Decir que nuestros corazones laten al unísono en sintonía con ráfagas de energía que ondulan en el universo podría parecerle poco menos que una ingenua lucubración poética a muchos de esos científicos que viven anclados al obsoleto paradigma materialista. Pero durante la Primera Guerra Mundial, el famoso astrónomo Alexander Chizhevsky ya había notado que las batallas tendían a ser más intensas en los momentos en que brotaba el sol y que los principales eventos y comportamientos humanos se ajustaban misteriosamente a los ciclos solares. Estas observaciones llevaron a Chizhevsky a formular la hipótesis de que “existen fuerzas solares desconocidas que afectan la salud y el comportamiento humano, generando un vínculo provocativo entre los eventos que ocurren en nuestro sistema solar y la vida en la Tierra.” Y su hipótesis no podía haber sido más poética y científicamente acertiva, pues en una investigación publicada el 2 de febrero de 2018 en la revista Scientific Reports, científicos de universidades e institutos de Arabia Saudita, EE.UU. y Lituania descubrieron que la variabilidad de la frecuencia cardíaca está significativamente correlacionada con las variaciones en tres variables clave: rayos cósmicos, actividad solar y resonancia Schumann. Según la investigación esta correlación sugiere que la fisiología humana reacciona favorablemente a estas fuerzas, apoyando la hipótesis de Chizhevsky de que los factores ambientales pueden actuar como fuentes de energía que afectan la salud, el estado de ánimo y el comportamiento. Por si eso fuera poco, el trabajo también plantea la intrigante sugerencia de que algunos aspectos de estas energías podrían conectar inconscientemente a los seres humanos de todo el mundo. Sí, como el «potencial cuántico» que conecta todo con todo descrito por David Bohm, lo que Brian Green llamó “el tejido del universo” o John Hagelin “campo de supercuerdas”, es decir, el mismo “campo unificado” que buscó Einstein hasta su muerte y que proviene de más allá del espacio-tiempo, de la misma Totalidad, el Gran Observador o la Conciencia Absoluta como es denominado en la cosmovisión Vida Coherente desarrollada por Carlos Delfino. La idea de que todo en el universo está conectado entre sí es muy antigua, y muchas culturas ancestrales lo sabían muy bien. Por eso es que ese conocimiento fue prohibido y oculto por las élites que nos explotan a través del paradigma de la materia. Pues a ellas no les conviene que la humanidad vuelva a descubrir que la magia y la poesía son reales y que explican el universo de una forma más coherente y humana que cualquier teoría arcóntica formulada desde el paradigma de la materia.

 

 

Variabilidad del ritmo cardíaco a cambios solares y geomagnéticos

En una investigación titulada “Estudio a largo plazo de las respuestas de la variabilidad del ritmo cardíaco a cambios en el entorno solar y geomagnético”, los científicos Abdullah Alabdulgader, Rollin McCraty, Michael Atkinson, York Dobyns, Alfonsas Vainoras, Minvydas Ragulskis y Viktor Stolc, obtuvieron resultados que respaldan la hipótesis de que los fenómenos ambientales energéticos afectan los procesos psicofísicos que pueden afectar a las personas de diferentes maneras dependiendo de su sensibilidad, estado de salud y capacidad de autorregulación.

En nuestra vida cotidiana, generalmente somos conscientes de las fuerzas generadas por la actividad solar o el campo magnético de la Tierra.

Si bien estos cambios planetarios han sido documentados, la forma en que afectan a los seres humanos es menos clara.

Para responder a esta pregunta, investigadores han recurrido al sistema nervioso autónomo, el sistema de control subconsciente que regula funciones corporales, como la respiración y la digestión.

El hallazgo sugiere que nuestro sistema nervioso está en sintonía con las fluctuaciones energéticas que ondulan a través de nuestro sistema solar.

 

El astrónomo Alexander Chizhevsky

El trabajo se basa en las observaciones hechas por el famoso astrónomo Alexander Chizhevsky durante la Primera Guerra Mundial.

Él notó que las batallas se intensificaban durante los picos de los períodos de brote solar, y que los principales eventos y comportamientos humanos se ajustaban a los ciclos del sol, lo que le llevó a formular la siguiente hipótesis:

“Hay algunas fuerzas solares desconocidas que afectan la salud y el comportamiento humano, generando un vínculo provocativo entre los eventos que ocurren en nuestro sistema solar y la vida en la Tierra.”

Para probar científicamente esta hipótesis, un equipo de investigadores analizó cómo el sistema nervioso humano responde a cambios en la radiación solar y cósmica, así como en el campo magnético de la Tierra.

Lo lograron centrándose en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un indicador de la función del sistema nervioso autónomo.

Esta variabilidad se rastreó en dieciséis mujeres que fueron monitores de frecuencia cardíaca durante setenta y dos horas semanales, durante cinco meses.

Los datos obtenidos fueron comparados con los cambios registrados en los rayos cósmicos, así como la actividad geomagnética y solar que se produjeron durante el mismo período.

 

Rayos cósmicos, actividad solar y resonancia Shumann

El equipo descubrió que la variabilidad de la frecuencia cardíaca estaba significativamente correlacionada con las variaciones en tres variables clave: rayos cósmicos, actividad solar y resonancia schumann.

Sorprendentemente, la variabilidad de la frecuencia cardíaca de los participantes aumentó en respuesta a los aumentos en estas variables, y la respuesta fue bastante rápida.

Estas correlaciones positivas sugieren que la fisiología humana reacciona favorablemente a estas fuerzas, apoyando la hipótesis de Chizhevsky de que los factores ambientales pueden actuar como fuentes de energía que afectan la salud, el estado de ánimo y el comportamiento.

Normalmente interpretamos el aumento de la frecuencia cardíaca como una respuesta biológica al estrés, pero en este caso se verificó que el corazón late más rápido cuando aumenta la intensidad del viento solar.

Aunque la ciencia convencional actualmente no reconoce la importancia de estas relaciones, el hallazgo sugiere que la energía solar cósmica no solo cambia el campo magnético de la Tierra, sino que también afecta la fisiología humana.

El trabajo también plantea la sugerencia intrigante de que algunos aspectos de estas energías podrían conectar inconscientemente a los seres humanos de todo el mundo.

 

Fuente:

1. Hearth Math / Nature Scientific Reports — Long-Term Study of Heart Rate Variability Responses to Changes in the Solar and Geomagnetic Environment.