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Coronavirus: La conspiración médica. En un video cast reciente, el autor y especialista en contrainteligencia conceptual, Daniel Estulin, retoma el tema del coronavirus para desenmascarar la forma en que las autoridades nos están “tomando el pelo”, sobre todo con el tema del testing fuera de China. Según su análisis, la Organización Mundial de la Salud declaró una epidemia y después una pandemia basándose en dos o tres micro grafías de dos o tres pacientes, y no en 500, 1000 ó 2000, como lo haría un centro de investigación competente. Entonces, ¿por qué no hemos visto a ni un solo científico solicitar imágenes micro gráficas a los responsables de declarar la pandemia mundial de coronavirus? Sencillamente “porque las pruebas no existen”, afirma Estulin. En cambio, para los gobiernos globalistas, lo existencial para sobrevivir el inminente colapso de su sistema financiero es la imperativa de declarar estados de “emergencia” que funcionen como cortinas de humo, y como claves de un esquema para acceder a recursos económicos y de expansión de los poderes federales que ellos necesitan para imponer el esquema de vacunación global obligatoria, que es negocio de la industria farmacéutica y un componente estratégico de la agenda maltusiana de despoblación mundial.

 

por Daniel Estulin

Hoy quería retomar el tema del coronavirus y, sobre todo, desenmascarar la forma en que las autoridades nos están tomando el pelo, sobre todo con el tema del testing fuera de China.

La prueba más utilizada se llama PCR (Polymerase Chain Reaction, por sus siglas en inglés), es decir, Reacción en Cadena de la Polimerasa.

La polimerasa es una enzima capaz de transcribir o replicar ácidos nucleicos que resultan cruciales en la división celular ADN polimerasa y la transcripción de ADN ARN polimerasa. Debe hacerse con mucho cuidado porque la contaminación con microbios relevantes y material celular puede producir un resultado engañoso y absurdo.

El método actual busca el material genético ARN del virus en las células de un paciente. Para detectar la presencia de ARN en la muestra del paciente, los laboratorios realizan una prueba llamada Reacción en cadena de la polimerasa contra transcriptasa reversa. Es una variante de la PCR, una técnica de laboratorio comúnmente usada en biología molecular para generar una gran cantidad de copias de ADN del proceso llamado amplificación.

Repito, este método primero convierte cualquier ARN viral en ADN. Después, el ADN se replica millones de veces hasta que haya suficientes copias para detectar utilizando un equipo especializado llamado instrumento de PCR cuantitativa.

Se afirma que la PCR puede tomar un poquito de material en un paciente y ampliarlo muchas veces para que pueda identificarse para saber si el paciente está infectado de coronavirus.

Y no sólo eso. Los defensores de la prueba afirman que con bastante facilidad la PCR también puede determinar la cantidad de virus en el cuerpo del paciente. ¿Porque es de vital importancia? Porque incluso para comenzar a hablar de que el paciente está enfermo, debe tener millones y millones de coronavirus que se replican activamente en su cuerpo.

¿Pero sabéis que? No existen pruebas de que la exactitud de los tests haya sido comprobada. Los defensores del test de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) afirman que puede contar cuántos virus hay en el cuerpo de un paciente, o cuánto hay de algún virus cualquiera. Pero ¿dónde está la prueba en términos reales de que la PCR puede hacer esto? ¿Cómo se estableció esta prueba? Cuando digo “prueba” no me refiero a lenguaje técnico indescriptible. Estoy hablando de pacientes humanos reales y resultados comprobables.

Por ejemplo, si te falla tu coche vas a un mecánico, que enchufa en tu coche una máquina, detecta el fallo, lo arregla y tu coche funciona. Esto se llama resultado comprobado.

Después de todo, si la PCR se usa para diagnosticar personas y los resultados se usan para contar el número de casos de coronavirus en varios países, y si el número de casos forma la base para, por ejemplo, poner en cuarentena no solamente a toda Italia sino al mundo entero, la prueba es importante, diría yo. ¿O no?

Que alguien me enseña una prueba amplia de que la PCR se ha verificado correctamente, y de cuándo se introdujo por primera vez para demostrar que podía hacer lo que los investigadores dicen que puede hacer.

Hipotéticamente, pensemos en un investigador honesto, honrado y ético en el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos o de la Organización Mundial de la Salud, quien se entera de un posible brote en la ciudad de Wuhan. Entonces, se hace la prueba para saber si un nuevo virus es responsable al ser el agente causal.

¿Qué tipo de pruebas repetiría este hipotético investigador ético? Primero, le gustaría saber si los investigadores tienen una muestra biológica real de este nuevo virus. Y si la respuesta es que sí, él respondería: “Bueno, estamos enviando a alguien de nuestro personal en Wuhan para confirmarlo”. Pero ¿cómo funcionaría la confirmación?

No se puede simplemente colocar una muestra de un virus sobre una mesa y arrojar una luz sobre ella. Es demasiado pequeño para verlo. Hay un método tradicional de observación que se llama micro grafía, y es la imagen obtenida de objetos no visibles a simple vista mediante la ayuda de instrumentos ópticos o electrónicos como microscopios.

Existen ciertos procedimientos establecidos para obtener una micro grafía de la muestra del tejido de un paciente. Entonces el hipotético científico del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades desearía asegurarse de que los científicos chinos han llevado a cabo este proceso correctamente.

Él diría: “Echamos un vistazo a la micro grafía china y confirmamos que hay muchas partículas idénticas del nuevo virus en la micro grafía”. Así, podemos imaginarnos que lo confirma. Hasta aquí todo bien.

Pero, ¿cuando se realiza un ensayo clínico de un nuevo medicamento se realiza en un solo paciente? Y ¿el resultado de administrar el medicamento a un solo paciente y después extrapolarlo significa que todos los pacientes reaccionarán como esta persona?

Por supuesto que no, esto sería absurdo. Se trata de un ensayo clínico. Los investigadores tratan con un gran cantidad de voluntarios, miles de voluntarios. Así que en el caso de un nuevo coronavirus en China, el hipotético científico del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. diría a sus homólogos chinos: “Quiero ver fotografías de microscopio electrónico derivadas de 500 ó 1000 ó 2000 pacientes que han sido diagnosticados provisionalmente con la nueva enfermedad”.

Pregunto: ¿Dónde están estas fotografías? ¿Alguien las ha visto? No. ¿Por qué? Porque nadie ha llevado a cabo el procedimiento micro gráfico en 500 mil, dos mil o más pacientes. Se llevó a cabo en 1, 2, quizás 3. Es decir, la Organización Mundial de la Salud está declarando una nueva epidemia basándose en dos o tres micro grafías de dos o tres pacientes.

¿Por qué no hemos visto a ni un científico solicitar imágenes micro gráficas a los responsables de declarar la pandemia mundial de coronavirus? Porque las pruebas no existen.

#¿Por qué los investigadores sólo realizaron el procedimiento micro gráfico en dos o tres pacientes?

Por todo esto, considero el siguiente escenario como la probable explicación de por qué los investigadores sólo realizaron el procedimiento micro gráfico en dos o tres pacientes.

Si alguien realizara el trabajo de microscopio electrónico en 500, 1000 ó 2000 pacientes diagnosticados con la nueva enfermedad, encontraría alguna indicación de coronavirus en quizás solo uno por cien de las micro grafías de los pacientes.

En ese momento, en Wuhan se encogerían de hombros y dirían “bueno, esto no funcionó. Qué fracaso. Nuestra hipótesis de una nueva enfermedad basada en un nuevo coronavirus planetario se esfumó”.

Deberíamos haber podido ver gran parte del virus en las fotos de 500, 1000 ó 2000 pacientes. O al menos, el abrumador porcentaje de los 500. ¿Y si lo vimos? ¡No! ¿Y ahora qué?

Vayamos por partes.

Pregunta 1. ¿Cuál es el signo principal de la nueva enfermedad?

Neumonía. ¿Sabían que alrededor de 300 mil personas en China mueren de neumonía cada año? Qué tal si miramos algunos estudios sobre la calidad de aire en Wuhan. ¿Alguien tiene un reflector para que podamos ver la calle a través de la niebla y de la contaminación?

Retrocedamos un poco en el tiempo, al año 2009, cuando aquella “pandemia” de la gripe porcina del fin del mundo. En el verano del año 2009, mientras los expertos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades afirmaban que había cientos de miles de casos en Estados Unidos, la famosa periodista e investigadora de la CBS, Sharyl Attkisson, ganadora de cinco premios Emmy, descubrió que el Centro para el Control de la Prevención de Enfermedades había dejado de contar los casos en secreto. ¿Por qué? Porque un abrumador porcentaje de muestras tomadas de los pacientes más probables de gripe porcina enviados a los laboratorios regresaban con ningún signo de gripe porcina o cualquier otro tipo de gripe.

Aproximadamente un mes después de que la CBS obligó a Attkisson a cerrar la investigación, los del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades estimaron que había 22 millones de casos de gripe porcina en Estados Unidos.

Lo mismo podríamos decir de otras “enfermedades del fin del mundo”. El SARS, del año 2003, registró 800 muertos. El ébola, de 2014 y 2016, registró 11 mil muertos. MERS, de 2012 y 2020, registró 866 muertos.

La obligación de demostrar que la prueba es confiable recae en las personas que la usan, informan los números de casos basados en ella y cambian la sociedad como resultado de ella.

Deberían de haber realizado los experimentos necesarios desde hace décadas. ¿Lo han hecho? No. Nos están tomando el pelo a todos. Aunque son canallas, lo que sí saben hacer bien es jugar el juego.

Por ejemplo, supongamos que soy alcalde de una región ficticia en Estados Unidos. Si bien sólo hay unos pocos casos conocidos de COVID-19 en la región, la declaración de “emergencia” les ayuda a acceder a fondos estatales y federales para fortalecer el apoyo y apoyar los esfuerzos para preparar la región y prevenir la propagación de esta supuesta enfermedad.

Así que si yo fuera el alcalde, habría tenido que redactar mi declaración de esa manera y arrastrarme por los escalones del edificio de la Tesorería de los Estados Unidos para implorar a los federales que me ayudan económicamente a salvar a la gente de mi región. Entiendo el juego, sigo la farsa. Finjo que estamos en medio de una gran crisis. Sigo todas las pautas de los centros y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades o la Organización Mundial de la Salud. Pronuncio la palabra mágica “emergencia” y la buena fortuna me sigue.

Sin en vez de jugar a favor de la mentira, juego a favor de la verdad y abandono el consenso artificial, pierdo el jugoso botín de miles de millones de dólares en ayudas federales y seguramente las próximas elecciones por ser tachado de “inconsciente”.

Sopesando estas dos opciones, solo un imbécil reverente rechazaría los obsequios federales. Estoy seguro de que los gobiernos locales, a lo largo y ancho del mundo, están salvando y firmando en la agenda oficial.

Quiero que entendáis que una “emergencia de coronavirus”, es solo otro esquema para expandir los poderes federales claves para el esquema de vacunación global.

Todo lo que uno tiene que hacer es buscar un producto de vacuna en Internet. Busque el paquete para la vacuna contra la polio, la difteria, el tétanos o la tosferina. Como mínimo hay 50 condiciones médicas de efectos adversos diferentes que generalmente incluyen la muerte y que se enumeran en el prospecto del producto.

Entonces la propaganda continúa con su cantaleta de que “las vacunas son seguras y efectivas, las vacunas son seguras y efectivas, etc.” Pero cuando se busca evidencia de esto, simplemente resulta que no es verdad.

Para terminar, como he dicho muchas veces: Jamás encontraremos las respuestas correctas si no somos capaces de formular las preguntas adecuadas.

Guerra del COVID-19, un fiasco en ciernes. Políticos toman medidas drásticas sin datos confiables

Fuente:

Daniel Estulin / Ángel Metropolitano — Coronavirus, la conspiración médica.

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