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El colapso económico global es inminente: ¡nuestra última oportunidad es una Nueva Paz de Westfalia!

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Por Helga Zepp-LaRouche

12 de marzo de 2022 (EIRNS) — El Presidente Vladimir Putin respondió al endurecimiento de las sanciones de parte de Occidente con una combinación de medidas sin precedentes en los tiempos modernos, para defender la economía rusa contra un intento de “destruir a Rusia, a Putin y al sistema ruso”. En una reunión con el Primer ministro Mishustin y otros con capacidad decisoria que puede considerarse un gabinete de guerra, Putin, Mishustin y el ministro de Finanzas Siluanov anunciaron medidas de nacionalización y controles de capital.

Ahora nos encontramos en aguas inexploradas –y dependiendo de cómo reaccione Occidente– en el comienzo de un proceso que acabará ya sea en un colapso total del sistema económico y financiero mundial, o incluso en una nueva guerra mundial, o se establecerá un nuevo paradigma en las relaciones internacionales. La publicación del nuevo llamado del Instituto Schiller en el que se convoca a una nueva conferencia en la tradición de la Paz de Westfalia no podía llegar en un momento más propicio. [https://es-schillerinstitute.nationbuilder.com/llamado_del_instituto_schiller]. Porque toda persona pensante debería ser consciente de que continuar con la espiral de agresión hacia Rusia, como la que ahora persiguen Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea (UE), implica riesgos que pueden salirse completamente de control en muy poco tiempo.

El error capital de la OTAN fue, y sigue siendo, suponer que puede continuar la expansión hacia el este y el cerco de Rusia de manera indefinida sin que ello produjera medidas en contrario. En la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007, Putin ya había sonado las alarmas que todo el que no fuese sordo debió haber oído, a saber, que un orden mundial unipolar no es aceptable para Rusia. Putin justificó las exigencias que planteó el 17 de diciembre a Estados Unidos y a la OTAN sobre garantías de seguridad jurídicamente vinculantes (luego de cinco olas de expansión de la OTAN hacia el este) con el hecho de que ya no tenía espacio hacia donde hacer la retirada. Ocho años de ataques militares a las repúblicas de Donetsk y Luhansk por parte de las fuerzas ucranianas, que mataron a 14.000 ucranianos de habla rusa, casi ni se mencionó en los medios informativos occidentales. Putin no recibió respuesta al núcleo de sus exigencias.

El equivalente económico de la guerra, las sanciones, son una forma de guerra con el objetivo declarado de destruir no solo a Putin, sino también a Rusia y al “sistema ruso”. El ministro de Finanzas de Francia, Le Maire, declaró su acuerdo con este objetivo con tal odio manifiesto que tuvo que ser refrenado por el Presidente Macron y tuvo que retirar su declaración. Declaraciones similares las habían hecho ya públicamente el 25 de enero y luego de nuevo a fines de febrero dos funcionarios de la Casa Blanca que no se identificaron por nombre. El objetivo de la política estadounidense es impedirle a Rusia cualquier diversificación económica fuera del petróleo y el gas, y negarle el acceso a las tecnologías avanzadas. La presidente de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, dijo lo mismo.

Los bancos centrales occidentales reaccionaron al comienzo de la guerra con la confiscación de más de $300.000 millones de dólares en activos rusos y con el anuncio de sanciones del mismo tipo que se utilizaron contra Irán, es decir, la aplicación extraterritorial también de las sanciones estadounidenses contra terceros países, así como la exclusión de Rusia del estatus de “nación más favorecida”. En el órgano nacional de la facción imperial estadounidense, el blog del Consejo Atlántico, los “expertos” Brian O’Toole y Daniel Fried, escribieron un artículo titulado “What’s Left To Sanction in Russia? Wallets, Stocks, and Foreign Investments” (¿Qué sanciones quedan para Rusia? Carteras, acciones e inversión extranjera) en el que se dan el gusto de especular en cómo se podría intensificar la guerra económica contra Rusia. Las sanciones estadounidenses y europeas han superado todas las expectativas; en solo dos semanas han hundido a la economía rusa en una depresión; el aislamiento significa un desastre para el pueblo ruso, pero todavía está pendiente una escalada mayor hasta llegar a un embargo financiero total y una total prohibición sobre todo tipo de transacciones, importaciones y exportaciones. Esta es la maniobra final de Occidente para aislar a Rusia de la economía mundial. [Ver https://www.atlanticcouncil.org/blogs/new-atlanticist/whats-left-to-sanction-in-russia-wallets-stocks-and-foreign-investments/].

¿Creen realmente los autores de esta política que todos los Estados no occidentales, entre ellos China, se someterán a este dictado del mismo modo en que, en su mayor parte, lo hizo Irán? La intención es evidente para crear suficiente caos económico en Rusia para impedir a Putin que continúe sus operaciones militares en Ucrania y avergonzar al pueblo ruso de tal modo hasta que gente del aparato de seguridad destituya a Putin, o que el “sistema ruso” quede destrozado, como dijo Le Maire.

Putin ha reaccionado ahora a esto desde el punto de vista de la economía, en consonancia con su pensamiento estratégico. En la reunión antes mencionada, Putin anunció un paquete de medidas para defender la economía rusa. De ahora en adelante, las empresas extranjeras que se retiren de Rusia sin ningún motivo comprensible serán tomadas por una “gerencia externa” (es decir, rusa) y se introducirán estrictos controles de cambios y de movimiento de capitales. Más aún, las deudas a otros países se pagarán en rublos (el cual se ha devaluado enormemente), y solo se podrán cambiar por los activos rusos que mantienen incautados los bancos centrales europeos. Las divisas extranjeras que generen las exportaciones se deberán poner a disposición del Banco de Rusia, su banco central. De igual modo, Putin promulgó una serie de medidas para defender la economía interna, tales como la moratoria de seis meses sobre todos los pagos de deuda en el sector agrícola para asegurar su producción sin interrupciones.

La portavoz del gobierno estadounidense, Jen Psaki, reaccionó sorprendida de que esas medidas nos habían regresado a “1917”, o sea, a la Revolución Rusa. En realidad, no obstante, Occidente, a través de su guerra económica, se las ha arreglado para derrotar a los representantes de la teoría económica liberal, que había tenido una influencia significativa desde el período de Yeltsin. Hay mucho que sugiere que la manía de las sanciones de Occidente resultará en un búmeran absoluto para el sistema financiero transatlántico –el cual ya se encuentra a punto de hacer implosión—y más bien ayudará a promover el surgimiento de un sistema financiero alternativo.

Serguéi Glazyev, un ex asesor presidencial, profesor de economía y miembro de la Academia de Ciencias Rusa, se mostró relativamente tranquilo ante el impacto de las sanciones. Se va a desarrollar un nuevo orden económico; luego del derrumbe del sistema soviético, ahora se lleva a cabo el colapso del sistema estadounidense; Occidente se está destruyendo a sí mismo con las sanciones que ha impuesto. Hay que deshacerse del dólar, porque una moneda con la que no se puede trabajar y que se puede congelar en cualquier momento, es peor que inútil. La situación no es fácil, pero los rusos no deben de entrar en pánico, porque Rusia no tiene límites para el crecimiento económico y con las políticas macroeconómicas correctas hoy en día, se puede lograr un crecimiento económico de cuando menos 10% anual empezando este año. Glazyev escribió un libro sobre las razones del éxito del modelo económico de China y desde hace tiempo ha sugerido que Rusia adopte su propia versión de ese modelo.

La idea de aislar completamente a Rusia y de este modo “destruir el sistema ruso” es más bien producto de las fantasías arrogantes de Occidente. Un número creciente de Estados se rehúsan a participar en la formación de un nuevo bloque y están más dispuestos a actuar como mediadores, como por ejemplo Pakistán, India, Turquía, Israel, Sudáfrica o Argentina, por mencionar solo algunos. Sin embargo, el corto plazo, las consecuencias de la guerra en Ucrania y de las sanciones a Rusia y a Bielorrusia, debido al alza del precio de la energía, los fertilizantes, los pesticidas, etc., tendrán efectos catastróficos en la agricultura y por ende en la hambruna mundial, que amenaza a unos 400 millones de personas este año.

Hay también el riesgo de que la confrontación entre por un lado Estados Unidos y la OTAN (con la Unión Europea como apéndice) y Rusia por el otro, pueda escalar hasta una guerra mayor, con la posibilidad de una guerra nuclear. Pero incluso si “solo” fuese un colapso financiero peor que el de 2008, el mundo se podría hundir en un caos que podría ser fatal para una gran parte de la humanidad.

Solo un abandono total de la confrontación geopolítica, y en su lugar, el establecimiento de una nueva arquitectura de seguridad internacional que tome en cuenta los intereses de todos los Estados de este planeta, puede finalmente superar este peligro. El llamado pertinente del Instituto Schiller, que propone una nueva conferencia en la tradición de la Paz de Westfalia, sirve para reunir a todas las fuerzas alrededor del mundo que están comprometidas con un nuevo paradigma en la política. Necesitamos urgentemente un nuevo modelo de relaciones entre las naciones de este mundo que permita afrontar los problemas existenciales de la humanidad juntos, como la superación del hambre en el mundo, la pandemia, la seguridad energética y de las materias primas mediante el desarrollo de nuevas tecnologías como la fusión nuclear y la ciencia espacial.

Lo mejor que pueden hacer ustedes, queridos ciudadanos y lectores de estas líneas, para recuperar la paz mundial y superar la crisis económica y financiera global, es firmar este llamado y ayudar a difundirlo lo más ampliamente posible entre tu círculo de conocidos, en los medios sociales y en todos los foros imaginables. En contra de lo que tratan de decirnos los medios noticiosos y los políticos convencionales, ni Rusia ni China son nuestros enemigos, sino que debemos adoptar el punto de vista de una sola humanidad si queremos sobrevivir a esta crisis.

 

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Para evitar una catástrofe, hay que sustituir la OTAN por una arquitectura de seguridad basada en el principio de Westfalia

 

Fuente:

Helga Zepp-LaRouche, en Executive Intelligence Review: El colapso económico global es inminente: ¡nuestra última oportunidad es una Nueva Paz de Westfalia!; editorial del 15 marzo 2022.

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