y entradas de toda la ciudad que fueron como 5 horas de balazos en la zona más transitada de Culiacán, y después cuando lo liberaron otras 6 horas de balaceras dispares para la distracción.

Todavía ahorita a las 7 am se siguieron escuchando esporádicamente balazos en diferentes zonas pero ya muy a lo largo. Sigue la ciudad casi desierta pues ya comenzó a salir un que otro carro y ya están sobrevolando por lo menos 2 helicópteros la ciudad.

Para la sociedad en general nos da la sensación que hubo nula inteligencia en la intención de atraparlo pues no estaban preparados ni para retirarlo de la ciudad a tiempo y con muchos más refuerzos listos. Un grave error que puso a toda la ciudad en riesgo total.

No estamos a favor del narco, de hecho hasta un tanto en contra pero creo que saben perfectamente como hacerle cuando en verdad quieren agarrar a alguien, usan tácticas muy sopresivas y están preparados para todos los escenarios y con muchos refuerzos, nada parecido a lo que hicieron. Y menos que lo quisieron hacer en el justo lugar donde ellos tienen cerca todo su equipo, por eso ellos atendieron el llamado inmediato de refuerzos y con mucha más eficacia que el gobierno.

Lo que se sabe es que hubo 3 civiles muertos por balas perdidas y 13 civiles heridos.
Más 7 solados muertos y 5 policías muertos y 13 agentes heridos. Y 4 sicarios muertos y heridos no se sabe pues todos se los llevaron. Obviamente aprovechando la fragilidad de las autoridades en el penal, con un tanque tumbaron un muro y se dieron a la fuga también 53 reos.”

 

El Cártel Zúñiga-Valero

Según el insider Ahuwah Zeus, la Casa de Zúñiga es una poderosa familia noble española que trabaja para la Casa de Borbón y la Casa de Habsburgo, que están casadas entre sí y todavía tienen una alianza. La familia reclama orígenes del rey Sancho VII de Navarra y varias antiguas líneas reales españolas. La Casa Imperial de Habsburgo gobernó sobre España por un período de tiempo. Los Zúñiga son parte del cártel de La Familia Michoacana en México, fundado por Carlos Mendoza. Miguel Sierra Zúñiga es un político mexicano radicado hoy en Querétaro no lejos de la región michoacana.

La familia Zúñiga se ha casado con el clan Mendoza, con Alonso Diego López de Zúñiga-Guzmán-Sotomayor y Mendoza. Es probable que tengan una participación parcial en el Cártel de Sinaloa, que recientemente fue encabezado por Joaquín «El Chapo» Guzmán. La población de Valera, Venezuela, lleva el nombre de un agente de su ducado español de Valero, y hoy Jorge Valera es un embajador venezolano en las Naciones Unidas. La familia Valera también gobernó en Perú y allí hay un distrito de Valera. Perú es un importante exportador de cocaína en el mundo y proporciona cocaína a los cárteles de la droga mexicanos, incluida La Familia Michoacana vinculada a los Zúñiga.

 

El Cartel Zúñiga – Valero

 

Fuente:

Aurelio Contreras Moreno / Libertad bajo palabra — El día que el narco humilló al Estado mexicano.

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