La ciencia cuántica ha encontrado evidencia de la existencia de una forma de energía que conecta todo en el universo, como sabían las culturas ancestrales y el ser humano original antes de la siniestra intervención prehistórica de la raza humana. Hoy sabemos que existe una red que conecta toda la materia y la cual podemos influenciar y cambiar a través de nuestra vibración. ¿Cómo podemos aprovecharla para mejorar nuestras vidas?

Según el catedrático Carlos Delfino:

“el origen de todos los males es el desorden energético, el origen del desorden energético son las emociones negativas, el origen de las emociones negativas es el miedo, y el origen del miedo es el ego, que es una simulación ilusoria del cerebro, y que es resultado de la programación negativa que fue resultado una intervención prehistórica que sufrió la especie humana.” (Fuente: Miedo, 2017).

Desde que la humanidad sufrió ese ataque negativo a su ADN, ha vivido sumergido —individual y colectivamente como especie— en el miedo y el egoísmo. Por eso es que hemos llegado a los límites en que nos encontramos actualmente no sólo auto-destruyéndonos como civilización y como individuos, sino destruyendo también nuestro entorno y a otras especies que cohabitan nuestro planeta.

El primer paso para superar esta infestación de negatividad es manifestar nuestra conciencia verdadera, es decir la que teníamos antes de la intervención, que es la misma conciencia que nos liga a todo en el universo. ¿Qué es pues la conciencia y cómo la podemos manifestar?

 

Explicación cuántica de la manifestación de la conciencia

La conciencia —dice Carlos Delfino— es lo que manifestó todas las realidades, que no tienen existencia propia, sino cuántica. Específicamente, la conciencia es lo que manifiesta nuestra propia realidad, que es exclusivamente nuestra y que es real porque la observamos y por lo tanto la creamos, como las partículas en el experimento de la doble rendija:

“El experimento al cual me refiero se conoce como el experimento de la doble rendija, de 1909. El misterio que hay en torno a este experimento se debe a que el resultado del mismo depende de si alguien lo está mirando o no.” (Fuente: Gregg Braden, Physics of our deepest connections, 2017).

 

Vivir sin miedo

En nuestra conciencia, no puede entrar nada que no dejemos entrar, así que el miedo no debe estar ahí. La solución al miedo y a cualquier otro desorden energético, es vivir en la conciencia. La conciencia es lo único que existe en sí mismo, es el ser necesario —asegura Carlos Delfino.

“Este mismo año se ratificó, gracias a un Físico japonés, la existencia de la conciencia que se asienta en los microtúbulos del citoesqueleto neuronal del cerebro y de todo el cuerpo, en estado cuántico, no-local, ya que es fractal de la conciencia absoluta [la Fuente] —hace 26 años que esto fue postulado por Stuart Hameroff y Roger Penrose.” (Fuente: Miedo, 2017).

De este modo, hoy sabemos que la conciencia existe, está en todas partes, y cuestionarla a estas alturas es un síntoma claro de desinformación. La conciencia no sólo existe, sino que los propios seres humanos son fractales de la conciencia absoluta, es decir:

“…una parte, que sin importar el tamaño, mantiene el mismo diseño y proporción que el original; además de sus características esenciales: libre albedrío, capacidad de manifestar, conexión con todo, eternidad, conciencia, racionalidad, sensibilidad, coherencia, etc.” (Fuente: La manifestación por intención coherente, 2016).

 

La manifestación cuántica por intención coherente

Para afectar directamente el ADN humano y el mundo físico con emociones humanas positivas, la gente tiene que aprender a manifestar su conciencia por medio de la intuición coherente. Esa es la forma de lograr la manifestación cuántica de la que habla Carlos Delfino en su método de manifestación cuántica a través de la intención coherente. Los fundamentos de su método son expuestos en el siguiente video, y los ejercicios de manifestación pueden seguirse también en el Vida Coherente de YouTube, y los Talleres de Vida Coherente.

 

 

 

Fuente:

Carlos Deligno en Vida Coherente.