De un día para otro, tras la publicación del informe Mueller, se ha derrumbado el inestable consenso de RussiaGate creado por los medios corporativos. Lo que sostiene la investigación de Mueller es que no hay pruebas de que el Kremlin haya interferido en las elecciones presidenciales de 2016. La desaparición de la narrativa del RussiaGate, sin embargo, no significa que la administración Trump haya renovado sus relaciones con el Kremlin. Sin Russiagate, Rusia todavía sigue siendo presentada como una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. En este sentido, el objetivo de los neoconservadores se ha logrado. Y ahora la administración de Trump, con su equipo de asesores hawk, incluidos Pompeo y Bolton, por no mencionar a Gina Haspel en la CIA, está reciclando la farsa de la amenaza rusa, dirigiéndola hacia otros objetivos para justificar y sostener los contratos multimillonarios a favor del complejo industrial militar, incluido el programa de armas nucleares de 1,2 billones de dólares. Asimismo, el Russiagate le ha servido a la oligarquía internacional para justificar la cacería de brujas emprendida contra los medios de comunicación independientes, etiquetándolos como “noticias falsas” por exponer la “teoría de la conspiración del russiagate” que ya ha sido confirmada. El objetivo era utilizar la narrativa del RussiaGate (que se había convertido en un consenso público ampliamente aceptado), como un medio para suprimir el análisis crítico de las políticas económicas neoliberales, las guerras lideradas por los Estados Unidos y la OTAN, etc. Los medios de comunicación que fuimos censurados, reducidos y removidos por decir la verdad, no hemos sido reestablecidos ni exonerados como Donald Trump. Con Kushner, Bolton y Pompeo, controlando la política exterior de Trump, se contemplan escenarios inminentes de guerra con Rusia y China. La guerra nuclear sigue en el tablero de dibujo del Pentágono, aunque la narrativa de RussiaGate contra Trump ya no sea necesaria.

 

La cacería de brujas contra las ‘noticias falsas’ de los medios independientes

RussiaGate no solo fue una conspiración contra Trump, en gran parte en respuesta a su compromiso en la campaña electoral de 2016 para restablecer y normalizar las relaciones diplomáticas con Rusia, sino que también sirvió como cacería de brujas dirigida contra los medios de comunicación independientes, que fueron etiquetados como “troles rusos”, “robots rusos”, “agentes políticos que actúan en nombre del gobierno ruso”, etc.

Sin tener un ápice de evidencia, los medios de comunicación occidentales acusaron a Moscú a coro por entrometerse en las elecciones. En contraste, las mentiras y las falsificaciones, así como la criminalidad subyacente en la campaña electoral de los demócratas en 2016, fueron expuestas en informes de medios independientes que fueron inmediatamente calificados como “noticias falsas” al servicio del Kremlin.

Mientras que el Washington Post difundía rumores sobre la presunta intervención electoral de Rusia, también participó en la ingeniería de la Lista Negra de los medios independientes que cuestionaban el consenso de Rusia.

En un artículo “autoritario” del Washington Post (publicado 6 días después de las elecciones de noviembre de 2016), el reportero Craig Timberg revisó un sitio web anónimo llamado “PropOrNot”, que incluyó en la lista negra junto con varios cientos de fuentes de noticias independientes en línea, insinuando que estos sitios web y sus cuentas de redes sociales eran parte de una red de propaganda del Kremlin. Timberg no tenía pruebas para apoyar sus acusaciones y su objetivo era desencadenar la represión contra los medios independientes en línea:

“Dos equipos de investigadores independientes descubrieron que los rusos explotaron plataformas tecnológicas de fabricación estadounidense para atacar la democracia de los Estados Unidos en un momento particularmente vulnerable, mientras un candidato insurgente aprovechaba una amplia gama de reclamos para reclamar la Casa Blanca. La sofisticación de las tácticas rusas puede sortear los esfuerzos de Facebook y Google para acabar con las ‘noticias falsas’, como se han comprometido a hacer después de quejas generalizadas sobre el problema.” (Washington Post, 14 de noviembre de 2016)

El Washington Post es un nido de noticias falsas. Y su informe sirvió de respaldo a la campaña de Blacklisting. En base a la narrativa del RussiaGate, se lanzó una campaña de desprestigio y Facebook y Google etiquetaron varios cientos de sitios de medios en línea como “noticias falsas.”

El Consejo Atlántico con sede en Washington y el Centro de Excelencia de la OTAN (COE), un supuesto “Centro de Investigación” con sede en Letonia han publicado varios “informes autorizados” que identifican a los medios de comunicación independientes en línea “con enlaces” al Kremlin.

El objetivo era utilizar la narrativa RussiaGate (que se había convertido en un consenso público ampliamente aceptado), como un medio para suprimir el análisis crítico de las políticas económicas neoliberales, las guerras lideradas por los Estados Unidos y la OTAN, etc.

 

¿Qué pasará ahora?

Si bien el informe de Mueller confirma que los medios corporativos difundían “noticias falsas” en apoyo de RussiaGate, es altamente improbable que los medios de comunicación tradicionales se dejen llevar por un mea culpa. Además, también es poco probable que se elimine el “shadow banning” y la censura impuestos contra los medios de comunicación independientes en redes sociales y motores de búsqueda.

Lo significativo es que el público en general ahora está plenamente consciente de que los medios de comunicación les han engañado y mentido desde el comienzo mismo de la saga del RussiaGate.

 

Política Exterior de los Estados Unidos

Por otro lado, el informe de Mueller no restaura la cordura en la política exterior de los Estados Unidos, sino todo lo contrario. Lo que confirma es que no hay evidencia del apoyo ruso a la candidatura de Trump en las elecciones presidenciales de 2016. Sin embargo, el objetivo inicial de normalizar las relaciones diplomáticas con Rusia ha sido eliminado en gran medida durante el gobierno de Donald Trump.

Con Bolton y Pompeo, los neoconservadores controlan la política exterior de Trump y se contemplan escenarios inminentes de guerra con Rusia y China. La guerra nuclear sigue en el tablero de dibujo del Pentágono, aunque la narrativa de RussiaGate contra Trump ya no sea necesaria.

 

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Fuente:

Global Research — “The Russians are Still Coming” “Without RussiaGate”: The “Fake News” Witch-hunt against the Independent Media.

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